-Meditaciones-
Christian Jiménez Kanahuaty
Primera meditación
Para el caso boliviano las estructuras sociales tienen que revisarse con una perspectiva histórica que al mismo tiempo contemple la multiplicidad de espacios y tiempos que se conjugan para formar dinámicas sociales capaces de organizar la vida, produciendo y reproduciendo las condiciones materiales e inmateriales que dan sustento a toda transformación.
Las transformaciones no sólo suceden en el ámbito económico, tienen lugar también al interior de la educación, la estructura en salud y seguridad o la infraestructura que construye caminos e integra y vertebra el país. Al mismo tiempo, esas estructuras son materiales y simbólicas porque atienden a la cultura, no sólo la tradición o al folklore, sino, que sobre todo se hacen parte de la cultura entendida como aquello que el hombre realiza constantemente en su interacción con las instituciones, la naturaleza y entre todas las demás especies.
Entonces, lo que llamaos cultura no es sino al reflejo material de todas las actividades sociales que el hombre realiza, pero ahí se encuentran también sus aspiraciones, deseos, miedos y expectativas. Muchas de ellas logran materializarse, otras quedan en el camino porque no se logró consolidar el proyecto para llevarlas a cabo. En ocasiones depende de sus propias capacidades; en otras, lo que impide el cumplimiento de metas y deseos es el propio contexto. Un contexto que puede ser político, económico, familiar o gubernamental. Las redes simbólicas del poder político se llegan a cristalizar cuando las instituciones reorganizan la vida generando reglas y leyes que limitan la creatividad, la expresión, la libertad o la exposición a otras visiones de futuro.
Toda estructura política, por tanto, además de constituir espacios institucionales que administrativamente resuelven y gestionan la vida en común, indirectamente también crean lugares donde la libertad de expresión, capacidades sociales y creatividad se ven limitadas o constreñidas por un sistema de valores y creencias propias de cada formación de gobierno. Estas son las que en definitiva, hacen que un grupo de personas se sienta o no representado por sus gobernantes.
Cuando los gobernantes no satisfacen las necesidades de las personas a quienes representan se alejan de ellas y quiebran el pacto de construcción social. Pero cuando además de alejarse, constriñen, lo que ocurre es que se asienta un modelo de dominación que va más allá de la simple explotación o de la evidente crisis de representación política.
Pero si agregamos las variables de tiempo y espacio a nuestra reflexión nos colocamos frente a una dimensión importante de la complejidad que es la composición social, geográfica, emocional y cultural existente en toda Bolivia y que la dota de sentido e identidad.
Con esa perspectiva lo que se denota es la forma de gobierno que no coincide con la complejidad y lo que también se hace relevante es que la identidad del Estado en su faceta plurinacional tiene condiciones de identidad que responden a una larga lucha de movimientos y organizaciones tanto de tierras bajas como de tierras altas. Campesinos, indígenas, originarios y otros sectores de la población han pensado que una forma de resolver los quiebres institucionales, las desigualdades sociales, el analfabetismo, la poca conexión carretera entre regiones y poblaciones, además de asimetrías salariales, estratificaciones raciales en policía, ejército y ministerios era construir un esquema plurinacional de Estado.
El Estado como sabemos está compuesto de territorio, población y gobierno, pero en el caso boliviano, como en el de muchos otros, el territorio está desconectado y es compuesto, en cuanto a diversidad geográfica e historia institucional y social, que poco o nada se ve representada a nivel institucional.
La población tiene distintos orígenes culturales, sociales y económicos y hasta el momento no ha encontrado un espacio común desde el cual sentirse parte de un conjunto mayor que la propia identidad particular. Y aunque la fiesta, la música y el fútbol, son espacios de reproducción social que tienden a la unificación de la población, si se mira con atención, también en su interior demuestran fragmentaciones y segregaciones. Además de que están fuertemente construidos a partir de estereotipos sostenidos y reforzados en el tiempo.
Y el gobierno no se ha pensado a sí mismo desde la complejidad y desde la dinámica de construir múltiples pisos de participación y decisión.
Segunda meditación
Bajo ese marco interpretativo lo que se revisa no es sino la construcción de una plurinacionalidad que como razón de ser de un Estado como el de Bolivia ha servido, primero como demanda y estrategia de lucha de naciones y nacionalidades que han buscado autonomía, representación propia y una estructura jurídica que también los ampare.
