“Ningunistas” e indecisos: mensaje imperativo

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Bolivia no es el único país en sudamérica donde el sufragio es obligatorio. Argentina, Brasil, Ecuador, Paraguay y Perú comparten esta medida con matices, en algunos el voto es opcional para electores adulto mayores. En Bolivia, conocemos las sanciones y las incomodidades burocráticas que conlleva el no acudir a las urnas. Ello explica la convocatoria a votar nulo o blanco que emerge de sectores escépticos y agazapados al fallido reclamo  para que Evo renuncie a su ilegal postulación. Curiosamente, si bien están en la libertad de hacerlo, esos votos no se contabilizaran como válidos, favoreciendo  a Evo. ¡Vaya paradoja!  Esta consigna confunde a los indecisos. 

El  abultado porcentaje de indecisos y ningunistas (nulo/blanco) que se reporta a menos de  cuatro semanas, sorprende. Un 26  por ciento de los electores a nivel nacional estarían en estas  categorías ( 11%  de ningunistas y 15 % de indecisos según Mercados y Muestras) .  A estas alturas de la contienda solo hay una certeza: el 20 de octubre el sufragio de éste segmento de electores definirá  la nueva correlación de fuerzas de la política nacional y el futuro de nuestra democracia.  La moneda sigue girando en el aire, el país se polariza como lo hizo el 21F, no se descarta una  segunda vuelta. 

¿Quiénes son los ningunistas e indecisos? ¿Son parte del 68 por ciento que asegura que habrá fraude, del 55 por ciento que se resigna a que ganara Evo? Una  mayoría son mujeres y personas con un nivel de educación superior que rechaza a Evo y desconfía de los políticos. Un 78% de ellos consideran ilegal el intento re eleccionario de Evo. Son parte de ese segmento que  interpela el sistema, se ubican en los extremos del conservadurismo o del anarquismo “progre” imbricados en todos los segmentos de la población. Son los desencantados de  un proceso de cambio fallido, de la cíclica  promesa  refundacional. Pendular, paralizante, frustrante. 

 Son los escépticos y hastiados de la guerra sucia y del “todo vale”. Receta inaugurada por Goni en el pasado.  Basada en la descalificación mutua, gatillada tempranamente junto a las primarias, falsas y tramposas. Al “enlodarse los unos a los otros” espantan o fidelizan votos. Recurrieron a ella, unos más que otros, al límite de la impotencia.  Sorprende que Carlos Mesa haya sobrevivido al fuego cruzado  y asedio del Gonismo resentido, del gobierno y de sectores radicales.  

Se equivocan quienes le acusan de haber enterrado a los partidos políticos del pasado. Admitamos autocríticamente que, en un contexto desfavorable, con sus luces y sombras, por acción u omisión, los partidos abonaron ese lamentable destino. Ya cantado al inaugurarse el nuevo siglo. El MNR recurrió a Mesa como outsider prestigioso, lo convenció, utilizo para después degradarlo y  marginarlo del  núcleo duro del poder entonces gobernante. Hay movimientistas que lo reconocen. 

La pregunta del millón. ¿logrará este segmento de votantes entronizar la autocracia evista a costa de no alinearse al único candidato y fuerza política ciudadana- todavía gelatinosa-  con posibilidad de neutralizar el retroceso democrático que opera a fuego lento? El MAS habla del voto vergonzante u oculto su favor.  Consignas antagónicas jaquean la razón y los sentimientos del electorado. Democracia o Dictadura, Estabilidad o Inestabilidad. Lo que ocurre en Perú, Argentina, Ecuador, Brasil y Venezuela abona dudas y temores. 

Si Bolivia quiere ser la excepción deberá zafase de falsas dicotomías que nublan la mente. No se trata de optar por el retorno neoliberal o al progresismo demagógico. Lo cierto es que el 2020 no habrá futuro seguro. Navegaremos en aguas tormentosas, inevitables. Será la hora de poner a prueba una vez más  la sabiduría de elites gobernantes y dirigencias sociales. Y si no dicen que los bolivianos nos resignamos a sucumbir en la desesperanza, sabremos demostrar “todo lo contrario”. Es la invocación que hago a indecisos y a “ningunistas” que inevitablemente votaran el mes de conmemoración del 37 aniversario de instauración democrática en Bolivia.

La autora es psicóloga, cientista política, ex parlamentaria