La (e)lección de Chile

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Al momento de escribir esta nota (jueves 16 de diciembre), creo ya saber quién ganará la elección presidencial en Chile este próximo domingo 19.

José Antonio Kast será el vencedor en la segunda vuelta electoral y será el próximo presidente de Chile, ungido, como es tradición, el 11 de marzo próximo.

Pero quien le dará la victoria a Kast será principalmente el casi millón de votos que consiguió el candidato Franco Parisi en la primera vuelta conquistando el tercer lugar por encima de los partidos tradicionales de izquierda, como la otrora Concertación Nacional, conformada principalmente por el Partido Socialista (PS) de Bachelet y la Democracia Cristiana (DC); y de la derecha como Renovación Nacional (RN) del presidente actual, Sebastián Piñera, y la Unión Democrática Independiente (UDI).

Su contrincante, Gabriel Boric, que representa al Frente Amplio, perderá la elección, pero su coalición de izquierda conformada por socialistas y comunistas de todo cuño, además de la dirigencia de la disminuida DC, tendrá casi la mitad del Parlamento, equivalente a la representación del Partido Republicano (PR) del futuro presidente Kast.

Quienes piensan que la presidencia de Kast representa un retorno al pasado pinochetista están equivocados. Así lo han querido mostrar, pero en realidad Kast es un “outsider”, un renegado de la clase política instalada al retorno de la democracia en 1990. Kast abandonó la UDI en protesta por la falta de democracia interna y se opuso a Piñera y a la derecha tradicional como a la Concertación por su encumbramiento en el poder y el abandono de los principios políticos y económicos que proyectaron a Chile a la modernidad: el orden social y la economía liberal.

La señal es muy clara. Chile tiene que dar ahora el paso de transición de una sociedad y economía “natural” a una de “acceso abierto”. Es decir, tiene que abandonar el hecho de que la política rija sobre la economía y, por tanto, aquella capture las rentas monopólicas del poder para repartirlas entre una élite privilegiada que no ha sabido o podido terminar de modernizar Chile.

Es decir, convertir su economía en un verdadero capitalismo popular, de “acceso abierto”; que utilice la competencia económica para disipar las rentas, a la vez que ésta ordene las relaciones sociales.  Allí donde las prerrogativas permanentes de los pocos se conviertan en el derecho de los muchos, y que dichos privilegios sean temporales y se alcancen por mérito y no por herencia.

Franco Parisi, con su novel Partido de la Gente (PDG), es el verdadero ganador de estas elecciones porque representa la dirección en la que tiene que encaminarse el gobierno de Kast, la economía y la sociedad chilena, convirtiendo el milagro económico chileno –que produjo un gran crecimiento y bonanza– en instrumento de prosperidad popular a través de abrir la sociedad al acceso igualitario a la educación de calidad y a las oportunidades de emprendimiento.

Para entenderlo mejor entre los bolivianos, Franco Parisi y su PGD es el Carlos Palenque chileno, con la misma sensibilidad y sintonía popular, pero con soluciones económicas y prácticas, características de un capitalismo popular moderno, que pone la economía al servicio de la gente. Esa sería la mejor lección futura que pudiera dar Chile al resto de América.

Ronald MacLean Abaroa fue alcalde de La Paz y ministro de Estado de Bolivia