La visita

Rodolfo Lobo Molas – Argentina

Llegó inesperadamente como otras veces y como otras veces le dije que se fuera, que no vuelva. Que aquí nadie la quiere ni yo tampoco, por más que me busque y me busque. Y si bien varias veces estuve a punto de irme con ella, al final -felizmente- no lo hice.  Guardó silencio y una vez más se fue, sabiendo que volvería a pesar de mi rechazo. Se fue despreocupadamente, casi sin dar importancia a mis palabras. Se puso la capucha, cerró su capa negra, tomó su guadaña y se perdió en la niebla del camino.

Mundo feliz

Manuela Vicente Fernández – España

El hogar es ahora un remanso de paz. Muy de mañana abro las ventanas para ventilar las habitaciones, antes de que despierte la ciudad y el ruido inunde las calles. Pasados unos minutos, vuelvo a cerrarlas, para preservar el silencio. Insonorizar la vivienda ha aumentado mi tranquilidad. Practico mi tabla de ejercicios y veo películas que muestran un mundo nuevo. Todo cuánto necesito comprar puedo pedirlo por la web o por teléfono. Estoy de baja por estrés, pero gracias a las buenas costumbres me estoy restableciendo. El otro día, cuando acudí al especialista en psico-robótica sus recomendaciones fueron claras: es imprescindible para mi total recuperación que el humano que vivía antes en esta casa siga cumpliendo la orden de alejamiento.

El poder de la palabra

Dina Grijalva – México

Escribo la palabra manzana y decenas de personajes variopintos surgen de la página. Algunos vienen desnudos, se ve por allí una bruja, unos enanos, un hombre con peluca blanca, un padre con un carcaj al hombro y su hijo, otro diciendo que la era digital ha llegado.

Fragmento XLIII – Los carcosémidos

Marti Lelis – México

El único remedio era aplastarlos uno a uno, como a chinches. Pero además de su resistencia a los químicos, desarrollaron técnicas miméticas y un exoesqueleto inexpugnable y venenoso. Ocasiones había de encontrarlos simulando una palabra cualquiera, con especial preferencia por las de cuatro letras. Si sorprendíamos a uno entre las páginas de un libro, saltaba de inmediato a los estantes y se deslizaba en otro volumen antes de permitirnos cualquier maniobra insecticida. Cuando su virulencia llegó al máximo, infectaron las pantallas y el habla. En las calles las conversaciones se volvieron incomprensibles. Al final, los diccionarios parecían museos de historia natural: las palabras como animales disecados, cascarones absurdos, bloques fríos de letras sin pasado. Nos descubrimos instalados en una prehistoria de gruñidos y señas en la cual los carcosémidos se hartaron de significados hasta, literalmente, reventar.

Servicio a domicilio

José Antonio García Pérez – Cuba

El principal indicio, de que a Florencia no se pierde nadie, son los 6 km previos a la comarca. Lizos como si no los rodasen. De la ausencia de lluvia, los limpios están sucios y del solecillo frugal entre las lomas, la culpa la asumen los árboles, las brisas enfriadas por la presa y la altitud.

Ir tan lejos, no había sido motivado aún por un encargo. Pero lo bueno de lo malo —incluso de lo bueno— son los paisajes y la gente nueva que siempre es indescifrable.

Santi Spiritus por dentro esconde tristes pueblos sin asfalto y caminos empedrados como fondo de río, ya seco; como por el que seguí a Joaquín en su araña, vestido solo a short y botas, y 3 tatuajes de buena factura como picados en ciudad, también con buena dicción (como si no fuera de campo, sino centropueblerino avileño).

 A donde te puede llevar el dinero que genera una CCS. Aunque los caminos pueden no ser gratos, hasta lo posible por ver otra vez los volcanes.

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