Ivan Pozzoni
La transformación del riot en cancioncilla o jingle reproduce, con una ironía desacralizadora y desenfadada, la seductividad de los lenguajes técnicos de la estética consumista de los líricos/elegíacos, evocando incluso canciones de Jalisse (r(i)tta por el rigor mortis), al extremar su atractivo orientado a la venta —ya sea business o marketing art— hasta provocar la implosión del lenguaje lírico en lenguaje ordinario. Somos como Lichtenstein: sustituir el pop por el pop art y reemplazar Suiza, tradicional guardián del secreto bancario, por el evasor fiscal del arte italiano. De este modo, mediante la revuelta (riot), el lector (fake) percibirá que los líricos/elegíacos de Mondadori y de los suplementos de los diarios —ejemplos máximos de escritura anti/cultural despreciable, como Repubblica, Stampa, Avvenire o Messaggero, así como los democristianos y cooptativos— no transmiten nada significativo, fluyendo masivamente hacia el tardomodernismo. Allí, el lector se verá obligado a construir una nueva cartografía socio-etno-antropológica, sin la protección de los conceptos de «canon» o «tradición». El hijacking ha sido definido por Douglas B. Holt, de manera modernista, como «[…]volver las expresiones del sistema capitalista y de su cultura mediática contra sí mismas[…]» (Douglas B. Holt, Cultural Strategy Using Innovative Ideologies to Build Breakthrough Brands, Oxford University Press, 2010, p. 252). Nuestra tarea consiste en extremar y dirigir, como una granada de mano, la seductividad del modernismo, provocando su implosión o explosión. La praxeología del hijacking, originada en la blague situacionista y, a través de las acciones punk, extendida al culture jamming (acompañado de la guerrilla communication) de finales del siglo XX, encuentra su herencia en las neo-vanguardias millennials y en su hijacking anti-consumista. El tardomodernismo desplaza la estrategia: actúa sobre la contra-estrategia de la estructura consumista de la recuperación (mediante el labelling approach de lo informe) y se proyecta, con un contraataque de behavioral change, a través del “dédoublement de Man” del artista y del остранение shklovskiano del lector (fake), desde el mero ataque a la marca hacia todo el lenguaje técnico del marketing estético, fomentando «shock, shame, fear, and anger» (Erika Summers-Effler, The Micro Potential for Social Change: Emotion, Consciousness, and Social Movement Formation, Sociological Theory, 20/1, 2002, 41–60). El boicot y sabotaje artístico se complementan con retaliatory actions (consecuencias legales), siguiendo modelos de movimientos anacrónicos como Monochrom o CrimethInc. Mark Dery remonta los orígenes del culture jamming al carnaval medieval, interpretado por Mijaíl Bajtín, en Rabelais, como una subversión oficialmente sancionada de la estructura social. Por ello, el tardomodernismo considera centrales en su praxis: hijacking, dédoublement, остранение, carnavalesco, humorismo e ironía luciniana. El riesgo reside en la creación de una nueva ontología estética tardomoderna “experimental”, radicalmente alejada de la politología y la sociología del arte, así como del militante movimiento del Kolektivne NSEAE.