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José Antonio Ramírez Lozano / Poesía

Composiciones de José Antonio Ramírez Lozano
 Traducción al italiano por Marcela Filippi

José Antonio Ramírez Lozano, nacido en Nogales (España) en 1950, es escritor, profesor y poeta. Ha publicado novelas, cuentos y literatura infantil y juvenil. En Lozano el lenguaje va más allá de los esquemas convencionales; da forma a nuevos modelos narrativos y poéticos con ligereza e ironía. Afirma que todo gira en torno a las palabras, herramientas que le permiten experimentar con nuevas perspectivas creativas en la escritura, siempre concebida desde un punto de vista lúdico e irónico. Este es el principio en el que se basa y se mueve la pluma de José A. Ramírez Lozano.

José Antonio Ramirez Lozano, nato a Nogales (Spagna) nel 1950, è uno scrittore, professore e poeta. Ha pubblicato romanzi, libri di racconti e di letteratura infantile e per giovani.
In Lozano il linguaggio va oltre gli schemi convenzionali; plasma con leggerezza e ironia nuovi modelli narrativi e poetici. Egli afferma che tutto gira intorno alle parole, strumenti che gli consentono di sperimentare nuove prospettive creative di scrittura, sempre pensate da un punto di vista ludico e ironico. Questo è il principio su cui si basa e su cui si muove la penna di José A. Ramírez Lozano.

Poesie:

Sombras

La tarde se santigua de lechuzas
y el cielo se recoge, impuro por torcaz, 
en el recato de los palomares.

Ya los cirios se abren
paso en las sombras alumbrando
las sombras mismas, esa oscura 
comitiva de lutos, esa fila
de los deudos de Dios con el pabilo 
en mano de la fe, con la moneda 
del arrepentimiento con que saldan 
los mortales el pecio de su horror, 
el ábaco terrible de sus culpas.

Da su hilera en la plaza
y en la cal se recortan los perfiles chinescos 
de las calvas devotas, de las negras 
mantillas, mientras suena
la música de Dios en la calleja y callan
las fuentes en su salmo.

Ombre

La sera si segna di civette
e il cielo si raccoglie, impuro per lievità,
nella modestia delle colombaie.

I ceri ormai si aprono
strada nelle ombre illuminando
le ombre stesse, quell'oscura
comitiva di lutti, quella fila
di congiunti di Dio con lo stoppino
della fede in mano, con la moneta
del pentimento con cui i mortali
saldano il relitto del loro orrore,
il terribile abaco dei loro peccati.

Protende la sua fila sulla piazza
e sulla calce si ritagliano le ombre cinesi
di calve devote, delle nere
mantelle, mentre suona
la musica di Dio nel vicolo e tacciono
le fontane nel loro salmo.

Todavía

Os juro que me iré
como se fue mi padre, así, dejando
encendida la luz de la cocina
y su tazón de leche con galletas
frente al televisor.

Me lo he propuesto, amigos,
-la cama por hacer, la radio puesta-
para que no sospeche
la muerte mi abandono y llegue tarde
por una vez, y tenga
que ir cerrando las puertas
y apagando las luces
una por una, así,
burlada en su tardanza,
torpe en su menester y todavía
la vida de mi parte, ella a la zaga,
los perros de la noche en las callejas
ladrándole furtiva.

Ancora

Vi giuro che me ne andrò
come se ne andò mio padre, così, lasciando
accesa la luce della cucina 
e il suo tazzone di latte con biscotti
davanti al televisore.

Me lo sono proposto, amici,
-il letto da fare, la radio accesa-
affinché non sospetti
la morte il mio abbandono e giunga tardi
per una volta, e debba 
chiudere le porte
e spegnere le luci
una per una, così,
derisa nel suo ritardo,
goffa nel suo mestiere e ancora
vita dalla mia parte, lei indietro,
i cani della notte nei vicoli
abbaiandole contro furtivamente.

Cruz de guía

Y de repente, allí, contra el desgarro
turbio del lubricán, entre chumberas,
por los negros calveros
remotos del canchal, asoma
ya la cruz.

