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Filosofar en la escuela para formar el pensamiento crítico

El proceso educativo no es sólo la formación de los estudiantes en el aula. Prepararlos en matemáticas, ciencias sociales, lenguaje, religiones, química, deportes, etc. Es algo más, porque cada uno de los alumnos de todos los ciclos son seres humanos que deberán afrontar la vida de cada día, con sus problemas, sus retos, sus grandes dificultades.

La escuela es el complemento fundamental para forjar hombres y mujeres libres, justos, nobles y responsables con sus vidas y su sociedad, proceso en el que la familia cumple el principal papel, que no debe desligarse de sus enormes responsabilidades.

El conjunto de estudiantes está afrontando un paquete de riegos y peligros que están en la puertas de sus colegios y al interior: venta al raleo de drogas; violencia escolar entre estudiantes, acoso sexual, abandonos, trata y tráfico de adolescentes, invitaciones a fiestas, consumo de alcoholes y tantos otros problemas.

Y a ello hay que agregar el uso y abuso de las redes sociales que hacen los propios jóvenes y las familias. Tantas veces hemos observado a niños y niñas con celular en la mano, distrayendo sus tiempos en videos, bailes, tentaciones, etc. Definitivamente las redes sociales han seducido a miles de personas, de todas las edades, pero mas aún es un peligro inminente para esos seres humanos que aún no tienen la capacidad de discernir las invitaciones perniciosas o un video sensual.

De ahí que con este escenario de problemas se impone la necesidad de agregarle a la formación estudiantil algunas dosis de inquietudes y de despertarles el sentido y pensamiento crítico, para que ellos mismos tengan la capacidad y la opción de decidir y superar algunas tentaciones que se les pueda enfrentar en su caminar por el mundo.

Se trata de aplicar dosis de lecturas de novelas, cuentos, poesía  y de impulsar a filosofar la vida, es decir a pensar sus potencialidades y cultivarlas en todo momento.

El sistema educativo debería tener cuatro funciones esenciales: aprender a ver, aprender a pensar, y aprender a hablar y escribir. Esto con el propósito de que el estudiante pueda adquirir una cultura sólida y rica para enfrentar los desafíos, los problemas y los placeres de la vida.

A estas alturas del 2026 cuando ya las escuelas y colegios han puesto en marcha sus planes educativos, sus cronogramas escolares y los profes van cumpliendo con los mismos, pues lo importante es que fortalezcan esos programas con elementos de la vida diaria: ¿Cómo afrontar un caso de violencia entre estudiantes? ¿Qué debe hacer una niña si es acosada por un mayor o un docente? ¿A dónde debe acudir una estudiante si es invitada a salir vía celular con alguien desconocido? ¿Si una niña sufre violencia en la familia cómo debe actuar y qué debe hacer? ¿Qué acciones hacen en el colegio cuando una niña denuncia que ha sido violada? ¿Cómo enfrentar situaciones extremas en la realidad?

Como verán estimados profes, theachers, oporomboe la tarea es árdua y revitalizadora para aportar en la formación de sus estudiantes no solo encerrarlos entre cuatro paredes y dentro del colegio, también dándoles instrumentos, para fortalecerlos en sus espíritus y en sus capacidades de reacción. Tarea que no es solo de ustedes, es también del papá, la mamá, los hermanos que muchas veces miran de palco o son cómplices de hechos de violencia protegiendo a sus hijos por encima de todo.

¿Se han cumplido algunos de estos fines en la realidad, en las aulas, en la formación y en la percepción de los alumnos? ¿Los maestros están capacitados para afrontar y  llevar a cabo este proceso de transformaciones revolucionarias? Se trata de una formación integral de los futuros hombres y mujeres, quienes deberían tener las herramientas necesarias en la escuela y afrontar los retos y riesgos que la vida les tiene preparados a la vuelta de la esquina.

Los actores del proceso de enseñanza-aprendizaje tiene que asumir con convicciones sus responsabilidades y aporten al mejoramiento de la calidad educativa: autoridades educativas, maestros y padres de familia, que tienen al frente a la sociedad, donde se irán a desenvolver esos chicos y chicas ansiosos de devorarse el mundo.

Seguramente se preguntará, ¿qué importancia tiene la filosofía para los problemas de los estudiantes? ¿Les ayudará en alguna medida a reflexionar y a afrontar los problemas de la vida, en sus familias, en sus círculos de amistades? ¿Se complementan las enseñanzas escolares con los afanes de la filosofía? Hay respuestas y muy sencillas.

“El conocimiento académico no es suficiente para desarrollar el cuerpo y la mente de la manera apropiada. Para compensar esta deficiencia, los estudiantes deben tener oportunidades de incursionar en la sociedad real y nutrirse de experiencias variadas, con la mayor frecuencia posible, a través de actividades extracurriculares y de participación en la vida comunitaria. Creo que el mundo de hoy necesita un sistema educativo orientado a desarrollar al ser humano en forma integral”, nos planteó el filósofo japonés, Daisaku Ikeda.

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