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Juan Norberto Lerma: mapea la geografía urbana y humana (El imperio del polvo)

Márcia Batista Ramos

El poeta y escritor Juan Norberto Lerma. Nacido en México, Distrito Federal. Es periodista. Colaboró en diversos medios de comunicación y en varias revistas culturales. En el año 2000 ganó el premio de cuento José Emilio Pacheco, al que convocó la Universidad Nacional Autónoma de México.

Ha publicado varios libros de cuentos, entre los que se encuentran “La Bestia entre los días”, y “Perro Amor”.

Juan Norberto Lerma en su poemario “El Imperio del Polvo” recrea la ciudad en la que vivió durante sus primeros años, contando su relación profundamente íntima, con el espacio urbano, proyectando su voz, para mostrar la realidad que vivió desde su lugar, mostrando cómo se construyó su identidad. Tal vez, porque la ciudad, como tema literario, obsesiona a los grandes escritores que, de alguna manera, tratan de eternizarla.

Tal fue el caso de Mario De Andrade con São Paulo; Fernando Pessoa con Lisboa; Jorge Luis Borges con Buenos Aires; Franz Kafka con Praga; Jaime Sáenz con La Paz; Juan Norberto Lerma con Nezahualcóyotl un área suburbana que colinda la Ciudad de México, entre tantos otros grandes literatos que lograron captar el alma de la ciudad de sus amores y la plasmaron con gran belleza de su pluma para la posteridad.

Ciertamente, encontraremos en los diferentes poetas diversas formas de experimentar la ciudad y la convivencia con el otro, es un tema existencial que guardará relación con la forma de entender el propio yo de cada uno, además en un gesto de universalidad, mostrar el dolor humano, ya que escribir sobre la ciudad, también significa escribir sobre el otro y por más intimista que sea la voz del poeta, la crítica social está intrínseca, en el reflejo.

Así, corroborando con la idea de que el espacio público causa un gran fascino para los escritores, como si de una especie de embrujo se tratara, ya que, de manera evidente o recóndita, lo celebran o lo niegan.

Juan Norberto Lerma con una escritura visceral, llama la atención para aquello que habitualmente hallamos feo y que pasa desapercibido, creando un espacio de intimidad compartido con el lector y escribe:

 “(…) En el polvo crezco, \ciudad interior de lodo sin pájaros ni flores. \Nave parda erizada de casuchas, \no vas a ningún lado, \animal inmóvil, \sueñas y todo me revelas. (…) \Patria de atole y polvo donde crezco, \me alargo como hebra de agua, \floto, \recuesto mis pocos años sobre tu seno, \mar baldío de granos, \florezco en esta tierra de agonía”.

El polvo, que su voz poética menciona, es el símbolo de la adversidad y, tiene una connotación ambigua por ser al mismo tiempo positiva y negativa; ya que, por un lado, son retratos de una realidad de carencias y, por otro lado, muestra una realidad esencial, ya que sirve de impulso para el crecimiento personal, mientras es una lección de vida bárbara. Durante la lectura de los versos vemos el tema de identidad como uno de los guías de la voz del poeta mexicano.

Es menester, señalar que, la poesía referida a la ciudad, no nos remite exclusivamente al espacio físico denominado como tal. Un elemento primordial que siempre va intrínseco a ella es la presencia del otro. La ciudad, pues, no es un escenario vacío, sino que es un lugar de encuentro entre el poeta y la multitud, la población anónima con la que convive, algo que caracteriza el motivo urbano. De este modo, la poesía no sólo habla de la relación con el lugar, sino con lo que vive en él y es capaz de generar en el poeta múltiples sensaciones.

En el caso de Juan Norberto Lerma, la representación del espacio urbano en su discurso poético, honra una voz íntima y privada, que, al evocar la ciudad real, sale a flote la ciudad imaginaria, simbólica, alegórica, que se erigió en su memoria como continuación y proyección del Yo, ya que es parte del mito personal del poeta; que de manera sintética evoca los espacios, envaguece y da lontananza a los objetos, para acomodar los sentimientos y experiencias, desgarradoramente, humanos.

Del paisaje interior, puede resultar una antinomia básica que muestra un secreto natural de la literatura: el de las ficciones que producen realidad; porque el poeta, parece no estar seguro, en algunos momentos, si el paisaje llega a su alma o sale de ella y, con lenguaje crudo escribe:

“Catedrales de harapos brotan en el filo de la calle. \A través de vitrales de plástico, se observan las cocinas. \Manteles de polvo duermen en las mesas, \mujeres oscuras agitan agua bendita en cacerolas. \El pan de sal ofrece su palidez al vuelo frenético de las moscas. (…)”.