¿De quién son esas voces
tan agrias, la salmodia triste,
destemplada, sin lumbre,
que el ventarrón,a ráfagas,
deshilacha hasta el grito?

¿De qué valle de lágrimas?
¿De qué región sin pastos peregrinan
al huerto de qué miel? ¿Qué estrella guía
su ciega trashumancia?

Acudid al asombro.
Bajan al mundo a tientas
y en la espina lo buscan del rosal.
Dios se da en el castigo, ellos lo saben,
más que en el dulce goce de sus dones.

Croce per guida

E all'improvviso, laggiù, contro lo strazio
torbido del vespro, tra fichi d'india,
tra le nere radure 
remote della pietraia, appare
già la croce.

Di chi sono quelle voci
così stridule, la mesta salmodia,
aspra, senza calore,
che a raffiche, la burrasca,
persino il grido sfilaccia?

Da quale valle di lacrime?
Da quale regione senza pascoli peregrinano
verso l'orto di quale miele? Quale stella guida
la loro cieca transumanza?

Accorrete allo stupore.
Scendono al mondo a tentoni
e nella spina lo cercano dal rosaio.
Dio si dà nel castigo, essi lo sanno,
più che nel dolce piacere dei suoi doni.

Rosa del laberinto

En mitad de las sombras
hay una rosa blanca en la que está
cifrado el laberinto.

Bajas al atrio aquel de los denarios,
donde los publicanos,
y te encuentras de pronto en el museo
de los telegrafistas
en el que dos clarisas ensartan con su aguja
las minúsculas muertas de los abecedarios.

Las monjas te señalan la puerta de salida
y al abrirla te das
con los desolladeros de Estrasburgo
donde matan un buey para Mitrídates.

Escapas entonces del horror
por el ojo del buey que descuartizan
y vienes a parar a la oficina
de patentes de Roma en que registran
un candado de hielo,
las palabras de los agonizantes,
la corambre del mártir san Anilio.

Y el mártir te señala con el dedo
el portón que da al Tíber, pero da
a una alcoba de Praga
donde un hombre de negro que aborrece sus élitros
se suicida con un insecticida.

Y al verlo desesperas y vuelves a intentarlo
porque sabes que en mitad de las sombras
hay una rosa blanca en la que está
cifrado el laberinto y quien la corta
regresará al origen
deshojando sus pétalos, escalones arriba,
hasta dar con el cáliz algún día,
esa copa sagrada de las revelaciones.

Rosa del labirinto

In mezzo alle ombre
c'è una rosa bianca in cui è
cifrato il labirinto.

Scendi nell'atrio quello dei denari,
là dove i pubblicani,
e ti ritrovi all'improvviso nel museo
dei telegrafisti
dove due clarisse infilzano con l'ago
le lettere minuscole morte degli abbecedari.

Le monache ti segnalano la porta d'uscita
e all'aprirla t'imbatti
con i mattatoi di Strasburgo
dove uccidono un bue per Mitridate.

Scappi dunque dall'orrore
attraverso l'occhio del bue che squartano
e vai a parare all'ufficio
di brevetti di Roma dove registrano
un lucchetto di ghiaccio,
le parole degli agonizzanti,
la pelle del martire sant'Anilio.

E il martire ti segnala col dito
il portone che si affaccia sul Tevere, ma dà
su un'alcova di Praga
dove un uomo in nero che aborrisce le sue elitre
si suicida con un insetticida.

E vedendolo ti disperi e riprovi di nuovo
perché sai che in mezzo alle ombre
c'è una rosa bianca in cui è
cifrato il labirinto e chi la taglia
ritornerà all'origine
strappandone i petali, scaloni in alto,
fino a raggiungere un giorno il calice,
quella coppa sacra delle rivelazioni.

Ese río

Por Torales, mi pueblo,
pasa un río sin nombre que crece con nombrarlo.
Un río de sonidos, un caudal de rumores
que está hecho de voces lavanderas
y lejanos balidos y remotos aullidos
y del grito terrible de los niños ahogados.

