Maurizio Bagatin

«Un niño que muere de hambre es un niño asesinado» – Jean Ziegler –

Me levanto temprano y preparo el café. No hay día sin café. Esta que puede pasar por una acción rutinaria, común y hasta banal, es en realidad mi primera acción política del día. Aunque no parezca, si reconocemos la marca del café que vamos a tomar, de dónde viene, cómo y por quiénes ha sido producido, quienes lo han torrado o tostado y quienes luego lo han comercializado, nos introduciremos en la dinámica más política que existe hoy, y que desde luego, siempre ha existido: la dinámica del capital, del consumo, del comercio. ¡Esta es una acción política! Decidir que consumimos, cual café vamos a tomar, si es Nescafé (… ¡que no es café!…) o un café producido por una familia campesina del Valle del Cauca en Colombia o una otra familia de Sem terra del Brasil, quizás por una familia de los yungas de La Paz, es una acción política trascendental. Aunque no parezca. La revolución contemporánea, la revolución del posmodernismo se hace al supermercado. Si sabemos lo que consumimos, sabremos lo que somos.

“El siglo XIX empezó a desarraigarnos de antiguas tierras, de culturas milenarias, de casas centenarias. Hoy nos hemos convertido en errantes en el espacio y en el tiempo. Heidegger habló de Heimatlosigkeit (ausencia de patria, desarraigo) en nuestro tiempo. Nos lanzamos en una aventura desconocida. Pero hoy descubrimos tener una Matria. Perdida en la inmensidad cósmica está la pequeña naranja azul de nuestro origen, con la diversidad infinita de sus árboles, de sus flores, de sus animales, de su humanidad. Es en ella, con ella que seguiremos itinerantes en la aventura desconocida”. Esta bellísima disquisición es de Edgar Morin, el cual intuyó que la producción, el mercado, el ritmo absurdo al cual el hombre iba a someterse eran herramientas estupefacientes, de las cuales solamente una mirada ecologista, una conciencia ecologista y una acción ecologista podían salvarnos.

El mercado actual no es la simple destrucción reglamentaria, institucional y jurídica, es de la misma manera “producción” de un tipo de relaciones sociales, de formas de vida, de subjetividades. Desde el momento que inspira políticas concretas, niega de ser ideología porque es la “razón” misma. Todo esto hace que el individuo desaparezca, el mercado actual eclipsa toda ánima mundi de nuestros imaginarios, de toda realidad: es el metrò, boulot, dodò que rinde inhumanos los seres y los encierran en una espectacularización sublime solo para el mercado mismo, para un sujeto abstracto que devora a sus hijos, días tras días.                           

Ciencia y tecnología han permitido al hombre alcanzar logros inimaginables hace 50 años atrás, pero tres grandes problemas para la humanidad han quedado aún irresueltos, quedan pendientes tres grandes problemas que a diario todos los seres humanos enfrentamos, en distintos horarios y con distintas elecciones, sea por factores culturales, religiosos, biológicos o geográficos, se trata de las necesidades primarias para el hombre: el desayuno, el almuerzo y la cena. Este es la acción política por antonomasia, es la acción que define cual es nuestra huella ecológica, cual es nuestro principio de responsabilidad, es la acción que nos demuestra quienes somos.  

Comprando productos de estación, del país, de la región, mejor aún si del pueblo adonde vivimos, de la agricultura familiar campesina, de nuestros vecinos, si consumimos lo que podemos producirnos, si consumimos alimentos que sabemos quienes lo han cultivado, transformado y comercializado, si consumimos un producto que pueda ofrecerte su nombre y su apellido: el tomate de Mario Herrera, el pan de José Ortega, las manzanas de Carlos Quispe: estas son acciones políticas que a diario podemos realizar.                                                       

Producirnos nosotros mismos una lechuga, una espinaca y un tomate, hacerse el pan, prepararse una mermelada, son pequeñas acciones que nos liberan de cierta dependencia y nos hace sentir más libres, más independientes y responsables en nuestra política alimentaria. Una acción simple y fuerte al mismo tiempo. Una acción política que el PIB no calcula.

Confiar en realidades consolidadas en nuestro territorio, la ECO Feria en Cochabamba, la Eco Tambo en La Paz, la Plataforma Agroecológica en Santa Cruz de la Sierra, en el circuito Slow Food, algunos restaurantes que se proveen de campesinos conocidos y en ferias y tiendas especializadas que comercializan productos certificados por tercera parte u con el sello Spg (Sistema participativo de Garantía); en todo el mundo existen iniciativas que rompen con el capitalismo salvaje y proponen otra vía posible para nuestra primera acción política del día.             

En Italia existen los GAS (grupos de compras solidarias), Libera (asociación que produce en terrenos secuestrados a la mafia) las cooperativas CTM (Cooperativas Tercer Mundo), en Perú las eco ferias y las tiendas Frutos de la tierra que se proveen de los pequeños productores, en Brasil la RED Ecovida que ofrece hasta una cooperativa de consumidores, como espacio de compras y de socialización de temas de política alimentaria.   

