Disparo

Rodolfo Lobo Molas – Argentina

Apuntaba buscando un buen ángulo. Apareció de golpe y disparé sin dudar. Ella quedó quieta, inmóvil para siempre, dentro del marco de una fotografía.

El don

Manuela Vicente Fernández- España

Tengo el extraño don de escuchar a los objetos. A menudo, estos tienen tal necesidad de hablar que me los llevo a casa. Mis hijos no comprenden por qué tengo la vivienda llena de trastos y dicen que es por el síndrome de Diógenes, que me afecta desde que vivo sola. No sé qué tiene que ver el sabio de Sinope conmigo, pero supongo que él tenía también este don y por eso acabó viviendo en un tonel, para no escuchar más las voces de las cosas que lo rodeaban. A mí no me molestan, porque me llevo bien con todas; solamente las sillas se ponen un poco impertinentes si no las atiendo, y les da por atrancarme el paso. El otro día la tele se estropeó y me dijo: «No quiero que me arregles más, porque no aguanto más películas y telediarios”. Desde entonces es la encargada de moderar las conversaciones, salvo cuando llegan mis hijos y se apaga.

Twiterodisea

Dina Grijalva – México

Ulises prefiere enfrentar tormentas, viajes al hades y cíclopes a cumplir su deber de esposo y padre.

Quisquilloso

Armando Alanís – México

Se acuesta con la cocinera, pero enfurece si descubre uno de sus pelos en la sopa.

La muñeca

Márcia Batista Ramos – Brasil

Los padres del joven agricultor, querían dar continuidad a su apellido. Cuando su único hijo varón entró a la casa después de las faenas diarias, los padres se miraron y sonrieron mostrando complicidad. El hijo entró al dormitorio para sacar ropa limpia y bañarse, se percató que su muñeca inflable no estaba en su ropero. Tomado por la ira agarró el hacha y los miles de pedacitos de la muñeca se mezclaron con los pedacitos de los padres.