Basta contar un cuento para que crezca el río.

A veces, es tan alta la crecida
que en las ermitas hubo que dejar de rezar
y estuvieron prohibidos los pregones,
las canciones de amor y hasta las nanas.

El río de mi pueblo no tuvo nunca nombre.
En cuanto se lo ponen,
él lo arrastra al olvido, ese otro mar.

Quel fiume

Per Torales, il mio paese,
passa un fiume senza nome che cresce al nominarlo.
Un fiume di suoni, un flusso di rumori
che è fatto di voci lavandaie 
e lontani belati e remoti ululati 
e il terribile grido dei bambini affogati.

Basta raccontare una storia perché cresca il fiume.

A volte, è così alta la portata 
che negli eremi si dovette smettere di pregare
e furono proibite le invocazioni,
le canzoni d'amore e persino le nenie.

Il fiume del mio paese non ha mai avuto un nome.
Appena glielo danno,
esso lo trascina nell'oblio, quell'altro mare.

Vaca sola

Hay una vaca enorme aquí en mi sueño
que pasta entre las tumbas.
Una vaca que ignora el himno de los mártires,
el ciclo de las témporas
y que apedrean los deudos cuando acuden
con su hebra de luto y sus flores de plástico.
Sobre su piel dibuja el mundo
los negros continentes, los océanos blancos.
Y ella ignora su peso, la deuda de los días,
el signo que el destino ha escrito en su testuz
y que sólo los hombres logran interpretar.

Su mugido es oscuro, como el turbio
acecho de la ira, la cuerna del hondero.
Y convoca en agosto las tormentas de azufre,
los tábanos de fuego que pregonan
el lubricán del juicio, ese arrecife último
de las generaciones.

Ella ignora la promesa de Dios,
pero se deja, mansa,
ordeñar por el ángel de la desolación
mientras camina lenta,
arrastrando sus ubres, el hilo de su leche
sobre las matas verdes de ortiga y achicoria,
sobre las tumbas negras que aguardan todavía
el vano despertar, el alba de la carne.
N.B.: La vaca es una metáfora de España 

Vacca sola

C'è un'enorme vacca qui nel mio sogno
che pascola tra le tombe.
Una vacca che ignora l'inno dei martiri,
il ciclo delle tempora
e che i congiunti quando arrivano lapidano
con il loro filo di lutto e i loro fiori di plastica.

Sulla sua pelle disegna il mondo
i continenti neri, gli oceani bianchi.
Ed essa ignora il suo peso, il debito dei giorni,
il segno che il destino ha scritto sulla sua fronte
e che solo gli uomini possono interpretare.

Il suo muggito è scuro, come la torbida
minaccia della rabbia, il corno del fromboliere.
E convoca in agosto le tempeste di zolfo,
i tafani di fuoco che proclamano
il tramonto del giudizio, quello scoglio ultimo
delle generazioni.

Essa ignora la promessa di Dio
ma, mite, si lascia 
mungere dall'angelo della desolazione
mentre cammina lentamente,
trascinando le sue mammelle, il filo del suo latte
sui cespugli verdi di ortica e cicoria,
sulle tombe nere che attendono ancora 
il vano risveglio, l'alba della carne.

Mirlo cotidiano

Para Rosalía, huésped de su jardín.

Ajeno a las preguntas
y a las revelaciones,
el cielo tuyo y mío
será el mismo del mirlo que escuchamos 
cantar cada mañana.

Dame tu mano. Cierra
bien los ojos al mundo y abandónate 
a la sabia lección
de su fragilidad, al breve
azar con que sortea los instantes 
que aún están por llegar
y, sin embargo, adelanta su pico. 
Escucha como burla los sentidos 
con sólo celebrarlos.

Y canta y se sostiene
-mirlo divino, tímpano del día- 
eterno en su ignorancia.

Merlo cotidiano

Per Rosalia, ospite del suo giardino

Estraneo alle domande
e alle rivelazioni,
il cielo tuo e mio
sarà lo stesso del merlo che sentiamo
cantare ogni mattina.

