Las elecciones subnacionales de 2021 en Santa Cruz fueron un momento donde se sucedieron cambios de liderazgos políticos de carácter generacional y partidario, no necesariamente ideológico. La emergencia de Luis Fernando Camacho como gobernador y el retorno de Jhonny Fernández como alcalde (después de veinte años) generaron nuevas expectativas ciudadanas, luego de más de una década de ejercicio del poder por parte de Rubén Costas y Percy Fernández en la Gobernación y Alcaldía (capitalina), respectivamente.

Aquel cambio generacional y partidario provoca la pregunta: ¿Los nuevos representantes subnacionales en Santa Cruz, instituyen liderazgos políticos de estilos transaccional o transformacional?

El liderazgo político de estilo transaccional implica intercambios de carácter instrumental entre líder y militantes para satisfacer necesidades recíprocas, se orienta hacia cambios corrientes y operativos en tiempos políticos no críticos, como es, por ejemplo, una reforma de carácter administrativo que no genera algún cambio institucional que repercuta e incentive un nuevo comportamiento ciudadano con respecto a determinadas políticas de carácter integral. Por su parte, el liderazgo de estilo transformacional se orienta hacia transformaciones importantes en tiempos críticos para incentivar cambios institucionales, compromisos morales y poder simbólico.

Camacho y Jhonny son liderazgos de estilo transaccional porque se orientan hacia cambios corrientes y operativos de carácter instrumental, no sustantivos, a pesar de que vivimos tiempos críticos: efectos de la pandemia, crisis económica, desconfianza ciudadana hacia las instituciones públicas y desafección con los partidos políticos, entre otras cuestiones. Sin embargo, un liderazgo de estilo transformacional con visión estratégica puede reconocerlas como condiciones necesarias y suficientes para orientarse hacia cambios sustantivos.

Ahora bien, la incapacidad de los liderazgos en cuestión (transaccionales) para reconocer el contexto crítico actual y su carencia de visión estratégica se explica, de acuerdo a la politóloga Yanina Welp, porque los partidos personalizados privilegian uno de sus objetivos fundamentales: conseguir el poder, pero desplazan los otros: elaborar, sostener, defender e implementar programas desde el liderazgo y el enraizamiento en la sociedad.

El débil enraizamiento en la sociedad –se explica en la obstrucción de canales que conectan la representación partidaria con la participación ciudadana en torno a la cosa pública- de los liderazgos políticos cruceños contemporáneos se corresponde con la personalización de las organizaciones partidarias (caudillismo), la banalización de los discursos (afán de ganar legitimidad a través de los medios y redes sociales) y la gestión enfocada en la entrega de obras de bajo impacto (demostrar que hacen).

Rubén y Percy gobernaron más de una década y tampoco fueron liderazgos con orientación transformacional, pero, por el tiempo que ejercieron el poder, los momentos críticos que vivieron (específicamente la gobernación cruceña), y los recursos económicos que administraron (principalmente en la alcaldía capitalina), marcaron una época. Por su parte, Luis Fernando Camacho y Jhonny Fernández tienen un año en la administración pública, por tanto, están, aún, con chance de demostrar si son capaces de constituirse en líderes políticos con estilo transformacional para implementar programas que beneficien al interés público y generar cambios morales y simbólicos (beneficios a los ciudadanos), o quedarse como simples líderes políticos con estilo transaccional de mero carácter instrumental y práctico ( para dar beneficios a sus militantes) sin causar remezón alguno, tan necesario en el escenario político cruceño.

José Orlando Peralta Beltrán / Politólogo