Dentro de ese esquema, la plurinacionalidad fue mutando desde su origen y se compuso en su interior de otras tradiciones como la sindical, la intelectual y la cooperativista. Estas formas por su lado, integraron diversas conceptualizaciones sobre lo común, sobre los recursos naturales, las identidades, el salario, la composición del mercado laboral y la diversidad geográfica y el uso de recursos naturales para fomentar diversos tipos de progreso y desarrollo.
Además, lo que se integra dentro de esta tradición es que la plurinacionalidad ha estado funcionado dentro de un modelo de gobierno y una estructura territorial que respondía más a un eje moderno de la historia que uno plurinacional. Un eje moderno se mueve por las dicótomas y por la visión lineal de la historia.
Pero también la modernidad es una construcción racional que reconstruye la subjetividad social y genera espacios de incomodidad entre clases, regiones y razas. Al hacerlo, la tensión que resulta no se resuelve bajo el imperio de la Ley ni con la promulgación de normas de control y regulación social -que fue lo que se hizo-, sino que el Estado reclama desde su centro una apuesta por la complejidad y por el reconocimiento de la múltiple composición social y cultural.
Reconociendo estas como factores que también reconducen lo económico, la educación, la gestión sanitaria y el control de la violencia y las formas en que se estructura la familia.
Tercera meditación
El Estado tiene la habilidad para construir sujetos políticos a partir de sus aparatos ideológicos, que no sólo ahora están centrados en los sistemas jurídicos, educativos o sanitarios y religiosos. También lo hace a través de la publicidad, los feriados, los monumentos, los símbolos “patrios”, los discursos gubernamentales y la movilización poblacional a través de organizaciones, grupos, movimientos y sindicatos para apoyar un modelo de gestión o una política pública.
Hay, entonces, un uso discrecional por parte del Estado a usar lo plurinacional como estrategia de gobierno para asentar un modelo de dominación que bajo la ilusión de ser representativo, termina siendo una manera más de ejecutar la corporación política como modelo de actor político único y representativo, como si fuese la síntesis social histórica.
La corporación se arroga la representación total, pero tiende a satisfacer solamente los intereses más particulares y concretos de la población. Sus políticas públicas suelen ser respuestas económicas de corto y mediano plazo que en muchos casos son ajustes simbólicos que generan aprecio en la audiencia/población.
Ahora bien, otra característica de este factor donde la plurinacionalidad empieza a funcionar como eje de una corporación de desarrollo y que ajusta los emprendimientos sociales a un eje de gobierno, tiene que ver con la limitada capacidad gubernamental de construir escenarios de futuro más allá de las propuestas planteadas.
Toda vez que se elabora un plan de desarrollo nacional, este no se mueve ni se modifica bajo las transformaciones del contexto. El modelo se perpetúa y se ejecuta. Y al ejecutarlo contra un contexto adverso es que se generan pérdidas económicas, crisis de legitimidad política, crisis de representación al interior del ejecutivo y legislativo y sobre todo, erosión de la capacidad teórica del concepto de plurinacionalidad para leer la realidad.
Al fracasar su gestión, indirectamente se cuestiona su eficiencia predictiva e interpretativa de la realidad. Y teniendo en cuenta que es una realidad compuesta y compleja, la plurinacionalidad cae bajo su propio peso, víctima de uno de sus principios que se fundaba en dotar de poder de decisión a aquellos que nunca tuvieron opciones para ingresar en los procesos de toma de decisiones.
Esta condición no tiene nada que ver con las capacidades, aptitudes u oportunidades de sectores poblacionales que ingresaron al gobierno para hacerse de la maquinaria política gubernamental. Lo que en verdad ocurre es que hay disputa política, ideológica y técnica en la gestión gubernamental al interior de los sectores que han ingresado al gobierno a través del esquema participativo de la plurinacionalidad.
Esto implica que la plurinacionalidad vista desde el punto de vista solamente de la representación política y la captura del poder político ha sido el factor que directamente y contrario a todos los supuestos, limitó y destrozó la capacidad política de las organizaciones. Más aún cuando la plurinacionalidad también reconoció la múltiple composición social, ideológica, organizativa y política existente en Bolivia y que atraviesa todo el tejido territorial desde su fundación.
Cuarta meditación
Ahora, teniendo en cuenta la estructura de dominación, uno de los ejes de lo plurinacional fue la creación de instancias de toma de decisiones dentro de un nuevo esquema. Donde las políticas públicas pudieran funcionar desde abajo hacia arriba, lo cual significaba la concertación primero a nivel local, regional y sectorial de propuestas y programas y proyectos para que se hagan a través de ellos, políticas que pudiesen solucionar los problemas estructurales del Estado boliviano.