Dammi la tua mano. Chiudi
bene gli occhi al mondo e abbandonati
alla saggia lezione
della sua fragilità, al breve
azzardo con cui elude gli istanti
che ancora devono arrivare
eppure, anticipa il becco.
Ascolta come burla i sensi
semplicemente celebrandoli.

E canta e si sostiene
-mirlo divino, timpano del giorno-
eterno nella sua ignoranza.

Oscuro arcángel 

 Ya no temo al diablo. Temo más 
-mucho más que a su horror de cuando niño-
a su terrible ausencia, esa certeza 
de que sólo esté Dios y que no tenga 
para vivir más que virtud y cielo, 
sin comezón ni sal, 
sin el veneno tan ebrio de la carne. 

Jamás temí al arcángel del pecado. 
Tampoco a su belleza. Temo, sí, 
que me pase de largo por la vida 
y ni me tiente apenas, ni me mire, 
o que vaya a mirarme con piedad. 

¡Oh, ven, Luzbel, a mí! Bórrame el sueño 
maldito de lo eterno y hazme sólo 
mortal entre las bestias. Tú, que has visto 
de cerca a Dios y renunciaste al Cielo 
por la lujuria de la sangre, bésame 
y que sea tu boca quien delate 
mi nombre a los esbirros de la Muerte. 

Arcangelo oscuro

Non temo più il diavolo ormai. Temo di più
-molto di più del suo orrore di quando ero bambino-
la sua terribile assenza, quella certezza
che ci sia solo questo Dio e di non avere
per vivere altro che virtù e cielo,
senza corrosione né sale,
senza il veleno così ebbro della carne.

Non ho mai temuto l'arcangelo del peccato.
Nemmeno la sua bellezza. Temo, sì,
che oltrepassi la mia vita 
e non mi tenti quasi, e nemmeno mi guardi,
o che possa guardarmi con pietà.

Oh vieni, Luzbel, da me! Cancella il mio sogno
maledetto dell'eterno e rendimi soltanto
mortale tra le bestie. Tu, che hai visto
da vicino Dio e hai rinunciato al Cielo
per la lussuria del sangue, baciami
e che sia la tua bocca a tradire
il mio nome agli sbirri della Morte.

Martirio de San Icasio

 Más allá de las viñas, donde Corambo deja
su condición feraz para dar paso al yermo
ruin de la Mandrágora, Icasio,el santo, ayuna
disputándole el sitio al cuervo y al lagarto.
Turbio de soledad, al mundo tan ajeno
que apenas me conoce siendo su soberano.

–Dime quién eres, dame –me inquiere con su dedo–
tu nombre de una vez para que pueda amarte
con mi voz, como aman a Dios sus criaturas.

–No te daré mi nombre. Soy tu try, eso basta.
Dios, si te ha dado el suyo, fue sólo porque vive
de la misericordia de aquellos que lo invocan.
Yo no tengo otra cosa que palabras. Corambo
es mi obra. Yo vivo tan sólo de nombrar
mientras, mudo, tu Dios aguarda que lo nombres.

–¿Y cómo siendo tú tan soberbio no admites
que te llame, si el nombre ha sido la raíz
de ese vicio tan viejo con el que te coronas?

–Ni la piedad consiendo ni la humildad tampoco.
Que sepas bien, Icasio, que la palabra sólo
se debe a la victoria y que yo nunca doy
la mía porque nadie pueda así someterme.

–¿Es Dios por eso acaso un hombre sometido?

–Dios nunca se entregó. Dios vive de no estar
donde lo buscan todos, repartido, innombrable
de tan añicos, huésped siempre mudo en su himno
que lo celebra y hace latir en vano el débil
corazón de los fieles con su misericordia.
Yo no diré mi nombre jamás a mi enemigo.
Yo no quiero que un ángel rebelde me traicione
y arrebate mi luz. Debes saber tan sólo
las sílabas precisas de mi reino, Corambo.
Repíyelas, Icasio, y habitarás su lumbre.

–De ninguna manera. Yo no me debo a otro
reino que el de Dios Padre y no espero otro amparo
que aquel de su infinita piedad tan redentora.

