Fuego, fraude y pandemia

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Entre los años 2019 y 2020 tres acontecimientos han sacudido pasiones y razones en Bolivia: fuego en la chiquitania, fraude electoral del MAS y pandemia, eventos de diferente naturaleza (medioambiental, política y salud) que han provocado en la ciudadanía bronca, impotencia, rebelión y confinamiento en diferentes tiempos.

¿Por qué traer a colación el fuego y el fraude (2019) cuando la pandemia (2020) doblega al mundo? Porque son incomodidades que nos motivan y exigen reflexionar sobre la fragilidad humana y responsabilidad política-ciudadana. Pero, ¿cuál es el hilo que une fuego, fraude y pandemia? En unos casos debilidad y en otros, ausencia del Estado para contener mediante sus instituciones las amenazas políticas internas y biológicas externas que torpedean la confianza y seguridad sus ciudadanos.

Pero no es momento oportuno para identificar responsables y enviarlos a la guillotina, lo que hoy se necesita son respuestas rápidas y prácticas para quienes les está afectando económicamente la pandemia, como son los distintos tipos de bono que dará el gobierno. No obstante, tampoco debemos ser obsecuentes con la clase política y poner en cuarentena nuestra voz crítica cuando las evidencias de los intereses en juego son más visibles como es el hecho de que la gestión de la crisis por parte del gobierno nacional conlleva de forma subliminal un mensaje electoral eficaz, o que todavía seguidores y militantes del MAS se movilizan de forma subrepticia para generar inestabilidad y perjudicar las acciones de la presidenta, o las inoportunas apariciones de Carlos Mesa.

Volvamos al tema en cuestión. Si el fuego nos puso en alerta, el fraude nos empujó a la rebelión y hoy la pandemia nos ha confinado (con ignorancia y miedo), es oportuno repensar sobre nuestra responsabilidad política-ciudadana en el sentido de exigir, ser críticos pero también cooperativos con el Estado para que sus instituciones funcionen con transparencia, otorguen información veraz y estén organizadas para responder con eficacia las urgencias. La idea es que en el futuro se limiten, en lo posible, los chaqueos infernales -mucha gente joven se sacrificó colaborando en el lugar del siniestro-, disminuyan la violación de normas y derechos humanos por parte de las autoridades y se evite el continuismo -más de una década de autoritarismo y corrupción rampante -, y se fortalezca de la mejor manera el sistema público de salud – hoy vemos el esfuerzo de médicos, enfermeras y trabajadores del área que trabajan en condiciones limitadas luchando contra el coronavirus-.

Con la metáfora de que el martillo sólo ve clavos y el concepto de que el monopolio de la violencia legítima del Estado moderno es para poner orden al caos cuando emergen motivos perfectos para justificar sus intervenciones y abusos en nombre del bien común, se pretende ilustrar que las extralimitaciones de las prerrogativas constitucionales del gobierno pueden ser un hecho con los militares en las calles, pero dependerá de que los ciudadanos sean responsables, cooperen y se queden en sus casas respetando la cuarentena con las provisiones necesarias, aunque no todos puedan darse ese privilegio.
Es también importante tomar en serio la necesidad de que la información veraz por parte de todos los niveles de gobierno sea una premisa en tiempos de crisis, es decir, comunicar la verdad. Como bien lo plantea el politólogo Mario Riorda (2012), “En comunicación de crisis –en realidad debiera ser un precepto democrático no discutible en ninguna de las comunicaciones–, la única opción es la verdad, aunque resulte dolorosa o perjudicial. No hay espacio para la mentira y puede resultar una nefasta estrategia de comunicación, especialmente si no se relaciona la verdad con la anticipación, la agilidad y la calidad informativa”.

La fragilidad humana ante los desastres naturales o pandemias hoy es más evidente que nunca, pues todos estamos con miedo y también somos ignorantes en este momento crítico. Sin embargo, viene bien recordar la frase de Edmund Burke “Nunca desesperes, pero si a ello llegas sigue trabajando a pesar de la desesperación”, como forma de sobrellevar el confinamiento cuando estamos acechados no solamente por el covid-19, también por la hiper-información seria y no seria, noticias falsas en redes sociales, además de las pretensiones de algunos intelectuales por tener la razón y no necesariamente sentido común, de filósofos convertidos en futurólogos, actores políticos con postureos constantes con el sólo interés de sembrar en tiempos de crisis para cosechar en tiempos de campaña, y periodistas afanados en tener la primicia pero reproduciendo los mismos hechos con diferentes tonos y estilos, y lo peor de todo, la viralización de videos y textos en WhatsApp compartiendo la cura milagrosa.

Altruismo, cooperación, ansiedad, depresión, egoísmo y salvajismo son diversas facetas que hoy están aflorando en todos nosotros, los humanos, cuando caminamos en territorios de incertidumbre y con miedo a lo desconocido con la sola esperanza en la ciencia, pues es la única que tiene la palabra autorizada y capacidad de alumbrar pero con luz baja y prudencia en cada paso, distante de la pretensión de algunos políticos y filósofos que creen tener la luz alta en sus manos para predecir lo que vendrá después de la pandemia.
Dichas ínfulas son bien reflejadas por Silvio Waisbord en su ensayo publicado por revista Anfibia: “La pandemia generada por el COVID-19 disparó infinitas especulaciones sobre el mundo posible después de la crisis. Especular es enormemente atractivo. Es gratuito, salvo que uno invierta sus propios limitados recursos – vida, tiempo, dinero. Compartir ilusiones y miedos es una oportunidad tentadora, pero se puede convertir en un ejercicio narcisista cuando se tiran al viento pronósticos vagos, en especial en circunstancias como estas”.

Fuego, fraude y pandemia constituyen la triada desgraciada que nos ha castigado a los bolivianos en menos de un año. Si bien lo perdido en la Chiquitania y el engaño (descubierto) en las elecciones de octubre pasado han sido sucesos que de alguna forma hemos superado, hoy la amenaza del covid-19 nos arrecia y aún no existe una respuesta científica que nos alivie. Sólo queda tener paciencia y seguir en actividad como nos sugiere Edmund Burke, pues el pájaro no canta porque está feliz, está feliz porque canta.

José Orlando Peralta Beltrán/Politólogo