Homero Carvalho Oliva

Realizar una investigación en Bolivia es una tarea difícil, pues no existen instituciones que las auspicien y los investigadores tienen que hacer sacrificios para lograr concluirlas exitosamente: investigan después de las horas de trabajo robándoles tiempo a sus familias, gastan de sus propios recursos económicos para adquirir los libros que enriquezcan la bibliografía y trabajan los fines de semana quemándose las pestañas ya no frente a una vela sino frente a la pantalla del computador. Uno de estos valiosos y valientes investigadores es Juan Carlos Flores, comunicador social.

Después de muchos meses de investigación, de lecturas, de consultas, de testimonios, de cotejar datos, de escribir y de revisar, ahora nos entrega su libro Historia de la televisión en Bolivia. El investigador con la honestidad intelectual que lo caracteriza reconoce a quienes lo antecedieron en este tema y sobre algunos de esos ensayos va cuestionando algunos mitos internacionales y nacionales.

 El libro está dividido en tres partes y cuatro capítulos, además de una presentación. En la primera parte Juan Carlos resume hábilmente la historia de la televisión en el mundo, sin olvidarse de la imprenta y de la radio; luego se ocupa de “sus padres”, nombrando a los precursores y a los primeros inventores que habrían de cambiar la comunicación y el entretenimiento en el planeta entero. El segundo capítulo reseña el surgimiento de la televisión en Latinoamérica y en Bolivia: “México fue el primero de los países latinoamericanos en acoger este nuevo medio de comunicación, además de ser la sexta nación a nivel mundial en disponer de la televisión”, nos informa Juan Carlos y va siguiendo la huella de la televisión por cada uno de los países de América Latina hasta llegar al nuestro, que de hecho fue el último en incorporarla al espectro de las comunicaciones nacionales.

En la parte que le corresponde a Bolivia realiza un minucioso y detallado seguimiento de los orígenes de la televisión nacional, sus antecedentes y precursores como el Instituto Cinematográfico Boliviano y recurre a otro gran investigador como Raúl Rivadeneira para citar hallazgos y consolidar los suyos. Hasta llegar al “19 de junio de 1968 se creaba mediante Decreto Supremo 08395, la Empresa de Radio y Televisión Boliviana (RTB) como entidad autárquica y con personería jurídica. Cinco meses después, mediante el Decreto Supremo modificatorio 08571, se deja sin efecto algunos artículos de la anterior norma y nacía la Empresa Nacional de Televisión Boliviana (ENTBOL)”, lo demás es lo que vivimos hoy.

En la segunda parte su mirada se vuelca por entero al desarrollo de la televisión en nuestro país, tanto de la estatal, como de las universitarias y de los canales privados, titánica tarea la de Juan Carlos porque en Bolivia existen muchos canales productos de emprendimientos privados, desde pequeños en los pueblos hasta gigantescas cadenas nacionales. Me encantó leer algunas anécdotas divertidas de personalidades de la televisión boliviana, así como de programas que marcaron hitos en la televisión nacional.

En la tercera parte su investigación se vuelve crítica con respecto a la programación, cuestiona el rol mismo de la televisión nacional en su conjunto como “formadora o deformadora de la realidad social”. Juan Carlos concluye que “una buena imagen y sonido óptimo no son suficientes para apreciar y disfrutar un programa. Hace falta mejorar el contenido, transformarlo desde sus raíces para que nuestra sociedad pueda virar 180 grados y darse cuenta que la televisión es otra cosa: un medio de comunicación donde lo educativo, lo informativo y lo entretenido pueden coexistir sin ningún tipo de rencillas ni rencores”, en esta parte hace un recuento gobierno por gobierno, realmente muy interesante. Respecto al canal estatal, que debería ser del Estado y no de los gobiernos, señala certeramente: “Hoy, Bolivia TV llega a todos los confines del país sin excepción. Tiene una señal poderosa que traspasa los límites fronterizos y alcanza el nivel internacional; sin embargo, estos avances no están a la par del profesionalismo humano, factor que en muchos casos impide un desarrollo ecuánime y equilibrado”.

En este mismo capítulo continúa con la era digital que es la que viviendo hoy en día y concluye de manera magistral: “Son casi 50 años de la aparición de la televisión en Bolivia, un sistema audiovisual que nació bajo el signo de la dictadura y continuó siendo presa fácil de los gobiernos de turno. A partir de ese momento se convirtió en un apéndice instrumental de las organizaciones políticas que detentaron el poder, razón por la que no se vislumbró ese servicio público tan añorado, tampoco se desarrollaron políticas educativas y/o culturales, sino por lo contrario, primó la propaganda gubernamental con escasos atisbos de emprender una nueva faceta que beneficie a la sociedad en su conjunto”.

Sin duda alguna, el libro Historia de la televisión en Bolivia es un magnífico aporte y creo que debería ser texto oficial de estudio en todas las carreras de comunicación social tanto del sistema estatal como del privado. ¡Felicidades, un gran trabajo!