“La maldad no necesita razones, le basta con un pretexto”. Johann W. Goethe

Márcia Batista Ramos

La vanidad de la existencia humana, a veces, lleva a algunos mortales a pensar que son eternos porque usufructúan de algún poder terrenal. Normalmente, el poder dado por el dinero, hace con que algunas personas se consideren intocables y hagan cosas horribles con la credulidad de que el efecto bumerang nunca les alcanzará.

No controlan la energía que utilizan al hablar, tampoco, la energía de sus pensamientos y como si fuera poco, sus acciones son malévolas en relación a los demás. En su interior existe la certeza de que deben ser juez y verdugo de sus contrarios. Sin trastabillar, pagan a terceros para que hagan alguna maldad a sus oponentes, sean estos reales o ficticios. La maldad se materializa en forma de embrujos de magia negra y de una variedad de formas (si el poderoso es un mortal corriente), como la cárcel injustificada (dependiendo si el poderoso detenta poder político) o secuestro, paliza y muerte (si el poderoso es delincuente).  

Como existe de todo en la viña del señor, y con los años que cargo a cuestas, ya vi de todo; no tengo la intención de hacer famosos a ciertos mortales, ni soy la palmatoria del mundo, por eso no diré nombres que bien conozco, con apellido y todo. Pero hay gente que no percibe el mensaje de la naturaleza que avisa de antemano que: el cuerpo se descompone. Esa gente vive con mucha soberbia sembrando, con su maldad, dolor y sufrimiento. Lástima que no tengan un siervo, como en la antigua Roma, que camine tras de ellos recordando las limitaciones de la naturaleza humana, como hacían cuando un general desfilaba victorioso por las calles de Roma.

La vida es una carretera de doble vía y antes de maltratar a otro humano (de la forma que fuere) hay que recordar la frase latina: Memento mori («Recuerda que morirás»).