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Los recuerdos de un “guardián de la memoria”

Homero Carvalho Oliva

Verba volant, scrīpta mānent, "Las palabras vuelan, lo escrito queda" 
Cayo Tito

A veces la vida me otorga el honor de presentar los libros de amigas y amigos queridos y admirados. El próximo 6 de julio, en la ciudad de Cochabamba, participaré virtualmente (¡Oh tecnología!) en la presentación de la autobiografía de Carlos Soria Galvarro, titulada Recordatorio, estampas de la segunda mitad del siglo XX, libro que ya fue presentado exitosamente en la ciudad de La Paz.

Antes de hablar del libro mismo debo anticipar que supe de Carlos a principios de los años ochenta, en la UMSA, en plena lucha por la recuperación de la democracia, cuando muchos dirigentes estudiantiles, mineros, políticos y campesinos había vuelto del exilio o habían sido liberados de las cárceles de la dictadura de Banzer. Entre ellos se encontraba un joven cuyo nombre se asociaba al de míticos dirigentes del Partido Comunista de Bolivia como Simón Reyes, dirigente minero o Ramiro Barrenechea, abogado y poeta, se trataba de Carlos Soria Galvarro, de oficio periodista. Debo reconocer que no éramos amigos, él es mayor que yo por trece años, pero yo sabía quién era él y de qué madera fuerte y noble estaba hecho. Sabía que era militante de la Jota, la Juventud del Partido Comunista y que era un dirigente de “ñeque”.

El “Qhechi”, como le decían sus amigos, ya tenía una fama de buen teórico marxista y guerrero contra las dictaduras que le precedía. Con los años y el restablecimiento de la democracia en 1982, fui siguiendo su carrera periodística, en la que llegó a ejercer la cátedra durante unos quince años, convirtiéndose en un referente del periodismo comprometido con las luchas del pueblo. En su paso por las aulas universitarias es recordado como un extraordinario docente, incluso por estudiantes de otras tendencias ideológico-políticas. En su juventud trabajó en radios mineras, luego colaboró y dirigió el periódico “Unidad” del PCB, así como también lo hizo con el mítico semanario “Aquí” que fundó Luis Espinal. Sus artículos y reportajes eran imperdibles. También dirigió el Canal universitario de la UMSA.

Luego conocí al historiador, especialmente al profundo conocedor de la guerrilla de Ernesto Che Guevara en Bolivia, sus investigaciones le sirvieron para publicar seis libros entre 1992 y 1996 sobre sus vida y andanzas; obra minuciosa que ha servido de referencia a otros investigadores y biógrafos del Che Guevara. Lo empecé a leer con la sospecha de que los libros iban a reflejar la posición de su partido con respecto a la guerrilla y al Che, pero me equivoqué, se trata de las investigaciones del que ahora, sin temor a equivocarme, puedo considerar el mayor experto boliviano sobre este tema. Me precio de la amistad de Froilán Gonzales y de su esposa Adys Cupull, considerados en Cuba como los mayores expertos en la vida de Guevara, en una ocasión, mientras tomábamos café en su casa de La Habana, Froilán reconoció el gran aporte de Carlos al conocimiento e incluso desmitificación de la figura legendaria del guerrillero. En lo personal, cuando hablo de este tema, que alguna vez me apasionó, nunca dejo de citarlo.

Los que conocemos y lo admiramos, desde siempre, sabemos que Carlos es un intelectual honesto y con una reserva moral a toda prueba, que le permite hablar de cualquier tema de la política boliviana con la profundidad del historiador y la objetividad del periodista. En este libro ‘Recordatorio. Estampas de la segunda mitad del siglo XX’, Carlos mezcla la realidad con la ficción y logra armonizarlas de tal manera que el resultado es una lectura amena, ilustrativa, crítica y nostálgica de épocas pasadas, cuya influencia aún continúa. Sin embargo, para evitar confusiones respecto a la rigurosidad de las memorias, debo aclarar que Carlos utiliza la ficción en ciertos diálogos imaginarios con personajes reales que hicieron la historia de nuestro país. En una entrevista sobre el libro Carlos explica: “Son pinceladas autobiográficas, pero también usadas como instrumentos en el contexto. Tiene un toque de ficción, entrevistas imaginarias con compañeros que conocí en el proceso de investigación de la guerrilla del Che. Conversaciones imaginarias con ellos, como autorizándoles la información de lo que ha ocurrido en 50 años”.

El libro está dividido en trece capítulos que narran, de manera amena e incluso poética en algunos párrafos, su paso por las escuelas de formación de cuadros del Partido Comunista de la Unión Soviética en la propia tierra de Lenin; sus lecturas tanto teóricas como literarias en las que cita también a escritores y poetas nacionales; el imprescindible amor de la juventud cuyo nombre es poético; su militancia en la célebre Jota, la formación marxista, sus amigos y camaradas; las masacres mineras (sobre las que también ha escrito libros). En el tema guerrilla del Che, del cual Carlos es un experto, narra, de manera sincera las contradicciones internas del PCB, el secretismo partidario con respecto a Cuba y la URSS; así mismo despeja las dudas con respecto a la independencia de la Jota en relación a Mario Monje, el cuestionado jefe de entonces y aclara su posición “antifoquista”, explicando las razones del porqué del fracaso de la guerrilla; la autocensura, los disidentes y las expulsiones injustas por disparidad de criterios; imperdible en este capítulo es la entrevista con Loyola Guzmán, que aclara la participación decidida y militantes de muchos jóvenes de la Jota en la lucha armada y la búsqueda de consensos más allá del partidismo. Un capítulo que parece novela, pero que es la pura y cruel realidad es el de la lucha contra las dictaduras, en este capítulo hace un homenaje a sus camaradas caídos, a la solidaridad del partido, los amigos, la familia y al sacrificio del pueblo boliviano por un futuro de libertad; continúa con sus propias cavilaciones en razón a las trasformaciones internacionales y la democracia boliviana. En este capítulo es interesante la autocrítica que Carlos hace acerca de la profunda crisis del PCB durante la UDP, los cambios que exigían los tiempos y su predisposición a enfrentar los nuevos retos con una dirigencia renovada en la que estaban Edgar “Huracán” Ramírez, Ramiro Barrenechea, Remberto Cárdenas y el propio Soria Galvarro; el libro prosigue con algunos gajes de su oficio periodístico y cierra con una retrospectiva necesaria sobre sí mismo, su vida y la historia del país.

