Maurizio Bagatin
Son nuestros hijos, los hijos de Génova.
La historia que retorna, y reaparecen Caín y Abel y los muchachitos de Balsorano. Poesía que recorre el “omo nero” y el miedo, el dolor que pide silencio y la fuerza que invita al grito, lo suplica, porque necesario.
Vuelve un tiempo que fue. Y con él un nuevo lenguaje, nuevas imágenes, los mismos dilemas de siempre. Edipo y fascis que creíamos enterrados para siempre. Alguien que no quiere oír hablar de ur-fascismo, que de toda manera es eterno. Cambió mil veces de traje: “…la corbata a juego con la camisa”, cantos que nunca fueron populares.
Bailan y cantan en carnaval, sonríen al poder trágico, a la fuerza del mal. Turín, Minneapolis o Teherán, jóvenes esperanzas en la postilla en versos de Pier Paolo Pasolini: “Estamos cansados de convertirnos en jóvenes serios,/o contentos por la fuerza, o criminales, o neuróticos:/queremos reír, ser inocentes, esperar/algo de la vida, pedir, ignorar./No queremos estar tan seguros de inmediato./No queremos estar así de pronto sin sueños…/Huelga, huelga, compañeros! Para nuestros deberes./Queremos sonreír como los niños/ de Balsorano…Ustedes piensen en nuestros deberes/ que a nuestros derechos, si queremos, nos ocuparemos nosotros…”