La necesidad de insistir en una reforma educativa

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No hay duda de que toda la sociedad boliviana deba insistir en lograr una reforma educativa. La consecuencia inmediata de este debate es el choque perpetuo entre lo viejo y lo nuevo, entre la tradición y la modernización que refuta viejas prácticas. Con un nuevo año escolar sobre las espaldas y la reproducción de antiguos problemas, se pone en entredicho la educación virtual debido a la pandemia de la Covid- 19. 

El conflicto es, probablemente, un elemento constitutivo de los valores que tiene nuestra sociedad y jamás lo quitaremos de encima, pues en toda cultura existen fuerzas, tanto de conservación como de cambio. Hoy, nuestra educación continúa extraviada en el conservadurismo y la repetición de prácticas inservibles que no dan cabida a transformaciones duraderas.

Quiérase o no, la reforma educacional brindará un mejor desempeño productivo en la economía. Bolivia está perdiendo competitividad en el ámbito internacional y se encuentra rezagada respecto a Santiago de Chile, Lima y Bogotá del área andina en Sudamérica. Una mejor educación facilita la reducción drástica de la corrupción en todo el aparato público y las instituciones privadas. Es un hecho que, mejorando las condiciones educativas de colegios y universidades, entonces se promovería el desarrollo de una consciencia ciudadana proclive a la efectividad y el cambio institucional para renovar el desempeño del Estado y de los gobiernos autónomos municipales.

Persistir en el logro de una reforma educativa dará frutos para un mejoramiento de la seguridad ciudadana, con el objetivo de controlar la violencia que caracteriza a las grandes metrópolis de La Paz, El Alto, Cochabamba y Santa Cruz; es decir, aún no se creó una consciencia de responsabilidad social como misión profunda que germina mejor en medio de una total reforma educacional.

Los economistas de la información consideran que el capital educativo en cualquier país constituye una de las características principales que impulsan el crecimiento económico en cualquier continente. Las políticas educativas llegan a transformarse en los aceleradores de cambio, además de ser un área inclinada a reaccionar favorablemente a los cambios tecnológicos del siglo XXI, pues el uso intensivo de recursos informáticos vía Internet, facilita una serie de procesos de aprendizaje, optimizando las aptitudes de estudiantes y maestros.

La educación, por lo tanto, es un baluarte estratégico que permite a todo tipo de clases sociales integrarse de la mejor manera en el competitivo mercado laboral o en las estructuras culturales donde los productos educativos mostrarán resultados concretos, como la publicación de libros, circulación de ideas, discusión en torno a prototipos que buscan los perfiles de una sociedad mejor e inclusive, los canales por donde las instituciones resuelven mejor sus conflictos, apostando por el cultivo de un ambiente democrático, pluralista, pacífico y respetuoso de las diversidades que impulsan una sociedad más ambiciosa, con sólidos estándares de modernización multicultural.

La educación de calidad tiene varias aristas importantes: la oportunidad de ascenso social, así como la posibilidad de abrir escenarios de innovación y emprendimiento relacionado con conocimientos útiles, creativos y, por qué no, con fundamento científico. El problema central que ha obstaculizado una discusión sobre cómo incentivar una reforma educacional de calidad es haber considerado a la educación como un patrimonio subordinado a otros objetivos políticos. 

Por ejemplo, colocar al sistema educativo por debajo de los indicadores de ajuste macroeconómico, con el objetivo de compatibilizar los gastos sociales y otro tipo de inversiones en materia productiva; sin embargo, en una época de revoluciones tecnológicas y sistemas globales de información, el capital educativo es un recurso crucial para articular expectativas, diseñar estrategias de futuro, atenuar conflictos explosivos y colocar las bases que viabilicen el cambio progresivo en las instituciones y algunos procesos sociales.

Insistir en una reforma educativa de calidad marcará el rumbo de las transformaciones ligadas al crecimiento económico con recursos humanos que utilizan intensamente la creatividad y estarán a la altura de los estándares de competitividad. En consecuencia, es fundamental discutir por qué las reformas educativas presentan una serie de contenidos que necesitan programas nacionales, así como la concertación imaginativa con miradas regionales y locales, en función de construir una red de sistemas educacionales, hábiles para responder de la manera más eficiente e integradora a una concepción de calidad total.

Franco Gamboa es sociólogo.