–Él no te nombrará. Él nunca te nombró
como yo ahora te nombro, Icasio, para darte 
consistencia de vida, razón a tu impostura.
Vivirás mientras digas y, a cambio, no tendrás
que invocarme. He sellado mi nombre para siempre.
He mandado también derribarles los templos
a los desheredados para no darle así 
ocasión a esa indigna virtud de la piedad.
Vivirás mientras digas. La palabra es el reino.

–Dios está más allá de las palabras, vive
 de su ausencia y nos habla callando al corazón.

–Desprecias la palabra, Icasio, porque es ella 
quien castiga la amarga soledad de este yermo.
Tu renuncia del mundo no es más que la impotencia
de tu odio por él. Sin embargo, tú sabes
que sólo la palabra le da forma a la vida
y de no ser por ella ni siquiera ese Dios
sustantivo que amas se tendría se tendría en su esencia.
Te arrojaré de ti si reniegas del nombre
del que vives, herencia única en que te tienes.
Eres porque te llamo y a mi sometimiento
debes tú la gozosa sucesión de tus días.
Te arrojaré de ti, te vaciaré del nombre
que tanto te contuvo para darte a la nada.
Un verso te concedo, un verso sólo, Icasio,
para que te arrepientas y vuelvas sobre ti.
Si no, será la nada terrible del papel
en blanco quien acabe con la que fue tu vida.

–No le temo a nada. Mátame ya de ausencia.

–Tú lo quisiste, Icasio. Este último verso
será el filo que rompa la vena tan oscura
de tu caligrafía. Al fin y al cabo tú
–¡oh pasión de la voz, edad de mi escritura!–
no fuiste más que otra palabra del poema.

Martirio di San Icasio

Al di là delle vigne, dove Corambo lascia
la sua fertile condizione per far posto al deserto
spregevole della Mandragora, Icasio, il santo, digiuna
rivendicando il posto del corvo e della lucertola.
Torbido di solitudine, il mondo tanto alienato
che a malapena mi conosce essendo io il suo sovrano.

–Dimmi chi sei, dammi –mi intima col suo dito–
il tuo nome in definitiva affinché possa amarti
con la mia voce, così come amano Dio le sue creature.

–Non ti darò il mio nome. Sono il tuo re, ciò basta.
Dio, se ti ha dato il suo, è stato solo perché vive
della misericordia di chi lo invoca.
Io non ho altro che parole. Corambo
è la mia opera. Io vivo solo per nominare
mentre, muto, il tuo Dio attende che tu lo nomini.

–E come mai essendo tu così superbo non ammetti
che ti chiami, se il nome è stato la radice
di quel vizio tanto vecchio con cui ti incoroni?

–La pietà non acconsento, né l'umiltà nemmeno.
Sappi bene, Icasio, che la parola solo
si deve alla vittoria e che io non do mai
la mia affinché nessuno possa sottomettermi.

- È forse per questo Dio un uomo sottomesso?

–Dio non ha mai ceduto. Dio vive del non essere
dove lo cercano tutti, distribuito, innominabile
perché di tanti pezzi,  ospite sempre silenzioso nel suo inno
che lo celebra e fa palpitare in vano il debole
cuore dei fedeli con la sua misericordia.
Io non dirò mai il mio nome al mio nemico.
Non voglio che un angelo ribelle mi tradisca
e mi strappi la luce. Deve solo conoscere
le sillabe precise del mio regno, Corambo.
Ripetile, Icasio, e abiterai la sua luce.

-In nessun modo. Io non mi lego ad altro
regno che quello di Dio Padre e non aspetto altra protezione
che quella della sua infinita pietà così redentrice.

–Egli non ti nominerà. Egli non ti ha mai nominato
come ora io ti nomino, Icasio, per darti
consistenza di vita, ragione alla tua impostura.
Vivrai finché dirai e, in cambio, non dovrai
invocarmi. Ho sigillato il mio nome per sempre.
Ho anche ordinato di distruggere i templi
ai diseredati per così non offrire 
occasione a quella indegna virtù della pietà.
Vivrai finché dirai. La parola è il regno.
–Dio è al di là delle parole, vive
della sua assenza e ci parla tacitando il cuore.

