Lupe Cajías

Cada vez me inclino más por leer biografías, mejor si son novelada; es mi género preferido.

“Mi Marruecos” es una novela autobiográfica del escritor marroquí Abdelá Taia, afincado en París, que recorre su niñez y adolescencia desde su fragilidad física y su fortaleza espiritual. Sutilmente, nos revela sus angustias y nostalgias más profundas sin caer en la morbosidad o la autoflagelación. Por él conocí mejor un país, una ciudad y sobre todo una condición humana. El personaje de la madre es conmovedor.

También me deleitó la biografía de Meryl Streep “Siempre Ella” de Michel Shulman porque retrata con cuidado a una de mis estrellas favoritas. Con mucha documentación y profesionalismo, el autor describe a la mujer, esencialmente, además ganadora de tantísimos premios en teatro y cine. Nombre asociado a la excelencia y a la vez a la prudencia, al recato, al titular honesto, lejos de los escándalos. Entendemos porqué ella es cómo es y porque brilla siempre.

En cambio, la biografía de María Urruzola “Sin remordimientos” sobre Eleuterio Fernández Huidobró, uno de los fundadores del Movimiento de Liberación Tupamaro nos rebela la parte sórdida de las luchas políticas de los años sesenta y setenta. Muchos héroes uruguayos no son tales y cada vez encuentro más libros que muestran la decadencia moral de dirigentes izquierdistas aferrados al poder por el poder.

Finalicé el año con otra biografía, la de Elena Poniatowska que escribe sobre la primera esposa de Diego Rivera, Lupe Marín, mujer bellísima y a la vez dura de corazón: “Dos veces única”. Ella brilló con luces propias en círculos intelectuales y como cocinera y costurera. Sobre todo, fue famosa por su forma de ser, directa y a veces malvada como el hecho de desconocer al hijo que acababa de parir, al que nunca quiso amamantar ni criar. Con su estilo tan personal, la autora mexicana aprovecha para describir el México de oro, de los años 20 a los 40 del siglo pasado.Releí otra autobiografía sencilla pero que logra también mostrar una ciudad y una sociedad, “Memorias de una cruceña”, de Anita Justiniano de Roig. Este texto me llamó la atención hace tres años cuando fue publicado y lo recomendé entonces. Lo releí porque es un buen ejemplo de cómo reconstruir las historias familiares que son a la vez historias bolivianas. Personalmente me relaciona con parte de mis ancestros cruceños.

(Elaborada para una encuesta sobre las mejores lecturas del 2019 realizada por el suplemento cultural Ramona del matutino Opinión, Cochabamba , 120120)