Construcción del silencio

Norah Scarpa Filsinger – Argentina

Primero aprendimos a no ver. Ni oír. Como no vemos ni oímos, hemos desaprendido a hablar. Aprendimos a hablar para adentro. Así vivimos en un mundo sin nosotros. 

Secuelas

Sara Coca – España

En ese sueño recurrente siempre se ahoga. Lo devora el mar embravecido una y otra vez, pero despierta a la orilla de la realidad cada mañana con la boca salada. Y la angustia da paso a la calma sobre la balsa de su cama junto a Penélope, salvo por el continuo soniquete de fondo que solo él distingue.

Decisión

Amalia Cordero – Cuba

El insomnio la consumía. Se inventaba vías para darme un techo o algo de comer. La descubrí al amanecer revolcando el maletín de nuestras pertenencias. Extrajo las ropas más coloridas y los pulsos que hacía tiempo no usaba. Se vistió y ató un pañuelo en su cabeza. Se maquilló más que nunca: — Me dijo: —Desde hoy soy una gitana. Fue tocando las puertas en las mansiones. Proponía su servicio y desde su filosofía para conocer a las personas, dejaba complacidas a las señoras. En las tardes traía algo en su monedero.  Mi madre había decidido que no iba a ser prostituta.

Geometría

Karla Barajas – México

¿Llamas? para que no salga del ciclo de maltrato emocional. Triangulas la información para que mis familiares, amigos y conocidos se pongan de tu lado. Eres círculo y repites los patrones de violencia que usaste con otras víctimas. Aunque incendies la casa y ardas de ira, no me verás regresar. El cuadro clínico de la larga lista de síntomas y signos de mi enfermedad se conecta en línea recta con tu nombre. Mis ángulos son opuestos, de ninguna manera encajamos en el mismo tangram.

El absolutismo del invierno

Lester Ballester – Cuba

Aburridos de la nieve siempre revoloteando sobre ellos, tomaron la firme determinación de migrar. Era preciso saberse en un nuevo paraje en el recién estrenado año. Así que sin mucho que perder, después de un par de días de andar, los osos polares se sentaron a beber un par de piñas coladas en Cancún.