El fútbol como deporte me encanta la política como mecanismo organizador de la convivencia social me apasiona. Ambos son inevitables en la vida cotidiana pese a los renuentes que los niegan de dientes para afuera.
Son un producto de la actividad humana, tienen grandes parecidos, el fútbol es un reflejo cultural, político y económico de la sociedad, que moldea comportamientos al igual que lo hace la política. Las pautas culturales se producen y reproducen con contundencia.
Como la política no siempre es conducida por actores con sensibilidad social en busca del bien común, sino por personas centradas en intereses particulares, se generan contravalores que son adoptados y emulados por importantes sectores de la sociedad. Lo mismo pasa en el fútbol, los dirigentes no siempre lo son porque aman el deporte, sino porque es un espacio para hacer buenos negocios o tener una presencia pública glamorosa, viven el momento con intensidad al igual que el candidato que desprecia la política, pero ve una oportunidad de mejorar su situación personal o estar en la foto.
Esto no debería ser normal y peor aún gratificante, con mayor razón si afecta a toda la sociedad.
De este modo, las elecciones subnacionales y locales están preñadas de zozobra, las urnas se han convertido en una ruleta rusa, los candidatos son volteados como muñequitos de parque de diversiones, las maquinarias electorales sin ideas están dedicadas a copar el mercado y promover su mercancía-candidato antes que satisfacer las necesidades del elector, buscan caras nuevas y apolíticas desairando sin clemencia a Aristóteles, la experiencia es una majadería despreciable.
Esta realidad social no es patrimonio exclusivo de la política, se refleja como en un espejo en el fútbol, con la agravante de que todo lo que hacen es inobjetable asi se cometan delitos, están protegidos por reglas propias, con el fin de evitar la interferencia de la política. En los hechos la presencia estatal fue reemplazada por una logia infractora, cuyo código de vida es que funcione el negocio y se obtengan grandes ganancias, el resto no importa.
Los dirigentes son padrinos empresarios negocian con la mercancía-jugador-técnico, que es ofrecida al mejor postor, son arbitrarios, deciden sin mayor control, pueden echar a técnicos y a jugadores a su placer, no cuentan con proyectos de largo aliento, viven al impulso de las redes sociales o apoyados en barras corruptas, arman roscas poderosas con sus pares para administrar los millonarios recursos federativos, empero cuando se agotan los recursos, se terminan las lealtades y son abandonados, despreciados y reemplazados. El dirigente también había sido mercancía.
La mercancía-jugador es rematada o descartada cuando pierde su valor o su capacidad de generar ingresos. Su breve existencia útil está sometida a presiones, extorsiones, manipulaciones e ingratitudes, que son compensadas por el aplauso volátil del hincha
Como son parte de un sistema comercial, están sujetos a influencias perversas que pretenden inducirlos a la apuesta, a la venta de partidos, a tender la cama a técnicos exigentes o a darse una escapadita al boliche o visitar a hurtadillas a alguna dama que los encandilo.
También está la mercancía-director técnico, sometida a los mismos vaivenes, tiene sobre su cabeza la espada de Damocles, que al mínimo error le cae sobre su cabeza, el dirigente endiosado tiene en sus manos el destino de estos profesionales que aguantan impertinencias, abusos y maltratos, aunque muchas veces sucede al revés
Ambos son amados u odiados por el hincha, que es un director técnico sin título y deja en ridículo a Pep Guardiola, sus críticas son demoledoras o flexibles dependiendo de los resultados. Se parecen al militante partidario, siempre están ahí, ilusionados con los resultados, pocos en las malas, una mayoría en las buenas.
No puede faltar la agudeza y el conocimiento del periodista deportivo, unos con ecuanimidad y otros como parte del negocio.
Ahh, están los “hombres de negro” que tienen el privilegio de unir al público en un rechazo unánime incluso antes de que empiece el partido, hay que ser muy valientes para ser árbitro o vocal de un tribunal electoral.
El próximo mundial de fútbol ha puesto a la política y al deporte en la misma bolsa y en su peor versión, mientras se producen guerras de extinción nunca antes vistas, la FIFA sigue en el negocio y garantiza que en una parte del mundo habrá fiesta mientras en el otro hay masacre. En estos términos la política y el fútbol, me dan vergüenza y asco.
Por ahora en nuestra Bolivia, el elector y el espectador están cerca del cielo como del infierno, todos quieren que gane su candidato o equipo en cancha o en mesa.
Sucre, 22 de marzo de 2022