Maurizio Bagatin

Todo lo gobierna el rayo, está aún escrito en el marco de la puerta de la cabaña adonde vivió Martin Heidegger, en la Selva Negra. Es un aforismo de Heráclito, el filosofo griego que tanto estudió el maestro de Alemania. Ser y tiempo entra implacablemente al posmodernismo, al moderno tardío, como llamaba Heidegger nuestra época.

Cuando Eros y Logos siguen algunas líneas del amor que San Agustín reconocía en la idea de un mundo específico del hombre que surge precisamente por amor al mundo, ahíse diseña la relación entre Hannah y el maestro, capturada por el poder del rayo que gobierna todo; Platón se sentirá plenamente satisfecho, algunos poetas también. Sombras es el despertar erótico-filosófico, poesía de pensamiento que recorre toda la tradición y sus feroces bellezas, Rilke, Hölderlin, Goethe.  

Nubes de humos, cigarros que encienden otros cigarros y las palabras de Hannah que diseñan en el aire aliteraciones de dulces onomatopeyas, epítetos elípticos. Seguía deleitando con su oratoria mientras los cigarros se esfumaban -tal vez fue el apoyo necesario, con lo de su esposo, Heinrich Blücher, fumador empedernido él también- magnetizando a los estudiantes y con sus escritos a los lectores.

Cuando Eros deja a Logos, por un fuego filosófico que recuerda el pensamiento griego, psique inicia un camino solitario, desenredado y libre, sus mentores son Aristóteles y Montesquieu, la lengua y las ideas, la razón y la libertad.  

Siguen las nubes de humo, salen de una ventana apenas abierta de un rascacielos de Nueva York, el Dasein heideggeriano es un proyecto arrojado que tiene que narrar/leer su existencia con los elementos del das Man…su pensamiento es libre como aquel humo, siempre refutando las ideas irracionales, recorre el camino de Kant, desde sus raíces hasta Marburgo, sufriendo por la falta de narración… “Estar en el amor es estar arrojado a la auténtica existencia. ‘Amo et volo ut sis’, dijo en una ocasión San Agustín” y yo te amo y quiero que tú seas lo que eres” …se estará acordando del pescador de perlas o de Hans Jonas, de los días en Jerusalén, del camino oscuro que conduce a una cabaña en la selva negra.  

Deja caer la ceniza, sigue el testimonio en su poesía, que no es poesía en su hechura sino en el amparo que nos deja, testimonio del siglo breve, de haber sido un día musa del ser y del tiempo.                

El humo fue solo una apología.