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La democracia: herida de muerte

A un ciudadano, aficionado a disfrutar de la naturaleza, le gustaba observar a las águilas. Un día vio a un águila que volaba con todo su esplendor y que de repente, se lanzó velozmente entre los matorrales para cazar a su presa. Acababa de garantizar el alimento del día.

El ciudadano que continuaba viendo a la reina de las aves, observo que el águila volaba con dificultad, casi sin rumbo, sujetando su presa, después de un tiempo ocurrió algo inesperado, el pájaro comenzó a descender y descender, hasta que cayó abruptamente.

El ciudadano curioso, se acercó al lugar donde el águila se estrelló. Cuando vio la tragedia, descubrió que la poderosa ave había cazado un hurón -uno de los más formidables roedores de las montañas-, y que mientras lo llevaba, éste le había roído las entrañas, al punto de sacarle los intestinos.”

Así como el  águila, LA DEMOCRACIA, emerge volando con todo su esplendor llena de virtudes. Ella derrama un agregado de derechos, deberes y garantías cedidos por el Estado a cada uno de los ciudadanos. Ella propone la titularidad de derechos y deberes civiles y políticos. Ella ofrece identidad sin condicionamiento. Ella provee una ordenación social y política en la que los ciudadanos sepamos gozar de una vida feliz, plena y responsable. Ella insta a forjar nuestra única y propia identidad. Ella induce a avanzar desde el miedo hacia la libertad. Ella nos precisa a defender la institucionalidad. Ella nos permite votar y elegir libremente. En conclusión, ella promete una ciudadanía democrática avanzada.

En ese contexto, nos cuestionamos ¿Dónde están esas virtudes?, ¿Qué hicimos con esas virtudes? Haciendo un repaso retrospectivo e introspectivo, la realidad fáctica nos demuestra que nosotros como electores permitimos que los elegidos carcoman la democracia. Nosotros los electores a partir de críticas sobre el manejo político del país, nos fuimos desemparejando, situándonos en la “geografía política-ideológica“, “como apolíticos”, “como antipolíticos” y “como antipolítica” lo que coadyuvó a roer los muros que fortalecen los roles de los “ciudadanos políticos“.

“Los demócratas heroizados” -los elegidos- por las circunstancias y la amplitud de su acción sobre la base de entes fantásticos, llamados hoy por la retórica política, como “las alianzas”, “los pactos”, “los pueblos”, “las identidades”, “los movimientos” y otras restricciones corporativas, carcomen la legítima capacidad libertaría de los auténticos ciudadanos -pueblo, sociedad-.

Esta visión antigua pero moderna del ejercicio del poder, ha herido de muerte al pueblo democrático avanzado, con la complicidad -por omisión- de nosotros los ciudadanos de a pie, que sólo señalizamos, que sólo nos quejamos, que sólo maldecimos y que conllevamos lo indebido que hacen los políticos.

Por ello, en este escenario electoral, es tiempo de tomar conciencia. ¡Hablémosle claro y fuerte al poder!

No permitamos que unos pocos monopolicen el juego político. Confrontemos al caudillismo, al caciquismo, al servilismo, al amiguismo; así mismo, confrontemos a la injusticia, a la inseguridad y a la corrupción.

Luchemos por una democracia real, sobre la base de los valores morales, éticos y sociales ¡Es época de salvarla!

Salvemos de la muerte a la democracia. Bolivianos, es hora de nuestro compromiso, por ella. 

Oscar A. Heredia Vargas es docente en mérito- UMSA

 

 

 

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