Nadie protege al presidente

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Hay un aforismo empresarial que me enseñó algo importante, dice que cuando dos personas están siempre de acuerdo, una de ellas está de más.

Entiendo que eso implica que si un gerente, director u otro cargo ejecutivo contrata a, por ejemplo, un asesor, éste deberá, alguna vez, dar un punto de vista distinto, cuestionar criterios que se den por obvios, ayudando así  a evitar errores. Si en lugar de ello solamente bate palmas por todo lo que su asesorado pudiese decir o hacer, ese asesor sencillamente está de más.

Ese aforismo me vino a la mente luego del fallo de la CIJ de La Haya, y le encontré relación con varias escenas del panorama político nacional, relacionadas con la figura presidencial.

Resulta que una vez repuesto del shock ocasionado por el mencionado fallo (que creo afectó a la gran mayoría de los bolivianos), la primera reacción de Evo Morales fue tildar de “subalternos de las NN.UU.” a los miembros de la CIJ, y amenazar con enviar una carta a la Corte, mostrando sus contradicciones, y otra a las propias NN.UU. (donde hace poco también protagonizó una intervención agresiva, por decir lo menos) para manifestar su rechazo al fallo que, según él, es “contradictorio e injusto”, y que favorece a “los invasores y a las transnacionales” (argumento que de tan manido resulta ya vacío, y en este caso particular, totalmente fuera de lugar).

Es de esperar que esas amenazas no se cumplan, por lo absurdas, pero ya las declaraciones le hacen un flaco favor al país. Y por eso digo que el presidente está desprotegido, está demasiado expuesto. Nadie le dice lo que no quiere –pero necesita con urgencia– escuchar. ¿Qué hace el canciller, que no aconseja al presidente emitir una declaración más mesurada? Pese a todo, se trata del presidente de Bolivia, y no puede ser expuesto de esa manera a los errores, a la contradicción, al bochorno. Pero lamentablemente todos quienes podrían (deberían, incluso) ayudarle a evitar esos errores (vicepresidente, ministros, asesores, y en este caso en especial, miembros de la cancillería), se hallan muy ocupados en una adulación obsecuente y vergonzosa, encarnando perfectamente a ese asesor que nunca muestra desacuerdo con quien debe asesorar. (No puedo evitar una resignada sonrisa al recordar que en el partido gobernante prohibieron el disenso, acusando de “librepensadores” a quienes osaban opinar de manera autónoma).

El ex presidente Jaime Paz Zamora dijo que advirtió a Morales sobre un fallo adverso de la CIJ, en base a información fidedigna que había obtenido. ¿Por qué no la compartió antes?, ¿por qué Morales no tomó en cuenta esa información? Y lo más importante, ¿por qué la cancillería no tenía esa información? El mal asesoramiento se debe también en buena medida a simple ineficiencia de varios niveles gubernamentales.

Por simple disciplina diplomática, debió haberse tenido un plan de acción en caso de que el fallo de la CIJ resultase adverso. Queda claro que no hubo tal. Con seguridad se tenía preparada fiesta en todas las ciudades del país, que obviamente acabaría en campaña política para la futura e ilegal candidatura del actual presidente. Nueva muestra de ineficiencia, y de ceguera política.

Si el presidente Morales no tiene a nadie con la capacidad y valentía de disentir con él en temas importantes, entonces gobierna solo, pues consulta apenas a espejos carentes de voz, de criterio y de valor civil para asumir su rol. Y esa soledad, sumada a una ya evidente incapacidad suya para entender la realidad, le hace pisar en falso, contradecirse, equivocarse,  con cada vez  mayor frecuencia.

Esa sobreexposición  equivale a iniciar una partida de ajedrez atacando con el rey, huérfano de toda protección de otras fichas. Es una estrategia suicida. Funcionó durante mucho tiempo dentro de nuestras fronteras, donde la popularidad del presidente parecía ser antídoto suficiente ante cualquier problema. Hoy ya no es así, y a nivel internacional hace mucho dejó de serlo.

Que nadie se engañe. El presidente Morales está desprotegido, y necesita desesperadamente que lo protejan… incluso de sí mismo. Y lo necesita también, con urgencia, el país entero, porque sus errores nos costarán caro a todos.