Pablo Cingolani
Luces titilan a lo lejos; la montaña, infinita
Se ensancha aún más; allá, a la distancia
En el abismo sideral que atesora todo valle
Palpitan los corazones, las gentes van y vienen
Aquí, en medio de un silencio que ensordece, ladra un perro
Atrás quedó la lluvia y el rugido del río
Que signa y desafía a la comarca de los cactus:
Su voz es lo que siempre dicta que existimos
No hay más que estrellas y una difusa línea
Que separa el cielo del altiplano; secretos
Son los mensajes que, aquí, la noche procura
O sueños que es preciso vivir con los ojos abiertos
Bebo vino añejo y lo escribo mientras mi mirada
Se pierde en esa inmensidad insondable, rauda, feroz
Siento algo que me conmueve: es la ternura del mundo
Me digo. Su soledad poética. Y su encanto.