Marco Fernández Ríos

Ahora, las plantas crecen en carpas solares, que ayudan a obtener mejores productos para el mercado nacional e internacional, gracias al respaldo del PAR II

No importa que haya vivido con ellos desde su infancia. Doña Albina Díaz no puede evitar sentirse impresionada cuando ve los colores y aromas intensos de rosas, claveles, liliums, crisantemos y margaritas. Es que se encuentra en Tiquipaya, uno de los cuatro municipios que producen flores en el departamento de Cochabamba, la capital de las flores de Bolivia.

Desde la década de los 70, la floricultura se ha convertido en una de las principales actividades de la región, pues es el principal productor en todo el territorio nacional, con más de 120 especies, gracias a sus terrenos fértiles y su clima templado.

En el departamento de Cochabamba hay más de 8.000 personas que dependen de la producción de flores, quienes se dedican por completo a obtener hermosas flores, que ahora serán comercializadas para el Día de la Primavera.

“Tengo que estar pendiente de las flores todo el día porque entra enfermedad. No hay que descuidarse de eso”, dice Albina, quien heredó de sus padres el oficio de la floristería.

El vehículo se aleja del centro cochabambino a través de la avenida Simón López hacia el noroeste, a los pies del Tunari, la imponente montaña de 5.035 msnm, que bendice a los vecinos con agua, buena temperatura y tierras productivas.

A pesar de que las viviendas se apoderan con más rapidez de estos terrenos, todavía hay personas, como Albina, que dedican su vida a la producción de flores de corte, que luego adornarán una mesa y formarán parte de la tradición de los enamorados.

El vehículo se detiene en una plazuela de la comunidad Molinos, en Tiquipaya, desde donde hay que caminar un poco para ingresar a la vivienda rústica y acogedora de Albina, quien complementa a su vestimenta un mandil y una pañoleta para trabajar en sus plantaciones.

Desde el inicio, el visitante se siente sorprendido al observar los extensos surcos de liliums, también llamados  azucenas o lirios. En medio de la plantación, un sistema de riego por aspersión se encarga de que cada planta obtenga el agua suficiente.

Pareciera ser la perfección. No obstante, las plantas crecen uniformes, más grandes y con mejores formas dentro de unas carpas solares, construidas gracias al respaldo del Proyecto de Alianzas Rurales (PAR II) —dependiente del Ministerio de Desarrollo Rural y Tierras—, que incentiva la producción agropecuaria mediante asistencia técnica y bienes de calidad.

“Los invernaderos nos han favorecido mucho, porque ha mejorado la calidad del corte de la flor. Cuando sembrábamos antes, en campo abierto, estábamos con flores de 40 a 50 centímetros de alto, pero ahora estamos pasando el metro de altura”, asegura Ismael Rojas, secretario general de la Comunidad Agraria Los Molinos.

La propiedad de doña Albina es un ejemplo de los avances alcanzados, pues, mientras en campo abierto los liliums crecen desordenados, en las carpas solares, las especies son más altas, con mejores colores y aromas.

“Cuando trabajamos con riego por aspersión, imagínate cuánta agua utilizamos; pero con el sistema por goteo (un sistema de tubos plásticos que están dentro de la tierra y que llevan el agua directamente a las plantas), se usa lo necesario”, añade Rojas.

“En campo abierto no es igual”, dice Reinalda Tirado, quien desde que llegó a Tiquipaya —desde Punata—, a sus quince años, también se dedicó a la producción de flores. “Ahora hago dar bien mi producto y sé que vamos a mejorar con los invernaderos”, asegura la mujer de sonrisa contagiosa.

Para hacer posible este avance, el PAR II ayuda, desde 2010, con la construcción de invernaderos y riego por goteo, además de la entrega de motofumigadoras y otros equipamientos que alivianan el trabajo y disminuyen los costos de producción.

Este proyecto consiste en apoyar a los agricultores con el 70% del proyecto que hayan propuesto, con una contraparte del 30%. Por ejemplo, los productores de flores recibieron 21.000 bolivianos por persona, mientras que ellos aportaron 9.000 bolivianos.

“La flor no es un alimento, pero es una fuente de ingresos para las familias que quieren aprovechar sus áreas agrícolas que, por la urbanización, se han reducido”, afirma Renato Ocaña, oficial de Alianzas del PAR II en Cochabamba.

En la actualidad, este departamento produce flores principalmente en Quillacollo, Tiquipaya, Vinto y Sipe Sipe, y en menor medida en Tiraque, Sacaba, Capinota y el trópico cochabambino.             

“Somos competitivos en el mercado boliviano y ahora queremos exportar”, asevera Javier Fuentes Chileno, presidente de la Asociación de Floricultores y Hortalizas de Bella Vista (Quillacollo) y uno de los principales productores de rosas en las faldas del Tunari.

El paraíso está dentro de un invernadero. Al ingresar a una de las carpas de Javier, uno se siente solazado al sentir los aromas de las rosas. Se siente orgulloso de recibir a los visitantes, ya que su producción llega a todo el país, especialmente a La Paz y Santa Cruz.

Su carpa tiene cuatro colores de rosas, divididos en ocho variedades: freedom con tallo verde, blanco, negro, pintaboca, baby, champán y la rosa de Guadalupe, bautizada así por una serie televisiva mexicana.

“Programamos la cosecha para días festivos, como San Valentín, Carnaval, Día del Padre, Día del Niño, sobre todo para el Día de la Madre, para el Día de Todos los Santos y también para ahora, que se aproxima el Día de la Primavera”, explica.

Mientras camina por sus plantaciones, para verificar que las plantas estén creciendo bien, Javier indica que en campo abierto crecen buenas rosas, pero que dentro de las carpas consigue mejores resultados, con tamaños más grandes, de mejores aromas y colores intensos, lo que le hace pensar que puede exportar.

Su asociación tiene 226 miembros, de los que 56 se beneficiaron con el apoyo del PAR II, con carpas y pozos, que ayudan a hacer frente a la escasez de agua por el cambio climático. Con los resultados alcanzados, más socios quieren formar parte del proyecto y, además, conseguir semillas para mejorar la producción, riego por goteo para optimizar el uso del líquido y frigoríficos, que mantienen en buenas condiciones las plantas que engalanarán de colores y aromas la primavera boliviana, desde la capital de las flores.

Apoyo

25.506 familias son beneficiadas con el PAR II en el Valle

En Bolivia, 800.000 unidades productivas viven de la agricultura, es decir que proveen de alimentos tanto en el país como en exterior. Hasta hace un tiempo tenían acceso a agua y tierra, pero seguían produciendo con técnicas rústicas.

“Cerca del  80% de la población, en el área rural, vivía por debajo de la línea de pobreza, es decir que no tenía el ingreso suficiente para satisfacer sus necesidades más elementales, como alimentación, vivienda y vestimenta, principalmente”, explica Jhonny Delgadillo, coordinador del Proyecto de Alianzas Rurales (PAR II).

A través del PAR II —dependiente del Ministerio de Desarrollo Rural y Tierras— se está incentivando la agricultura a través de inversiones en asistencia técnica y dotación de equipamiento, principalmente.

En el departamento de Cochabamba, el PAR II ha beneficiado a 25.506 familias, en el ámbito agrícola, apícola, pecuario y psicícola. En el país, el apoyo gubernamental llegó a 168.000 familias, con una inversión de aproximadamente 2.000 millones de bolivianos.