Maurizio Bagatin

Los dioses son ellos, Dios no existe. Teología e teleología se podrán mirar las caras y desistir, el duelo fue desde un inicio impar, nunca injusto, nunca imparcial, impar, hoy ganó el oficio. No siempre es así, pero hay una regla que confunde a moros y a cristianos y es la del error y la perseverancia. En la cruz nunca termina Barrabas…

Se enfrentaban dos escuelas, ambas obreras de extracción y todo el mundo se paralizó. Los obreros primeros, fe sin Dios y dogma que no oculta nada a nadie. Otra cosa era nuestro pelotear por canchas eternamente irregulares y con una narración que me sale bien solo en mi dialecto -las patadas, el polvo, los partidos sin fin son obras dialectales- otra cosa es el sudor casero. El olimpo pensaba en nosotros como el Aquiles que entierra al Héctor.

Hoy ganó el oficio, por eso “el mestiér” que necesita poco en traducirlo mientras al retorno en el metro de Paris te acordaras del joint compartido con los senegaleses y la chica asustada. Como en La pequeña vendedora de prosa de Daniel Pennac, fabulosa trilogía de un chivo expiatorio ante litteram. Es siempre la palabra en conocer mas cosas de las que imaginábamos.

A pocos pasos Giuseppe Verdi toca el Aida, los obreros gozan del sábado que no es fascista, la banalidad del mal, la que intentó explicarnos Hannah Arendt, es la de siempre, no me acuerdo en que porcentaje, pero la industria de las armas italiana tuvo en 2021 uno de sus mejore años.

Nosotros lo hemos leído solo en libros de los luditas que rompían, de Sacco y Vanzetti, de Marx y la plusvalía. Otra es la religión hoy. El oficio -el mestiér- gana hoy sobre aquel margen de error humano que nos permite aun poesía y sudor.

Imagen: Estación Arts et Metiers, Paris