El Bolivian Ornate Tiger Beetle (Pometon bolivianus), originario de la Chiquitanía cruceña, ganó la final del Uproar Conservation Challenge, organizado por el Indianapolis Zoo, luego de superar los 300.000 votos en la última ronda.
El certamen reúne cada año a decenas de especies en riesgo de distintos países, incluyendo animales, plantas, hongos e invertebrados, que compiten por rondas de eliminación, abiertas al público en general. A lo largo de varias rondas, la gente elige diariamente a sus favoritas hasta definir al ganador. En esta edición, la convocatoria superó el medio millón de votos acumulados, consolidando al concurso como una de las plataformas de participación ciudadana más visibles en temas de conservación.
La victoria del escarabajo boliviano no solo representa un reconocimiento simbólico, sino también un respaldo concreto a los esfuerzos de conservación asociados a la especie. El equipo responsable recibirá un financiamiento de 10.000 dólares, como parte de un fondo total superior a los 50.000 dólares destinados a iniciativas ambientales.
El Bolivian Ornate Tiger Beetle habita en el bosque seco de la Chiquitanía, en Santa Cruz, y forma parte de un grupo de insectos depredadores conocidos por su capacidad de caza. Sin embargo, presenta una particularidad poco común: es considerado uno de los escarabajos tigre más lentos de Sudamérica y rara vez vuela, según la información oficial del concurso.
A pesar de su bajo perfil, cumple un rol
ecológico relevante al regular poblaciones de otros insectos y contribuir al equilibrio de su ecosistema. Su hábitat, no obstante, enfrenta presiones crecientes por la expansión agrícola, los incendios forestales y la pérdida de cobertura natural, factores que han reducido su entorno en los últimos años.
La competencia fue organizada por el Indianapolis Zoo, que busca precisamente visibilizar especies poco conocidas pero fundamentales para los ecosistemas, transformando la atención del público en financiamiento directo para su protección. En ese contexto, la victoria del escarabajo boliviano posiciona a la biodiversidad del país en una vitrina global, en un momento en que la visibilidad resulta clave para acceder a recursos y sostener proyectos de conservación.
El resultado marca un hito poco habitual: una especie prácticamente desconocida fuera del ámbito científico logró imponerse en una competencia internacional, convirtiéndose en símbolo de la riqueza natural de Bolivia y del impacto que puede generar la participación ciudadana.