De: Rodrigo Villegas Rodríguez / Inmediaciones

2018. Un año. Dos palabras. Suena tan simple, tan corto. Tan inmediato. Pero no, es un tiempo prolongado, una temporada que se establece a lo largo de días y días, 365. Un espacio temporal en el cual nuestras células y neuronas han muerto minuto a minuto, para el renacer y producción de otras, de nuevas almas, de nuevos cuerpos. Así como nacimos en una casa, en un hospital, en una choza. Así como moriremos en un año, próximo o lejano, pero pereceremos y seremos simbolizados en una esquela, en un metal o una piedra encima de nuestros cuerpos de barro, en el cual, además de un breve mensaje de lo que fuimos o pensaron que fuimos, una fecha, un año. Un año como este que nos deja, o que nosotros dejamos.

¿Qué nos deja este año? En doce meses, cada uno con treinta días, se suceden una interminable sucesión de eventos, tanto multitudinarios como personales. Desde el parto de una nación hasta el parto de un ser, humano o animal. Desde al aborto de un Gobierno hasta la guerra por establecer ese despojo del Hombre, del ser que no se espera pero que se interna en el cuerpo, que se hace semilla y que, antes de ser rama, puede extirparse. Un árbol se funda o se arranca.

Englobar todo este mar sería una tarea sin sentido. Cada uno verifica su vida y la sostiene en su mano, o la deja caer al piso, y la pierde o la recoge y la limpia. O la lanza a un río. Y toma un pedazo de tierra y saliva y amasa una figura distinta. Contar e interpretar el todo es un absurdo. Una tarea innecesaria.

Solo se puede contar lo particular, pintar un cuaderno con lo sucedido en la vida de uno mismo, intentar reinterpretar lo querido y odiado en un año, en una canción larga que se escucha a lo largo de estos casi cuatrocientos días.

Decido utilizar el óleo en la pared de mi casa, y no juzgar los colores utilizados por mis vecinos, pero sí estar dispuesto a escuchar el porqué de los matices y de las figuras dibujadas encima de sus techos. Comunicarme con las personas que me rodean y que creo cercanas por compartir este espacio y estas palabras.

Así que resumo mi año en libros. Y en películas. No en cuadros, ni fotografías porque poco conozco de aquellas artes. Dispongo mi ignorancia. Me quedo con las historias contadas en papel, o en un movimiento de dos horas, una transformación de las leyendas en la voz de las personas, en la luz que se le da a los escenarios.

¿Por qué? Como un divertimento, como un recordatorio de lo que conocí y me interpeló, por una manía de vivir más allá que acá, en lo fáctico, en lo material. Por un aborrecimiento de la palpable, por una adoración de lo que no se ve pero que vive en uno, que corrompe y transforma. Por esta ofrenda hacia la ficción.

¿Por qué? Para compartir y establecer una ruta entre vos y yo. Para compartir simpatías, alegrías o lamentos. Para enlazar nuestras vanidades, para mirar a las montañas y reinterpretarlas, para navegar los lagos  y sentir las algas que se atoran en nuestros pies, para permanecer en lo queda del año y sentir la vida (o muerte) que hemos incorporado a nuestros cuerpos con cada página que hemos ido tragando, o con cada película que nos ha volado la cabeza.

He aquí una pequeña lista de libros (re) leídos este 2018. Sugerencias, extractos, pedazos y comentarios de algunas historias que hicieron de este año uno mejor. O al menos más decente que otros pasados (y por venir, con seguridad).

Books Delis 2018

1. El amor en los tiempos del cólera

Siempre, siempre la Númber One de mi catálogo. Es un libro precioso, repleto de imágenes trascendentales en mi percepción de la literatura y sus alcances – la caída mortal de Juvenal Urbino, la trenza cortada como ofrenda de amor de Fermina Daza, los amaneceres de violín barnizado con lágrimas y sexo de máscaras de Florentino Ariza –. El libro que me cambió la vida. Literal. Si no hubiera sido por esta historia fabulada por García Márquez ahora me estaría dedicando a levantar murallas, pateando incansablemente una pelota o acomodándome sin resignación a un puesto fijo en una empresa.

El 2018 pude comprarme la edición original en la Feria del Libro. Había leído cuatro veces la novela en piratita y en PDF. Así que la gloria de revisitar ese amor de más de cincuenta años, la travesía en el buque, las cartas desesperadas y el final de tres inmensas palabras (“Toda la vida”) fue doble. O triple.