No exento de crudeza, ironía y, en definitiva, una exageración de todo lo que pudo haber vivido en un lugar específico, afincado en un país que en el siglo XX atravesó todos los dramas posibles. El poeta escribe:

“(…) \En el altar de la cama, niños de pecho comulgan con las hormigas. \Cortinas borrosas ejecutan una danza pobre, \oponen sus alas raquíticas al polvo, pero sucumben sus plumas. \La liturgia de las mujeres alcanza \para alimentar el cuerpo y oficiar sobre la cama. \Catedrales de harapos son el reino del hombre, \su espíritu vaga mudo en las hendiduras de paredes de madera. \Suenan campanas que se encaminan al agua, \despiertan los perros, el polvo los borra.”

Sabemos que es sobre la base de la representación que actúa el imaginario, tales representaciones, son una forma de traducir en una imagen mental, una realidad material o bien una idea. En la formación del imaginario, se sitúa nuestra percepción transformada en representación a través de la imaginación, proceso por el cual la representación sufre una transformación simbólica; que, en el caso de Juan Norberto Lerma, la ciudad de sus nostalgias, asume la forma de polvo, barro y sombras… Sus versos se encaminan de lo pequeño a lo grande, del detalle hacia el paisaje dilatado.

Entonces, el escenario urbano que el poeta recrea, no es un ejemplo urbanístico que enamora a propios y extraños, por el contrario, es, en palabras de Juan Norberto Lerma: “(…) la ciudad real, la miserable, peligrosa, áspera, desértica, desolada, y repleta de podredumbre material y humana (…)”.

Juan Norberto Lerma, con mucha entereza, logra crear un mapa posible, de la geografía humana, que sirve para entender, por medio de su pluma, dotada de un realismo de corte social, que sincroniza la literatura y la historia personal con una realidad nacional, que es difícil de entender para quién no conoce la realidad de los países que mantienen la brecha social en permanente crecimiento. Describiendo, en medio del polvo, el paisaje humano. Y escribe:

“(…) Todos los caminos yertos \conducen a sus puertas de luz a hombres oscuros. \Templo de lámina, nicho de ladrones, \amigos de la pendencia y del vino se citan en tus bancas de madera. \Baldíos ermitaños custodian tu cuerpo inmenso de bestia, \festejan los gritos, la rabia y la pelea. \En las horas de sol la infamia de la torre negra se ve disminuida, \animal de patas cuadradas, bestia bufa, \el brillo del día te apabulla, \el aliento rancio de tus fieles apenas te sostiene.\Animal de cartón que respira, \símbolo de un culto que aún no se me revela, \vapores de polvo alargan tu figura de fiera. (…).

Su poesía se construye con base en la afirmación de una identidad, que expresa la voz del poeta que destaca aquello que se transformó: al tiempo que reconoce en quien se tornó al hacerse un hombre, que ahora es visto a través de la mirada del niño que él fue. Bello ejercicio de la relatividad del tiempo, de la física, a través de la poesía.

Porque su poesía contempla el pasado, donde experimentó el polvo y el barro, el presente donde el poeta canta con orgullo de ser quien es y deja antever el futuro, donde deposita sus expectativas. Con una construcción poética bastante elaborada, poseedor de una voz poética honesta y desnuda de vergüenzas, Juan Norberto Lerma refleja sobre su trayectoria en la vida, con una postura familiar y optimista. Al tiempo que, hace un elogio a la tierra, hace un honor a sus orígenes y ancestros, diseñando un retrato del paisaje, de manera meticulosa, con una mirada apurada, siempre volteada para el detalle.

Si al principio los granos de polvo le cegaron, también le llevaron de vuelta a los momentos de felicidad que vivió cuando fue niño, y plasmó las escenas al detalle, dejando impresa una característica fuerte de su lírica que, a pesar del paisaje inhóspito, existe el deseo de resistencia, de perseverar, o sea, defenderse, enraizarse y florecer.

Por eso, el autor de “El Imperio del Polvo” eterniza la ciudad, “a través de los ojos de un niño, del niño que fue y que en algún lugar no muy distante se mantiene vivo”, afirma.

Juan Norberto Lerma, en su registro honesto contempla el bien y el mal, lo feo y lo bonito (el polvo y el barro) de su niñez: paisaje de páramos mudos, de polvo que es mancha en la pantalla de la memoria y que ahora, es apenas un paisaje interior, que se volvió mítico, porque yace solamente en su remembranza.

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