Lucha política, terreno de hombres

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Ante la contundente victoria electoral en 2020 del partido de gobierno boliviano, MAS, y ante una debilitada y fraccionada oposición, hay quienes día a día en estos dos años han buscado mostrar y resaltar a toda costa las diferencias que existen dentro de esta poderosa organización político-sindical que gobierna Bolivia. Si antes se exageró, hoy en medios y redes sociales circulan dichos y declaraciones enfrentadas entre los varones oficialistas de la política nacional.

En esta lucha de poder sólo aparecen nombres y rostros masculinos, con personalidades de alto contenido competitivo (en un sentido siempre negativo) y características de una masculinidad (dominio, control, fuerza, valentía, agresividad, lucimiento y expansividad, entre otras) más o menos marcadas entre quienes aparecen hoy en las noticias recriminándose unos a otros.

¿Cuánto de postura política hay detrás de este enfrentamiento al interior del MAS?, porque evidentemente la hay, con lineamientos más de izquierda nacional popular que se le podría atribuir al presidente Luis Arce y sus seguidores; con posiciones más indianistas o, según cómo, indigenistas del vicepresidente David Choquehuanca; con posturas que defienden más a intereses de sectores o de gremios sindicalizados afines al MAS, como es el caso del expresidente Evo Morales; pero, además, en este enfrentamiento, ¿cuánto de intereses personales, de egos y liderazgos se ponen en juego? De esto hay también mucho,
demasiado.

De parte de Evo Morales es evidente su lucha por la vigencia política, por la presencia y liderazgo, por marcar la línea dentro de este partido y por encabezar él la candidatura a las próximas elecciones. Las características de una masculinidad machista son muy fuertes en Morales y, pese a que le ha generado gran parte de sus problemas de imagen, poco se ha preocupado por modificarlas. Junto a él aparece Juan Ramón Quintana. ¿Alguien duda de esa sólida masculinidad del exministro de Gobierno? No lo halago, no.

Arce, estratégicamente, intenta ponerse en segundo plano en esta lucha de poder y en su lugar aparecen el ministro de gobierno Eduardo del Castillo, más agresivo, y el ministro de justicia Iván Lima, más cauto. El vicepresidente Choquehuanca de tanto en tanto interviene para remarcar su presencia y liderazgo en sectores indígenas. El discurso que tiene de la complementariedad chacha-warmi (hombre-mujer, masculino-femenino) se cae cuando se trata de una complementariedad de privilegios para unos y sometimiento para otras.

A estas alturas, la oposición sonríe y disfruta por lo que ocurre y por lo escrito. Pero aquí, aunque hay parlamentarias que resaltan por su presencia mediática, en la oposición las masculinidades no se quedan atrás, unas más moderadas como la de Carlos Mesa, otras más marcadas como Manfred Reyes Villa y otras groseras como la de Luis Fernando Camacho.

¿Dónde están los liderazgos femeninos en el gobierno y en MAS? En el parlamento boliviano es obligatoria la paridad de presencia de hombres y mujeres; sin embargo, la mayoría de voces femeninas no se escuchan ni se conocen siquiera. La más visible de las ministras, María Nela Prada, aparece siempre en segundo plano y en situaciones del manejo de la cosa pública, no interviene en la política partidista públicamente. La promesa de liderazgo femenino Adriana Salvatierra está desaparecida luego de casarse y ser madre (es lo que suele pasar sólo con las mujeres y no con los hombres que se casan y son padres). Eva Copa fue echada del MAS por mantener su candidatura a alcaldesa de El Alto, que posteriormente ganó con otro partido. Por lo visto, es muy difícil que se acepte a mujeres no sumisas en este espacio.

El debate político sin violencia y la justa participación femenina son necesarias. Hay que recordar que el MAS logró un 55% de votos en las últimas elecciones y ese voto logrado es una deuda con sus votantes, donde la mitad son mujeres. Las luchas políticas internas por liderazgos son naturales; sin embargo, las peleas entre gallos son de irresponsables.