2. Pastoral americana

El año pasado falleció el escritor estadounidense Philip Roth, recurrente candidato al Nobel de Literatura. No lo obtuvo: la Parca se lo llevó, como a tantos otros, antes de recibir la distinción.

Así que me acerqué a él, a su obra, mediante este contacto: la noticia de su desaparición. Hace mucho que quería leer algo de él y el 2018 navegué por Pastoral Americana, una de sus más conocidas novelas. Y fue una experiencia inmensa. Un librazo de algo más o algo menos de 550 páginas. Una historia desesperanzadora pero tan cercana a la realidad, a los sucesos que se interponen entre la realización de un hombre y su extinción. El conflicto eterno de la relación entre padres e hijos. Las épocas que emergen en uno mismo y que se aferran como cables. Gran historia. Gran. Resuena la figura de El Sueco, el héroe de tanto en tanto en mi cabeza y me recuerda que la vida es lo que Camus o Bojack entendían: un derrotero en el cual hay que aprender a correr, a veces gatear. Otras arrastrarse.

3. Corazón tan blanco

Si, por alguna absurda razón, pudiera votar por dos o tres candidatos al Nobel de Literatura de este u otro año, escribiría en un papelito: Javier Marías. Mi autor de cabecera. De ficción, claro – sus columnas y opiniones un tanto radicales o “controvertidas” me alejan un cacho de ese su otro rostro, digamos –. Hasta el momento no hay una novela suya que no me haya fascinado.

El año pasado elegí Corazón tan blanco, novela. Extraordinaria. Una especie de thriller, romance caótico, párrafos plagados de psicología del desastre sentimental. Una joya.

¿De qué va? Un tipo descubre que su padre hizo cosas terribles en sus primeros dos matrimonios, antes de conocer a su tercera esposa, la madre del hombre que cuenta la historia. Lo deli (trama inquietante) es que él comienza su vida de casado. Como dice Cerati en el video de Crimen: “Había un presentimiento de que todo podía salir maaal”. El amor como un thriller. Y con la narrativa magistral de Marías, Servido, casero.

4. Chaco

Novela de Luis Toro Ramallo. No muy conocida. Quizá nada conocida. Injustamente. Novelaza. La Guerra del Chaco a través de imágenes jo-di-das. Extraordinariamente narradas. No tiene un argumento general pero sí un despliegue de pequeñas historias que van hilando, como el encuentro de hilos de sangre en un charco, la historia de nuestro país. El valeverguismo de los gobernantes, los asesinatos como un juego de mesa, los recuerdos que se imponen a las balas ante la falta de agua, ante la falta de mujer y compañía.

5. Fiesta

El 2018 amé a Hemingway. Lo idolatré. Por esta novela en específico. Y luego fui por otras más, además de sus cuentos.

Fiesta (el título original es The sun also rises) fue la primera novela que publicó el Papa (así lo bautizaron en su amada madre adoptiva, Cuba). Una historia de toreros, de alcohol, de libros que se escriben y mujeres que se olvidan, o que al menos se intenta olvidar por las marcas que han dejado en las páginas que los hombres sangran. El escape de un tiempo, la huida. Los años de la posguerra, libres de lo fatídico. Si esto vivo debo agradecer a los dioses cada día brindado por ellos, diciendo. Novela hermosa.

Y bueno, aquí la paro. Este breve repaso de books me hizo dar ganas de volver a ellos ya nomás, de adentrarme en la fantasía, de drogarme con las palabras (siendo así he estado “volando” todo el fucking year).

Posdata: les dejo una listita (a lo Rodrigo Urquiola), mas no etiquetaré a más de cincuenta personas (a lo Daniel Averanga), de los libros que leí el año pasado y eso. ¿Vanidad? Un cacho, mentir es malo. Pero más que todo es para recomendarlos. Tuve la suerte de que el noventa por ciento me gustó así que confío que, si se animan a adquirir alguno de esos libros o que les preste algo (intercambio, mejor), me pueden escribir nomás, sin pena (ni gloria), van a salir chochos de la lectura. En fin, un gran 2018 para ustedes, queridos amigues del Facebook.

Ah, y lo olvidaba: pelis. Al final de la lista paso algunas portadas de las cintas que me dejaron congelado en los créditos. Pelis que asesinan tus retinas y te regalan ojos nuevos. Pelis de las que no sales como entraste. Al final, al final.

