Alex A. Chamán Portugal
La historia de la prensa popular y alternativa no surge en las grandes redacciones ni en los consorcios mediáticos de manipulación que hoy concentran la palabra. Nace en la urgencia, en la explotación, opresión y exclusión, en la necesidad trascendental de los pueblos por decir lo que el poder dominante pretende silenciar. Germina allí donde la voz de las mayorías no es un derecho garantizado, sino una conquista colectiva. En talleres obreros y campesinos, sindicatos perseguidos, imprentas clandestinas, radios improvisadas y panfletos que circulaban de mano en mano, la comunicación se convirtió en herramienta de lucha y resistencia.
Desde finales del siglo XIX, las masas trabajadoras comprendieron que sin voz propia no había emancipación posible. La prensa obrera —anarquista, socialista, mutualista— no buscaba informar en el sentido liberal del término, sino despertar conciencia, movilizar y organizar políticamente, transformando la experiencia cotidiana de explotación y opresión en comprensión histórica. Cada texto era una toma de posición; cada número, un acto de resistencia. En una sociedad escindida en clases sociales no existía neutralidad posible: existía compromiso con la clase explotadora o con las clases explotadas.
En América Latina, la prensa popular se desarrolló en estrecha relación con procesos de colonización y neocolonización, dependencia, atraso estructural, dominación capitalista y sometimiento imperialista. Las hojas obreras y comunitarias denunciaron el trabajo infantil, el despojo campesino, la represión estatal y la violencia estructural, al tiempo que alfabetizaron políticamente a sectores que el sistema pretendía mantener en silencio. Comunicar era disputar el sentido mismo de la realidad.
Durante la mayor parte del siglo XX, en el momento más agudo de la lucha de clases a escala mundial, la prensa alternativa y popular adquirió un carácter abiertamente revolucionario y contrahegemónico. No fue simplemente una prensa crítica, sino una herramienta política inserta en el conflicto histórico entre capital y trabajo, entre imperialismo y naciones oprimidas. Influida por las experiencias de la Revolución Socialista de Octubre, la Revolución China y los procesos de liberación nacional en Asia, África y América Latina, comprendió que la disputa por el poder no solo se libra en el terreno económico y militar, sino también en el campo de la conciencia ideológica.
En ese contexto, la expansión del imperialismo estadounidense y la consolidación de burguesías lacayas dieron lugar a dictaduras militares, guerras internas y políticas sistemáticas de terrorismo de Estado. Los medios masivos en manos de grupos económicos aliados al capital transnacional actuaron como aparatos ideológicos de dominación, por lo que legitimaron golpes de Estado, justificaron genocidios, invisibilizaron masacres, criminalizaron la protesta social y naturalizaron programas neoliberales de ajuste estructural que profundizaron el saqueo y la explotación.
Mientras el discurso oficial hablaba de “democracia”, “libertad”, “pacificación” u “orden”, la realidad era represión, persecución política, torturas, desapariciones forzadas, hambre e indigencia. La prensa dominante operó como instrumento sistemático de desinformación, construyendo matrices de opinión destinadas a fragmentar al movimiento obrero y desmovilizar a los sectores populares.
Frente a esa maquinaria ideológica del capital emergió con fuerza la prensa popular y revolucionaria. Radios mineras en Bolivia, periódicos clandestinos en el Cono Sur, revistas culturales perseguidas en Centroamérica, boletines estudiantiles, comunicados obreros en fábricas y barriadas, y corresponsales populares sin salario ni protección legal asumieron la tarea histórica de romper el cerco informativo. Su labor no fue neutral ni pretendidamente objetiva, sino militante y comprometida con la emancipación.
Estos medios no solo denunciaron la represión y el saqueo, sino que también construyeron conciencia de clase, identidad colectiva, movilización popular y horizonte socialista. Comunicar fue muchas veces un acto de supervivencia. Allí donde el poder hablaba de “excesos”, nombraron torturas y asesinatos; donde se hablaba de “ajuste”, señalaron hambre y miseria; donde se hablaba de “pacificación”, denunciaron represión y desapariciones forzadas. Cada edición clandestina, cada transmisión improvisada, cada volante distribuido bajo riesgo de cárcel o muerte afirmaba que el pueblo podía y debía narrar su propia historia.
La prensa revolucionaria no fue complemento del proceso político, sino parte orgánica de la lucha por el poder político. Comprendió que sin disputar el sentido común impuesto por la burguesía no era posible avanzar hacia transformaciones estructurales. La palabra impresa, la voz radial y la imagen militante se convirtieron en armas al servicio de la liberación nacional y la emancipación sociopolítica.
La prensa popular y alternativa se define por su lógica propia de producción y participación. Su rasgo esencial es la horizontalidad, ya que no hay audiencias pasivas, sino sujetos que hablan, opinan, interpelan y construyen colectivamente el mensaje. El emisor y el receptor dejan de ser categorías separadas para convertirse en práctica común.
A diferencia del periodismo comercial, organizado desde la verticalidad empresarial, la comunicación popular se construye desde la organicidad social. No informa sobre el pueblo, sino desde el pueblo. Su lenguaje es cercano, situado, cargado de memoria, cultura y experiencia viva. No persigue la falsa objetividad del mercado, sino la honestidad política de explicitar desde dónde se habla y para qué se comunica. No compite en rating ni en clics, sino en conciencia crítica.
Además, integra múltiples expresiones —análisis político, crónica barrial, poesía, música, fotografía, memoria histórica— porque entiende la comunicación como proceso cultural integral en la que palabra, imagen y sonido fortalecen identidades colectivas y proyectos emancipatorios.
En el siglo XXI enfrenta nuevos desafíos. Las tecnologías digitales han ampliado la difusión, pero las plataformas están controladas por la burguesía internacional mediante sus corporaciones que imponen algoritmos, censura selectiva y lógicas mercantiles. La disputa ya no se libra solo en el papel o la radio, sino en el terreno de la guerra mediática y cognitiva.
La saturación informativa, la manipulación emocional y la desinformación buscan fragmentar, alienar, domesticar y desmovilizar a los pueblos. Frente a ello, la respuesta no puede ser individual, sino colectiva a través de la organización en red, la articulación regional e internacional, el intercambio solidario de contenidos y la protección mutua de comunicadores perseguidos.
Un desafío clave lo constituye la sólida formación ideológica, política y técnica, especialmente de las juventudes. La comunicación popular no se hereda automáticamente, sino se aprende, se ejerce y se renueva. Formar comunicadores críticos y comprometidos implica enseñar a leer la realidad desde la perspectiva de los explotados y oprimidos, verificar la información y comprender que comunicar es un acto de responsabilidad histórica y política.
La prensa popular no puede limitarse a la denuncia; debe proyectar horizontes. Frente al miedo y la resignación, afirma solidaridad, justicia social y dignidad humana. Comunicar es defender el derecho colectivo a la verdad transformadora.
La prensa popular y alternativa no es un residuo del pasado ni un complemento del sistema mediático dominante. Es una necesidad histórica que emerge cada vez que el poder intenta monopolizar la palabra. Allí donde hay injusticia, habrá voces que la denuncien y expliquen; donde se impone el silencio, surgirán micrófonos rebeldes.
Comunicar desde los derechos de los pueblos implica riesgos diversos, precariedad y persecución, pero también dignidad y horizonte. Mientras existan pueblos dispuestos a hablar con voz propia, ningún cerco mediático reaccionario será definitivo. Y mientras haya injusticia, la comunicación popular seguirá siendo una trinchera indispensable de la historia.
Referencias (APA 7)
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