El Parque Tunari se incendia de nuevo. Nunca olvidaré a mi padre diciendo, cincuenta años atrás, que el “indio” era enemigo del árbol. Y de ese origen, del que venimos todos, en más y en menos, ese odio se hizo extensivo a gran parte de la población, a campesinos (en su nueva definición), señoritos, damas de alcurnia y cocineras. ¿Será Bolivia la próxima Isla de Pascua? El canibalismo político se convertirá en canibalismo a secas en el desierto.
El New York Times publica un artículo de opinión sobre la fogata del nuevo Nerón en Bolivia. Dice, claramente, que las políticas agrarias de míster Morales, el yanqui-llockalla, son iguales a las de Jair Bolsonaro. Habla, sin utilizar esta palabra, de la conjura del caudillo con la agroindustria cruceña. A devastar la naturaleza para enriquecerse. El jefazo ya es rico, mucho más rico que Trump ¿qué más quiere? Legado no dejará, uno positivo. Al final será olvidado como su sosías venezolano, esa escoria que se llamaba Hugo Chávez, un monigote torpe y vil, como este.
Dice el texto de Manuela Lavinas Picq, en inglés, de casi diez millones de acres (cinco millones de hectáreas) quemados por la desidia y la mala fe del presidente. Un acto de terrorismo que afecta a la humanidad entera. Basta eso, creo yo, para encarcelar a este tipo por 30 años al menos en cualquier corte internacional. Los voluntarios extranjeros comentan que mientras ellos apagan el fuego, los “hermanos” masistas lo renuevan en otro lado. La ejecución inmediata debiera ser regla al encontrarlos con las manos en la masa. Acto de fe con la misma gasolina que utilizan. Ni juicio cabe ya siendo que vivimos en tiempos los reyes de la coca-cocaína, príncipes del porno cocalero y eunucos de sultanes mayores.
Un multipremiado escritor boliviano me comenta hace unos instantes que salió a pasear en bicicleta por Cochabamba y que casi se asfixia. El humo de los incendios del Tunari invadió la ciudad. Quizá, si queman todo, los narcofolkloristas que sabemos construirán foros mussolinianos, hitlerianos, sobre las brasas, loando al caudillo y su peinado permanente, el corte libro, partido en dos, y las inexpugnables cerdas.
Leen mis textos y se quejan de demasiada violencia. ¿Y qué es lo que se ejerce sobre nosotros? No está en mí aceptar el chicote del supuesto amo sobre mi espalda. Hay que defenderse, quitarle el chicote, y apalearlo hasta que no pueda más. Luego tirarlo en la cloaca a la espera de decisiones y colgarlo. ¿O hay otra salida? La broma pesada de las elecciones no llevará a nada. El amo y su hetaira blanca van a hacer lo que les dé la gana. Ya se aseguraron miles de millones en cuentas de islas remotas, a semejanza de la prostituta Kirchner. No se los puede dejar escapar. Ni los masacradores turcos del pueblo armenio se libraron del castigo. Los siguieron hasta sus refugios y los terminaron.
Estamos en manos de ecocidas, genocidas y otros menesteres traficantes. Criminales internacionales. No se lez puede permitir más. La estupidez gringa hará poco. La justicia está en las propias manos. Ellos mismos lo dictaminaron como ley: justicia comunitaria. Justicia popular. Que es cuestión de tiempo, sí, pero el tiempo para una vida es breve y si se aguarda morirán de viejos. Hay que hacer responsable también a su entorno, a instituciones, a grupos privilegiados. Bolivia necesita seguir los pasos iniciales de la revolución irania, donde se descabezó de manera brutal el antiguo régimen. Sin distinción de género ni raza. La ira de Dios, aunque Lope de Aguirre no esté, el gran rebelde.