Libros 2018

1. Corazón tan blanco – Javier Marías

2. Acorralado – David Morrell

3. Iluminación – Sebastián Antezana

4. Chaki fulero – Víctor Hugo Viscarra

5. Cómo desaparecer completamente – Mariana Enríquez

6. Viaje al fin de la noche – Louis Ferdinand Céline

7. Raza de bronce – Alcides Arguedas

8. Reconstrucción – Rodrigo Urquiola

9. La presa – Kenzaburo Oé

10. Vidas escritas – Javier Marías

11. Cuentos del Pacífico Sur – Yuri Soria Galvarro

12. Las baladas del ajo – Mo Yan

13. Soundtrack – Camila Urioste

14. Emma y los cuadernos de investigación – Daniel Averanga

15. De dónde venimos los cholos – Marco Avilés

16. El viejo y el mar – Ernest Hemingway

17. El uno y el universo – Ernesto Sabato

18. Sombras de verano – Guillermo Ruiz

19. Escapada – Alice Munro

20. Los decapitados – Iván Gutiérrez

21. Muerta ciudad viva – Claudio Ferrufino

22. El callejón de los milagros – Naguib Mahfuz

23. La invención de la soledad – Paul Auster

24. El mar – John Banville

25. Cartas a un joven novelista – Mario Vargas Llosa

26. No me jodas No te jodo – Alexis Arguello

27. La vida me duele sin vos – Gonzalo Lema

28. Hombres sin mujeres – Haruki Murakami

29. Santuario – William Faulkner

30. Nocturnos – Kazuo Ishiguro

31. El matrimonio de los peces rojos – Guadalupe Nettel

32. Abril quebrado – Ismaíl Kadaré

33. Adiós, Hemingway – Leonardo Padura

35. Fiesta – Ernest Hemingway

36. Fuegos – Marguerite Yourcenar

37. Cuaderno de sombra – Julio Barriga

38. París era una fiesta – Ernest Hemingway

39. Mar Fantasma – Javier Viveros

40. Nadar desnudas – Carla Guelfenbein

41. La mujer de mi vida – Carla Guelfenbein

42. Pastoral americana – Philp Roth

43. La loca de la casa – Rosa Montero

44. El Gran Gatsby – Francis Scott Fitzgerald

45. Madame Bovary – Gustave Flaubert

46. Las vírgenes suicidas – Jefrey Eugenides

47 Al sur de la frontera al Oeste del sol – Haruki Murakami

48. Lo bello y lo triste – Yasunari Kawabata

49. La casa de las bellas durmientes –Yasunari Kawabata

50. Los restos del día – Kazuo Ishiguro

51. Vacaciones permanentes – Liliana Colanzi

52. Asma – Aldo Medinacelli

53. Para comerte mejor – Giovanna Rivero

54. Llamadas telefónicas – Roberto Bolaño

55. Formas breves – Ricardo Piglia

56. Chaco – Luis Toro Ramallo

57. El amor en los tiempos del cólera – Gabriel García Márquez

58. Caín – José Saramago

59. El asesino de chanchos – Luciano Lamberti

60. El loro que podía ver el futuro – Luciano Lamberti

61. Y en el fondo tu ausencia – Rosario Barahona

62. Sándor Márai – El último encuentro

63. No soñarás flores – Fernanda Trías

64. Memorias del subsuelo – Fiodor Dostioyevsky

65. Relato de un náufrago – Gabriel García Márquez

66. El extranjero – Albert Camus

67. La ridícula idea de no volver a verte – Rosa Montero

68. Cuentos – Julio Cortázar

69. Zama – Antonio de Benedetto

70. La verdadera – Saúl Bellow

71. Si me permiten hablar – Domitila Chungara

72. Provocaciones – Alfonso Gumucio Dagron

73. Empiezo a visitarme – Guillermo Bedregal

74. El quinto hijo – Doris Lessing

75. Lituma en los Andes – Mario Vargas Llosa

76. La muerte en Venecia – Thomas Mann

77. La tregua – Mario Benedetti

78. Amuleto – Roberto Bolaño

79. El africano – J.M. Le Clezio

80. Rendición – Ray Loriga

81. Virginianos – Claudio Ferrufino-Coqueugniot

82. Mientras agonizo – William Faulkner

83. El guardián entre el centeno – J.D. Salinger

84. El llano en llamas – Juan Rulfo

Pelis delis del 2018