de/di Santos Domínguez Ramos
(trad. Marcela Filippi)

Bajo el párpado lento de un reptil amarillo
progresaba la noche
desde un lugar opaco hacia un abismo oscuro.

Y el ojo silencioso de la dura serpiente,
el íntimo aguijón de un escorpión de sombra
eran signos confusos que nadie descifraba,
esponjas con vinagre y paños de agonía.

Una luz vegetal destilaba el silencio
tendido de la tarde
y el leve resplandor de un cristal sin memoria
hervía sobre montes de hielo indiferente.

La angustia indivisible temblaba en el crepúsculo
y el recuerdo se hería de bosques de ceniza.

Pero amanece el fuego
y arde bajo las piedras secretas de la noche
el canto de los pájaros,
el insistente abril que afinan sus gargantas.

Sotto la palpebra lenta di un rettile giallo
avanzava la notte
da un luogo opaco verso un abisso oscuro.

E l’occhio silenzioso del duro serpente,
l’intimo pungiglione di uno scorpione di ombra
erano segni confusi che nessuno decifrava,
spugne con aceto e panni d’agonia.

Una luce vegetale distillava il silenzio
adagiato della sera
e il lieve bagliore di un cristallo senza memoria
bolliva sui monti di ghiaccio indifferente.

L’angoscia indivisibile tremava nel crepuscolo
e il ricordo si feriva di boschi di cenere.

Ma il fuoco sorge
e arde sotto le pietre segrete della notte
il canto degli uccelli,
l’insistente aprile che le loro gole affinano.

                         (de Regulación del sueño. Premio Poesía Flor de Jara. Diputación de Cáceres 2020)