La crucifixión de Marco Antonio

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No conozco a Marco Antonio Aramayo, ni a su familia ni a sus amigos. Supongo que era uno de los muchos bolivianos que creyó que la llegada de Evo Morales al poder en 2006 podía mejorar la situación del país. Incluso es posible que se haya afiliado al MAS, y que alguna vez haya levantado en alto el puño izquierdo por convicción o conveniencia. La verdad, no lo sé y no importa.

Poco a poco Aramayo se dio cuenta de que el “proceso de cambio” era puro cuento, sobre todo cuando él mismo se vio envuelto como denunciante de un esquema de corrupción de gigantescas proporciones. Un esquema tan perverso que no solamente hizo esfumarse cerca de 170 millones de dólares que fueron a parar en parte a cuentas privadas de dirigentes del MAS, sino que cuando él habló de las irregularidades que había constatado durante nueve meses como director del Fondo Indígena y Campesino (Fondioc), le cayeron encima fiscales corruptos, lo tomaron preso y lo enterraron bajo una montaña de 259 juicios.

Con enorme disciplina y coraje, Aramayo documentó sus denuncias y presentó listas de las personas que habían recibido dinero del Fondioc. Nemesia Achacollo, Juanita Ancieta, Rodolfo Machaca, Ever Choquehuanca, Damián Condori, Melva Hurtado son apenas un puñado de los 4.400 masistas que hicieron del Fondo Indígena un fondo perdido.

Según el periodista Andrés Gómez, que ha seguido el caso de cerca y con mucha seriedad, Aramayo anotó con la misma disciplina los nombres de cada uno de los 84 jueces, 91 fiscales, seis policías investigadores y 32 técnicos del Fondo Indígena que conoció en 259 juicios, y las 50 prisiones donde estuvo encerrado en los primeros seis años de su vía crucis.

Este Viernes Santo, Marco Antonio fue hospitalizado de emergencia. Lo llevaron cuando ya estaba en las últimas, como suelen hacer los crueles carceleros masistas. En la tarde del mismo día los médicos que lo revisaron informaron que estaba en coma. Así se consumó el largo proceso de crucifixión de Marco Antonio Aramayo, sin medidas cautelares de los cómplices del masismo en la CIDH, condenado por decir la verdad y revelar uno de los escándalos que involucra a la cúpula masista y a dirigentes de los llamados “movimientos sociales” que se beneficiaron con el asalto a las arcas del Estado.

Mientras Marco Antonio está muriendo, andan sueltos todos los pillos a los que denunció, desde la exministra Nemesia Achacollo para abajo. El círculo cercano a Evo Morales fue protagonista de la corrupción bajo la mirada indiferente del “jefazo”, que conoce bien el negocio de comprar lealtades y manipular conciencias con cañonazos de billetes, vehículos nuevos y otros “regalos” que paga el Estado, es decir, los bolivianos. Es más, para su posesión el 21 de enero de 2015, organizaciones afines a Morales recibieron 300.000 bolivianos del Fondioc. Seguramente parte de ese dinero fue usado para acarrear gente y montar un espectáculo “autóctono” con trajes y rituales inventados que harían palidecer de envidia a los dibujos animados de Disney. 

La técnica usada contra Marco Antonio Aramayo es la misma que el régimen del MAS y su podrida maquinaria de “justicia” utilizó para asesinar en 2013 al ingeniero José María Bakovic, a quien con 72 procesos judiciales se le obligaba a presentarse en audiencias (muchas veces canceladas a último minuto), en diferentes ciudades del territorio nacional. Los acusados tienen que pagar pasajes, hoteles, medicinas, y sufrir maltratos de parte de jueces y fiscales corruptos.

Deberíamos registrar y difundir una lista completa de todos los asesinos, aquellos que le hicieron juicios a Marco Antonio Aramayo, los pillos que robaron del Fondo Indígena y los fiscales y jueces corruptos como Ariel Serafín Gutiérrez, que lo mantuvieron preso durante siete años. Un largo inventario con fotos de los 84 jueces, 91 fiscales, seis policías investigadores y 32 técnicos del Fondo Indígena que conoció en su peregrinar de 40 mil kilómetros por el territorio nacional para responder a los 259 juicios que le metieron para quebrarlo físicamente, porque moralmente mostró una envidiable entereza.

A ese inventario de torturadores corruptos yo añadiría en primera fila a Evo Morales y los secuaces que ocuparon cargos para beneficiarse económicamente y los que actuaron como cómplices, mirado a otro lado mientras se producían aberrantes violaciones de los derechos del exdirector del Fondioc.

Alfonso Gumucio es escritor y cineasta.