Cuando esto ocurrió la solución a los problemas parecía más un problema político que técnico. Pero la realidad demostró lo contrario. La parte técnica de la viabilidad de las propuestas hizo que el propio gobierno recondujera sus argumentos y limites de interacción social.
Al hacerlo, lo que trajo consigo fue la fuerte necesidad de establecer marcos de referencia, cual guiones de una representación teatral, con la finalidad de que sea desde esos marcos de referencia que se construyeran las propuestas. Estos marcos claramente eran más técnicos que políticos y eso ya restringió la oportunidad de la población a concertarse y deliberar en procura de una nueva política pública.
Pero lo que como efecto inesperado sucedió es que muchas organizaciones funcionaron dentro del marco propuesto por el gobierno, pero con la destreza de tomar el plan nacional de desarrollo y adecuarlo a lo local. Así los esquemas globales se tradujeron en esquemas locales sin la necesaria supervición y adecuación de la historia y los recursos necesarios y existentes para la gestión de una política pública.
Al encontrarse esta otra forma de solución con limitaciones por parte del gobierno, se entró en una nueva fase donde la movilización política sirvió de bisagra que dirimió las oportunidades, estrategias y recursos.
Las oportunidades estuvieron dadas por la crisis de representación política y regional que sufrió el partido de gobierno en distintos momentos de su gestión. Las estrategias establecidas por el gobierno a través de varias de sus direcciones y ministerios fue organizar a las organizaciones sociales, convertirlas en movimientos sociales y hacerlas competir por la legitimidad del partido, del gobierno y de lo plurinacional contra fuerzas adversas ancladas en regiones como Cochabamba, Sucre, Santa Cruz y Pando, según el tema a discusión, desde autonomías hasta uso de tierras y capacidad productiva de los territorios comunitarios de origen.
Cuando esto sucedió hubo una nueva escalada en las formas en que la plurinacionalidad se fue transformando en una estructura de dominación. Esta respondió para que el gobierno identificara a los sectores sociales que más lo apoyaron y más movilizaciones, bloqueos y paros generaron en beneficio del partido, del gobierno y de lo plurinacional. Así, el gobierno logró consolidar sujetos políticos que sirvieron a sus intereses, y a cambio, en cuando a legitimación de proyectos y programas de ayuda económica y financiera, el gobierno ayudó a que subsanasen sus problemas técnicos, adecuando la norma y resolviendo escollos. Esto hizo que dentro de la igualdad social propuestas por lo plurinacional, hubieran unos que eran más iguales que otros, y unos que ingresaban con mayor facilidad al proceso de toma de decisiones y se beneficiaba de él.
Esto en suma significó que el gobierno y lo plurinacional se fusionaron en un solo sujeto político, donde atacar al gobierno era atacar lo plurinacional. Y esto ayudó a que el gobierno y el partido de gobierno identificara sujetos políticos para privilegiarlos y hacerlos protagonistas de la transformación social.
Quinta meditación
Cuando ocurrió esta nueva dinámica se perdieron las opciones por la construcción de una revolución social y cultural. Tampoco quedaba abierta la posibilidad a una reforma política ni moral, mucho menos de cultura política, porque las organizaciones y los movimientos sociales, entendieron que la lógica de acción del gobierno en nada se diferenciaba con las prácticas políticas de viejos partidos.
Aunque es verdad que en cuanto a su retórica el nuevo gobierno trató siempre de distanciarse y diferenciarse de las viejas fórmulas políticas que habían logrado ser dueños del país durante más de sesenta años. Sin embargo, el espacio político de la reorganización social se detonó a sí misma cuando la plurinacionalidad empezó a gestionar los intereses políticos de sólo algunas comunidades, organizaciones, pueblos y nacionalidades en Bolivia.
Recordar que lo más significativo de la propuesta de plurinacionalidad no tenia necesariamente que ver con la autonomía ni con la autodeterminación, sino con la identidad y la identidad politizada y al servicio de la reconducción política para nacionalizar los recursos naturales o para generar una nueva sociedad dando la vuelta los esquemas coloniales y desmontando las estructuras de dominación asentadas en discriminación y exclusión, primero gubernamental, y luego estatal.
