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La maldad no tiene límite

Acabo de ver un video que me estrujó el alma. Luego de mucho tiempo -y de tantas cosas vistas y vividas- en verdad que este video sacudió mi corazón. La escena muestra a dos soldados parados, encadenados ambos, descalzos, separados uno del otro; parecerían estar serenos, pero no lo están. El paisaje corresponde a un desierto, un escenario lóbrego acompañado de un cántico en un idioma que no entiendo.

Los uniformes de los dos soldados están empapados en combustible así como el trapo de la cadena que los sujeta desde atrás. Ambos aparentan estar en calma, sin embargo sus rostros se ven demudados, petrificados, sobrecogidos por su condición de prisioneros ante sus captores armados.

De pronto se empieza a escuchar el fuerte latido de un corazón…cada vez más rápido, como si algo grave fuera a pasar… Y entonces ocurre lo inimaginable, la iniquidad en acción, la degradación humana, el salvajismo, la barbarie…

Alguien enciende fuego detrás de ellos, el cual avanza por la cadena que -como si fuera una mecha- llega hasta sus espaldas, abraza sus cuerpos y los empieza a quemar sin piedad; sobreviene el pavor en los soldados; se escuchan sus gritos -fuertes gritos desgarradores- se les crispan las manos; caen de rodillas, dan tumbos por el suelo y lloran desesperados; se revuelcan violentamente; piden auxilio y golpean la tierra; caen de rodillas -parecen orar a ratos- se protegen la cara; nadie les socorre y deviene el estertor; uno termina en posición fetal y el otro de espaldas, jadeantes por el indescriptible dolor que los tortura; el video -en un cruel acercamiento de imagen- enfoca la piel totalmente calcinada de sus caras y el momento final en que mueren carbonizados…

Completando el macabro cuadro, aparece en escena un mercenario de barba espesa, ametralladora en mano, hablando en un idioma que definitivamente no comprendo; lanza una proclama señalando a los dos pobres soldados calcinados por el fuego -gesticula- amenaza seguramente y mostrándose satisfecho con lo hecho, agarra un bidón con gasolina y la derrama sobre los cadáveres para atizar el fuego…

¿Hasta dónde puede llegar el fanatismo? La maldad no tiene límite y cuántas veces supera a la imaginación…

Lo cierto es que muy pocas veces me compungí tanto, como con tan desgarrador video.

Solo cuando por la gracia divina experimenté el sufrimiento de Dios Padre, ante las atrocidades cometidas contra su Hijo Jesús en la cruz, sentí igual dolor. ¡¡¡Piedad y misericordia por quienes tienen en poco la vida humana!!!

Gary Antonio Rodríguez Álvarez es Pastor y economista

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