¿Sabemos lo que comemos?

Michael Pollan es un escritor norteamericano de suceso, en su libro más conocido El dilema del omnívoro aborda la aparentemente sencilla pregunta de qué deberíamos comer, ofreciéndonos unas respuestas que tienen profundas implicaciones políticas, económicas, psicológicas e incluso morales para todos nosotros. El hecho de que seamos omnívoros y podamos ingerir todo tipo de alimentos hace que nuestro acto de decidir qué queremos comer se vuelva un dilema, sobre todo ante la abundancia de productos que nos ofrece el desconcertante y traicionero mercado alimenticio. Cuando escogemos nuestro tipo de alimentación, no solamente entra en juego la salud propia o la de nuestros hijos, sino la de todo el medioambiente. Este brillante texto nos ofrece la pregunta clave de nuestras acciones diaria: ¿Qué comeremos hoy?

Dilema que Elias Canetti, Nobel de Literatura en 1981, intuyó visionariamente, el alimento además de ser la primera necesidad del hombre es poder: “Todo lo que comemos es objeto de poder” escribe en su obra capital Masa y poder, lo que nos alimenta, lo que nos ofrece placer, lo que una guerra puede hacer desaparecer, lo que un carestía, una sequía u otra calamidad natural puede generar cambios en las políticas nacionales y a veces internacionales, es poder.

Nuestras culturas son permeadas de alimentos, partes intrínsecas de nuestras culturas son la agricultura y la gastronomía…desde que los pueblos de Mesoamérica iniciaron la domesticación del Teocintle hasta llegar a la tortilla que alimentó a Pancho Villa transcurrieron más de 8000 años…en la Media Luna Fértil surgieron las primeras civilizaciones neolíticas y se originó la agricultura y la ganadería… en ciertas regiones de China la cultura del arroz, en los Andes sudamericanos la cultura de la papa y en el África subsahariana la del sorgo. Alimentos que han hecho la cultura de una civilización, han decretado políticas de enteras naciones, la historia de la humanidad. Si los mexicanos se consideran hijos de maíz, si los andinos han hecho de la papa su pan, es porque el alimento es parte de nuestro progreso civilizatorio como también de nuestros tropiezos históricos: diferentes hambrunas históricas se han generado a causa de pésimas políticas agrícolas y hoy una buena parte de las enfermedades que sufre el hombre también son causadas por las malas elecciones de nuestras dietas diarias.

El tomate que acompaña nuestro amado k’allu, el locoto de la placentera llajwa, la frutilla que ofrecemos a nuestros hijos y hasta la coca que muchos de nosotros akullica hoy reciben hasta 70 aplicaciones de agroquímicos sintéticos antes de llegar a nuestras bocas…

Comer es un acto político…”Hablemos de política: ¿que comemos esta noche?” decía Totò… comprar es un acto político, “Todo lo que comemos es objeto de poder” sostenía Elias Canetti.

Entrar en un supermercado y llenar irresponsablemente el carrito de compras puede compararse con un bombardeo de la ciudad de Alepo. Hoy más que nunca el escoger nuestro menú es una acción política que puede ser más determinante que el voto que emite un ciudadano en las urnas electorales…porque en lugar de preguntarnos el porqué del precio “caro” de un producto orgánico u ecológico, nos preguntáramos el porqué de lo barato de una comida chatarra…si finalmente volveremos a decirnos buen provecho, en lugar de buena suerte, porque no sabemos lo que comemos, nuestra acción política diaria está cumplida…y si sabemos lo que comemos, sabremos también lo que somos…

Hoy más que nunca el escoger nuestro menú es una acción política que puede ser más determinante que el voto que emite un ciudadano en las urnas electorales…porque en lugar de preguntarnos el porqué del precio “caro” de un producto orgánico u ecológico, nos preguntáramos el porqué de lo barato de una comida chatarra…si finalmente volveremos a decirnos buen provecho, en lugar de buena suerte, porque no sabemos lo que comemos, nuestra acción política diaria está cumplida…y si sabemos lo que comemos, sabremos también lo que somos…

Bibliografia:

. Illich, Iván, Obras reunidas, Fondo de Cultura económica, México, 2006

. Jonás, Hans, El principio de responsabilidad, Herder, Barcelona, 1995

. Morin, Edgar, Introducción al pensamiento complejo, Gedisa, Barcelona, 1997

. Diamond, Jared, Il mondo fino a ieri, Einaudi, Torino, 2013

. Latouche, Serge, La apuesta del decrecimiento, Icaria, Barcelona, 2008

. Pollan, Michael, Il dilema dell’onnivoro, Adelphi, Milano, 2013

. Ordine, Nuccio, L’utilità dell’inutile, Bompiani, Milano, 2013

. Crutzen J., Paul, Benvenuti nell’Antropocene!, Mondadori, Milano, 2005

. Augè, Marc, Futuro, Bollati Boringhieri, Torino, 2012