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Ernesto Cardenal: la voz que convirtió la poesía en revolución

«El 20 de enero de 1925, en Granada, Nicaragua, nació una voz destinada a convertirse en conciencia de un continente. Ernesto Cardenal no escribió versos: levantó trincheras de palabras, templos de justicia y constelaciones de esperanza. Su voz, entre la sotana y la revolución, sigue resonando como campana que nunca se apaga.»

Jorge Larrea Mendieta

Poeta, sacerdote, teólogo y revolucionario, Ernesto Cardenal fue una de las figuras más influyentes de la cultura latinoamericana del siglo XX. Su vida entera fue un puente entre la palabra y la acción, entre la contemplación y la lucha. Con su sotana y su boina, con sus versos y su compromiso político, se convirtió en símbolo de una época en que la poesía se vivía como arma y como plegaria.

Granada, ciudad colonial de patios silenciosos y calles empedradas, fue el escenario del nacimiento de Ernesto Cardenal Martínez. Desde niño mostró fascinación por los libros y por la contemplación del mundo natural. La poesía fue su primera forma de rebeldía: versos que buscaban nombrar lo que la realidad callaba.

Su formación académica lo llevó a estudiar literatura en México y Estados Unidos, donde entró en contacto con las corrientes poéticas modernas. Allí descubrió que la palabra podía ser un arma, un puente y una plegaria.

El poeta universal

Cardenal se convirtió en una voz singular en la poesía latinoamericana. Obras como Epigramas, Salmos, Oración por Marilyn Monroe y Cántico cósmico revelaron su capacidad de unir lo íntimo con lo social, lo bíblico con lo contemporáneo.

En Oración por Marilyn Monroe, escrito tras la muerte de la actriz en 1962, elevó un rezo que era también denuncia contra la sociedad del espectáculo y la soledad moderna:

“Señor, recibe a esta muchacha conocida en toda la tierra con el nombre de Marilyn Monroe, aunque ese no era su verdadero nombre (pero Tú conoces su verdadero nombre, el de la huérfana abandonada).”

En Epigramas, su poesía amorosa se mezclaba con la ironía política:

“Me contaron que estabas enamorada de otro

y entonces me fui a mi cuarto

y escribí ese artículo contra el Gobierno…”

Su estilo era directo, a veces coloquial, pero siempre cargado de fuerza crítica.

En 1965 fue ordenado sacerdote. Pero su ministerio no se limitó a los templos: fundó la comunidad de Solentiname, un espacio de reflexión y creación en las islas del Gran Lago de Nicaragua. Allí campesinos, artistas y jóvenes se reunían para leer el Evangelio desde la realidad de los pobres.

Solentiname se convirtió en un laboratorio de fe y revolución. Los cuadros pintados por los campesinos, las discusiones sobre justicia y las celebraciones comunitarias marcaron un capítulo único en la historia de la teología de la liberación.

“Cristo no fue crucificado por predicar amor, sino por predicar justicia.”

La revolución y el compromiso político

La década de 1970 trajo consigo la lucha contra la dictadura somocista. Cardenal se unió al Frente Sandinista y, tras el triunfo de la revolución en 1979, fue nombrado Ministro de Cultura. Desde ese cargo impulsó talleres, publicaciones y proyectos que buscaban democratizar el acceso al arte.

Su imagen, con boina y sotana, se convirtió en símbolo de un tiempo en que la poesía y la política caminaban juntas. Sin embargo, su compromiso le valió tensiones con la jerarquía eclesiástica, incluida la famosa reprimenda pública del Papa Juan Pablo II en el aeropuerto de Managua.

“La poesía es política porque el Evangelio es político.”

Cardenal fue uno de los grandes exponentes de la teología de la liberación, corriente que buscaba leer la Biblia desde la perspectiva de los pobres. Para él, el Evangelio era inseparable de la justicia social.

“El Reino de Dios no es un reino de otro mundo, sino de este mundo transformado.”

Su pensamiento influyó en generaciones de creyentes y militantes que encontraron en su obra una síntesis entre espiritualidad y acción transformadora.e

Reconocimientos y legado literario

Su obra poética fue vasta y diversa. Recibió premios internacionales como el Premio Pablo Neruda de Poesía Iberoamericana (2009) y el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2012). Fue traducido a decenas de idiomas y se convirtió en referencia obligada en la literatura latinoamericana contemporánea.

Su nombre aparece en manuales universitarios y antologías críticas. Cardenal fue, además, un puente entre poesía y filosofía, entre fe y política, entre contemplación y acción.

“El poeta es un sacerdote, y la poesía es una liturgia.”

En sus últimos años, Ernesto Cardenal enfrentó problemas de salud que lo llevaron a hospitalizaciones frecuentes. A pesar de ello, su voz seguía siendo incómoda, lúcida y necesaria. En 2019 recibió el perdón de la Iglesia Católica por parte del Papa Francisco, tras décadas de sanción por su participación política.

El 1 de marzo de 2020, a los 95 años, falleció en Managua. Fue sepultado en la isla Mancarrón, en el archipiélago de Solentiname, el lugar que él mismo había convertido en símbolo de comunidad, arte y espiritualidad. Allí, entre las aguas del Gran Lago, su memoria permanece viva como un canto que nunca se apaga.

 “La poesía es política porque el Evangelio es político.”

“Cristo no fue crucificado por predicar amor, sino por predicar justicia.”

El poeta es un sacerdote, y la poesía es una liturgia.”

“El Reino de Dios no es un reino de otro mundo, sino de este mundo transformado.”

Mario Benedetti lo llamó “un poeta que nunca se rindió”. José Coronel Urtecho lo consideró “la conciencia crítica de Nicaragua”. La prensa internacional lo describió como “el sacerdote que convirtió la poesía en revolución”.

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