Pero era un modelo etapista donde primero se tomaba el poder y luego con él se transformaba el Estado y el Estado se debía de transformar por medio de instituciones como la Asamblea Constituyente.
Esto quiere decir que la contundencia en la acción colectiva y las movilizaciones terminó siendo restringida a usos y modelos de ingeniería institucional para transformar el Estado desde dentro. Pero, más allá de este irreconciliable punto entre dos visiones de la política y la ocupación del espacio y asimilación del tiempo, lo que significó fue que las organizaciones, pueblos, naciones y nacionalidades estuvieron encapsuladas en modelos de representación, participación, interacción política institucional y liberal, y modelando de este modo su identidad en interacción y reacción dentro de un campo político cada vez más adverso.
Esto es: que las organizaciones una vez que ingresaron al modelo de toma de decisiones impuesto por la plurinacionalidad, fueron fragmentadas desde su núcleo porque también la plurinacionalidad actúo como un instrumento de representación coorporativa de las identidades y de los movimientos, con lo cual dejó de diferenciarse de formas liberales de representación y participación política. .
Al identificar el gobienro a sus verdaderos sujetos protagónicosdel cambio, inició una razón de estado instrumental que calificó a unos postivamente y a otros, de manera negativa, excluyéndolos de todo espacio de deliberación porque en algún momento de su historia organizacional se habían levantado contra el gobierno o contra el partido de gobierno. El límite se vio atravesado por las oportunidades a obtener recursos económicos a cambio de la movilización constante en defensa del gobierno/plurinacionalidad: esta práctica se hizo carne en algunas organizaciones y movimientos y sobre esa base de movilización, el gobierno se hizo del Estado y construyó su hegemonía.
Los que no se movilizaron por una u otra razón, no obtuvieron recursos. Y su escala de notoriedad y representación fue disminuyendo. Al hacerlo dentro del propio movimiento indígena, campesino y originario, también existieron exclusiones al momento de conformar y elegir representaciones, secretarias, jefaturas y comisiones. Aquí fue cuando el colonialismo interno empezó a renacer. Pero esta vez dentro de la propia organización y estructura indígena, campesina y originaria.
El colonialismo dictaba que los movilizados tenían mayores privilegios y que las organizaciones y territorios cercanos al poder político y con capacidad de paralizar el país estaban mejor vistos, aceptados e incluidos por el gobierno.
Junto a esto se sumó que también las organizaciones empezaron a fragmentarse: otro signo del hecho colonial es la fragmentación que tiene el objetivo de desplazar y transferir las propias dinámicas de dominación Estado-Sociedad, a los estratos sociales. Esto quiere decir que al transferir la discusión entre protagonistas y subalternos al propio movimiento indígena, campesino originario y las nacionalidades, dejó que fueran ellas las que se pelearan entre sí.
Sexta meditación
Al constituir ese nuevo esquema de dominación política y cultural, el gobierno interfirió también en el rumbo de la historia. La historia para las organizaciones, pueblos y nacionalidades no fue una cuestión de atención a la linealidad.
Más bien, la historia fue oscilante, fragmentada y episódica. Siempre hubo recambio de actores y sujetos políticos y sociales. Cuando alguno de ellos ingresaba en una crisis de legitimidad o en una crisis de capacidades estratégicas para la toma del cielo por asalto, era sustituida por otro liderazgos y otra organziación. Y eso demostraba que los problemas del país no eran unidireccionales ni respondían a una única matriz civilizatoria, simbólica o material.
Esto era así porque cada sector de la probación movilizada y establecida en las calles y carreteras a través de la acción colectiva tenia su propia agenda política y su propia agenda de demandas.
Cada demanda interfería en los planes de acción del gobierno que seguía viendo a Bolivia como una unidad, por lo cual cuando una demanda surgía esta inmediatamente interfería con la demanda de otro sector. Esta limitación hizo posible que las organizaciones también empezaran a dividirse.
Por un lado, la división contrajo una parte de la organización proclive al gobierno, otra contraria y una más, que estaba en compás de espera, esperando qué resoluciones se tomarían. Pero esta última terminó optando por el regreso al mundo cotidiano de la organización. Lo que quiere decir que en lugar de pensar a nivel nacional, la organización volvió a pensar y realizar acciones en un nivel local.
Esto es también un rasgo del hecho colonial: cuando el poder político no impide la fragmentación institucional de las organizaciones porque sabe que una de esas partes será beneficiosa al poder estatal, deja que las cosas sigan su curso y sean las propias organizaciones las que vean en el tiempo sus problemas y contingencias.