En cada uno de los capítulos, dependiendo de las circunstancias y de los acontecimientos históricos, el lector reconocerá a muchos de los protagonistas de la historia nacional y universal. Como por ejemplo cuando relata de Guillermo Lora y su frustrada participación en la célebre Tricontinental, que se realizó en Cuba en 1966: “Sumamente irritado Lora escribió después que “el estalinismo cubano” lo había tenido prisionero en una cárcel de cristal (refiriéndose al hotel) para privar a la Conferencia Tricontinental de sus sabias orientaciones. El maestro trotskista del altiplano se quedó sin auditorio en La Habana y, para mal de sus pesares, no tenía una poligrafiadora en la maleta para hacerse oír como lo hizo por más de 60 años”.

El libro es una versión íntima de la historia de su partido, del país y de los grandes acontecimientos políticos de la segunda mitad del siglo veinte, el siglo de los grandes cambios políticos; por eso es que el autor lo tituló Recordatorio, porque recordar viene del latín re cordis que significa “volver a pasar por el corazón” y está dedicado a su familia, hijos y nietos; además, naturalmente, a sus amigos, camaradas y compañeros caídos en la lucha por una sociedad más justa.

Una anécdota que lo retrata de cuerpo y de espíritu entero, sucedió cuando estaba prisionero de García Meza, en 1980, y fue a visitarlo una funcionaria de Acnur, quien le preguntó si quería irse a algún país en particular y Carlos le respondió: “a ninguno, quiero vivir en mi país”. Sencillamente porque este cochabambino, nacido en Pairumani, ama su país. Carlos dice en su libro que alguna vez fue incluido en una “lista de guardianes de la memoria”, una inclusión muy bien merecida, por cierto, y sus memorias autobiográficas así lo confirman. Entre las fotografías que acompañan al libro me llamó la atención aquella en la que Andrés Soliz Rada le entrega el título de periodista, porque Andrés fue el jefe de la organización política en la que yo militaba de joven: el Grupo Revolucionario Octubre. Otra de las novedades de este libro, que creo hay que destacar, es que el material adicional se lo puede encontrar a través de códigos QR en cada uno de los capítulos.

Entre sus libros puedo mencionar, entre otros a: Con la revolución en las venas: Los mineros de Siglo XX en la resistencia antifascista (1980); Vista al mar: Testimonios sobre el 17 de julio de 1980 (1982); Barbie-Altman: De la Gestapo a la CIA (1986), este libro está basado en la entrevista que le hizo al nazi criminal de guerra, cuando este era trasladado en un avión a Francia, un  hecho que para Carlos fue más político que regular; El Che en Bolivia (cinco volúmenes 1992-1996); Coati 1972: relatos de una fuga (1997); Coloquio Antonio Paredes Candia y la cultura popular boliviana (2001); Contextos y Recuentos (2002).

Carlos sigue escribiendo acerca de temas que interesan al país, uno de sus últimos artículos se titula “¿Cuándo se jodió el movimiento estudiantil universitario?” y tiene que ver con la decadencia del movimiento universitario nacional, los “dirigentes dinosaurios”, la corrupción, el prebendalismo, el abuso de poder y la complicidad del partido de gobierno.

No voy a negar que la biografía es la visión de un militante, sin embargo, lo es de uno despojado de dogmatismo, armado por un profundo amor por Bolivia, por una sociedad justa, tal como cierra el libro, cuando declara que aspira a “contribuir a una cultura democrática, donde los intereses nacionales y populares se robustezcan y terminen imponiéndose por ser más consistentes y por contar con la adhesión mayoritaria, sería el mejor tributo a la sangre derramada”. Carlos Soria Galvarro, pertenece a esos legendarios intelectuales, escritores, periodistas, activistas, políticos y guerreros que nunca escatimaron esfuerzos para luchar por un mundo mejor. Un ejemplo de intelectual comprometido al mejor estilo de la década de los sesenta y setenta; intelectual que no necesitó inventarse términos difíciles, neologismos sociológicos o filosóficos, para escribir acerca de la realidad social; Carlos pertenece a esa especie de intelectuales orgánicos que, hoy, está en peligro de extinción.

Veamos a algunas opiniones sobre este libro;

Marlene Berríos: “Carlos Soria Galvarro se esforzó no solo por revelar, de la manera más fiel posible, la cotidianidad que le tocó vivir, sino también de adentrarse en el análisis de temas medulares para el país”,

Gonzalo Mendieta Romero: “…su paso es una pauta de que se puede encarar la vida pública fuera de la egolatría, el bolsillo o la discordia. Y, por eso, si es cierto que “honrar honra”, en la izquierda y en la derecha se haría bien en mirar más a personalidades así…”

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