–Disprezzi la parola, Icasio, perché è lei
che punisce l'amara solitudine di questo deserto.
La tua rinuncia al mondo non è altro che l'impotenza
del tuo odio per esso. Tuttavia, tu sai
che solo la parola dà forma alla vita
e se non fosse per lei nemmeno quel Dio
sostantivo che ami lo si avrebbe nella sua essenza.
Ti espellerò da te se rinneghi il nome
di cui vivi, eredità unica in cui ti reggi.
Sei perché ti chiamo e alla mia sottomissione
devi la gioiosa successione dei tuoi giorni.
Ti espellerò da te, ti svuoterò dal nome
che ti ha contenuto tanto per offrirti al nulla.
Ti concedo un verso, un verso solo, Icasio,
affinché tu ti penta e torni a te stesso.
Altrimenti, sarà il terribile nulla del foglio
in bianco che finirà con quella che fu la tua vita.

-Non temo il nulla. Uccidimi già d'assenza.

–Lo hai voluto tu, Icasio. Quest'ultimo verso
sarà il filo che spezzerà la tanto oscura vena
della tua calligrafia. In fin dei conti tu 
–Oh passione della voce, età della mia scrittura! -
non sei stata che un'altra parola della poesia.

Detalles para el lector:

Corambo es el nombre inicial, la sucesión de los nombres, que va creando y abriendo el lugar del poema, ese ámbito privilegiado en el que vive el espíritu creativo en toda su plenitud y su libertad. Épica de la palabra creadora, de los asedios  a los que se ve sometida y de absoluta necesidad para la conciencia humana en cualquier tiempo.

Dettagli per il lettore:

Corambo è il nome iniziale, la successione dei nomi, che crea e apre il luogo della poesia, quell'ambito privilegiato in cui vive lo spirito creativo in tutta la sua pienezza e libertà. Epica della parola creatrice, degli assedi a cui  questa è sottoposta , e di assoluta necessità per la coscienza umana in ogni tempo.

Furtiva

Como la nieve cae
furtiva en la alta noche y va pisando
descalza los baldíos
sin que apenas las sombras
sospechen la costumbre
de su mansa blancura,
así también tu mano,
fría bajo las sábanas,
busca mi cuerpo tibio y lo acaricia
sin que la Muerte sepa
la virtud de su acto, su certeza,
el copo con que alivia
mi oscuro desamparo.

Furtiva

Così come cade la neve
furtiva nella notte alta e scalza
va calpestando la desolazione
senza che quasi le ombre
sospettino la consuetudine
del suo mansueto candore,
così anche la tua mano
fredda sotto le lenzuola,
cerca il mio corpo  tiepido e lo accarezza
senza che la Morte conosca
la virtù del suo tatto, la sua certezza,
il fiocco con cui lenisce
il mio oscuro avvilimento.

San Tacio y las hormigas

Las hormigas recaudan
para las catedrales
pequeños cristalitos,
almíbar de libélulas 
y arena de Salónica 
para los arbotantes.

Las beatas maldicen 
su migaja de luto.

Y las hormigas buscan 
ocultas cerraduras
para sacar la herrumbre, 
el musgo del diablo,
los corazones secos 
de las viejas polillas.

San Tacio les predica 
un cielo de alacenas
donde una mártir corta 
su pechito de azúcar 
venial para ellas.

San Tazio e le formiche

Le formiche raccolgono
per le cattedrali
piccoli cristalli,
sciroppo di libellula
e sabbia di Salonicco
per gli archi rampanti.

Le beate maledicono
la loro briciola di lutto.

E le formiche cercano
occulte serrature 
per togliere la ruggine,
il muschio del diavolo,
i cuori secchi
delle vecchie tarme.
San Tazio predica loro
un cielo di credenze
dove una martire taglia
il loro piccolo petto di zucchero
veniale per esse.

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