La plurinacionalidad no era ingerencia, sino la capacidad de establecer la autonomía rumbo a la autodeterminación, pero establecidas estas como formas de organizaciones del poder y estructurando un modelo de dominación múltiple y capaz de desmontar asimetrías sociales estructurales. Cuando los deja dividirse es reaccionario a sus principios, actúa como el poder conservador y establece que el verdadero fin de lo plurinacionalidad fue la concentración del poder a cambio de sustraer la identidad de las organizaciones.
Y aunque esto no sucedió de forma total, sí se manifiesta en la incapacidad de algunas organizaciones de desprenderse de la dirección del partido y volver a pensarse con cabeza propia para resolver sus demandas incluso cuando estas fueran contraías y significaran un enfrentamiento contra el gobierno.
Séptima meditación
Finalmente, este estado de situación trajo consigo la deslegitimación tanto del gobierno como de lo plurinacional, pero al mismo tiempo erosionó la capacidad política de interpelación que tuvieron durante más de tres décadas la organización campesina, originaria e indígena del país. Pero arrastrados por ellos, estuvieron buena parte del movimiento obrero, sobre todo mineros y los ferroviarios y el magisterio también; todos ingresaron en este declive político al verse enfrentados con sus propias bases dado que también lo plurinacional demandaba acciones concretas sobre el modelo educativo.
Pero desde el principio de la nueva reglamentación en educación se hicieron eco varias demandas en su contra, aduciendo que la medida no había sido ni concertada ni argumentada ni revisada. Y si bien el gobierno se encargó de restar importancia a este llamado, la tendencia discursiva contraria al gobierno se mantuvo.
Y en el presente, la plurinacionalidad ha tomado otro carácter que se perfila como un revés a la emancipación y la autodeterminación. Aquí la plurinacionalidad ya no es un modelo de desarrollo, ni una razón de ser de las organizaciones, naciones, nacionalidades ni tampoco ahora es el eje sobre el cual se dirime la identidad, sino que ha sido transformado en un instrumento de dominación donde una de sus partes es el populismo.
El populismo como retórica que intenta subsanar los problemas del capital a través de políticas sectoriales de corte asistencialista, pero es populista también porque disminuye la capacidad y complejidad del discurso de la autodeterminación indígena, campesina y originaria a niveles que no tienen mayor capacidad de divergencia y deliberación. Y populismo como simplificación de lo plurinacional a lo simbólico.
Pasó entonces lo plurinacional a ser sólo una bandera, una fecha y una fiesta, pero su componente político, emancipatorio y reorganización de la estructura territorial y cultural de Bolivia ha sido erradicado por la propia dinámica del poder impuesta por el partido de gobierno que la impuso como solución a los problemas del país.
En ese sentido, el populismo es el eje sobre el cual ahora se traslada lo plurinacional. Y con ello se convierte en una razón instrumental, porque apela a sentimientos, emociones, anhelos y formas políticas que ahora -de nuevo-, están en un flujo ascendente en su accionar. Y se convierte en una razón plurinacional porque sirve aún como modo de ejercicio del poder.
Esgrime una segmentación y fragmentación sobre la sociedad y establece interlocutores validos para su trabajo y cooperación en la construcción de políticas públicas. Establece límites a las organizaciones en nombre de la pluralidad y ordena el campo político según la necesitad económica y desarrollista.
Hace uso de la retórica plurinacional sólo para movilizar afectos y estratificar inversiones y acuerdos comerciales. Lo plurinacional es la razón por la que el Estado sigue con vida. Es el ámbito que le da oxígeno al bando conservador del poder y sobre todo, es el que todavía sirve de velo a las organizaciones sociales y les hace pensar que son parte del gobierno.
La razón plurinacional es un modelo de gobierno que recubre de poder simbólico y representativo a un modelo de ejercicio de poder que en poco se distingue de las viejas estructuras de dominación territorial, cultural y económica en Bolivia.
La historia por tanto no es lineal sino que es circular. Se vuelve a un inicio de la renovación política y la emancipación, pero también en la construcción de la agenda, pero en un contexto donde en apariencia se logró lo que se buscaba. Se tiene la plurinacionalidad, por tanto, ¿contra qué práctica y lógica gubernamental se tendrán que enfrentar ahora las organizaciones para lograr de manera definitiva su autodeterminación?