La crisis orgánica por la que atraviesa el estado boliviano requiere de respuestas urgentes no solo en lo económico sino en todos los frentes con el fin de construir un nuevo orden político y social, a partir de una propuesta cultural contrahegemónica a la que impuso el neopopulismo autoritario en los pasados 20 años.
No es una tarea sencilla y mucho menos algo que corresponda a un reducido grupo de personas, es una tarea monumental a cargo del partido político que debe expresar las nuevas concepciones de mundo desde la base misma de la sociedad civil moderna.
El régimen dictatorial electoralizado ha llegado a su fin, la reconstrucción de la democracia plena es una responsabilidad de largo alcance que no debe quedar en la mecánica del voto, es la creación lúcida de valores y principios que serán el sustento de una nueva era.
Somos parte del mundo, estamos sometidos a su enérgica influencia y a los acontecimientos promovidos por las potencias mundiales que, en el presente, ponen en duda varios de los principios básicos de la democracia, uno de ellos, la soberanía de los estados que sufre agresiones que la han desfigurado al punto que es irreconocible y parece que sus horas están contadas.
Los poderosos están en la tarea de redistribuirse el mundo y decidir sobre el destino de la humanidad imponiendo condiciones indignantes a los estados débiles, o se cuadran ante a sus instrucciones en calidad de vasallos o si se rebelan, serán sometidos violentamente.
En esta era, Bolivia esta en el desafio de recomponer su democracia en tanto que a nivel internacional se ha instalado la pugna entre el globalismo que pretende la integración económica global, impulsa el establecimiento de una soberanía difuminada y la homogeneización cultural a partir de la presencia de las corporaciones, y el soberanismo que defiende la soberanía nacional, impulsa el desarrollo interno y se inclina por la recuperación identitaria. El propósito interno no siempre coincide con las corrientes mundiales, a momentos parecen ser ideas contradictorias.
La disputa no es puramente ideológica, abarca también las esferas económica, tecnológica, militar y normativa, que reconfigurarán la globalización y la división internacional del trabajo, la multilateralidad tradicional se enfrenta a la dispersión en la que las potencias están cada vez más lejos de la cooperación democrática, avanzan hacia una multicentralidad a partir de la disputa entre EE.UU. y China, el modelo neoliberal promovido por Reagan y Teacher está en crisis a cuya consecuencia las potencias mundiales están en la tarea de construir un nuevo orden mundial.
De ahí que la visión de futuro confronta a la democracia liberal con las nuevas estrategias que tienden a ponerla a prueba y su existencia corre graves riesgos. Uno de los problemas que deberán enfrentar los gobiernos nacionales es buscar la fórmula que concilie la necesidad de vivir en democracia sin caer en el soberanismo o en el globalismo a ultranza.
Nuestro gobierno ha iniciado su mandato adscribiéndose sin reparos a la corriente globalista que le está permitiendo obtener recursos salvadores de organismos internacionales y es posible que le permita alguna que otra ventaja comercial, empero si pretende avanzar en el uso y disposición de nuestros recursos naturales sin comprometer su entrega incondicional y saqueadora, surgen dudas que deben ser resueltas por la gestión de Paz Pereira.
Nuestra dimensión como país puede ser una ventaja y desventaja a la vez, ventaja porque no somos importantes para las potencias en nuestra calidad de pais periférico lo que nos otorga un cierto juego de cintura sin alarmar, política, social y económicamente no somos una ficha importante; desventaja porque si desde adentro no se toman las medidas adecuadas, podríamos terminar en la intrascendencia y marginamiento que pronuncie nuestra pobreza y nos aleje aún más del avance de las ciencias y la tecnología.
La crisis orgánica y la pugna mundial que vivimos es compleja, pero podría ser una gran oportunidad para dimensionar nuestra realidad sin dogmatismos ni pragmatismos cínicos y vislumbrar un horizonte mejor.