Erase un hombre a una nariz pegado

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Érase un hombre a una nariz pegado, érase una nariz superlativa, érase una nariz sayón y escriba, érase un pez espada muy barbado. Érase un reloj de sol mal encarado, érase una alquitara pensativa, érase un elefante boca arriba, era Ovidio Nasón más narizado. Érase un espolón de una galera, érase una pirámide de Egipto, las doce tribus de narices era. Érase un naricísimo infinito, muchísima nariz, nariz tan fiera que en la cara de Anás fuera delito.

Cito una de las versiones del famoso soneto del poeta español Francisco de Quevedo: “A una nariz” porque es probablemente la mejor descripción del dirigente cocalero boliviano Evo Morales Ayma. El satírico versista seguía una tradición clásica de burlarse de sus paisanos, y a la vez cada verso era una caricatura sobre el poder. Aprovechando la metáfora y otros recursos literarios Quevedo- como sus contemporáneos del Siglo de Oro español- describía y moralizaba sobre el abuso de quienes trepaban en las finanzas o en la política.

“Érase una nariz superlativa” no es solamente la fantasía exagerada de un niño como Pinocho sino la mentira organizada, metódica y perversa planeada desde las cortes para dominar al vulgo. ¿Cómo es posible que gran cantidad de bolivianos, entre ellos muchos letrados, periodistas argentinos, intelectuales europeos, activistas estadounidenses crean las simulaciones de Evo Morales?

Morales y sus seguidores insisten en hablar de un golpe de estado para descalificar a la movilización ciudadana que a lo ancho y largo del país salió a protestar contra todos los abusos acumulados, principalmente contra las muchísimas ilegalidades e irregularidades que rodearon las elecciones de 2019. No han presentado ninguna prueba a su favor; al contrario, los hechos duros de los once meses posteriores demuestran que se dio continuidad institucional, como había sucedido en 1985, 2001, 2003, 2005.

También circuló una imagen, aparentemente puesta en la nube por el propio cocalero, donde en su huida se escondía bajo un nylon rosado en plena selva chapareña, celular en mano. ¡Cuáles serán los ingenuos que creen semejante artificio! El color fucsia del toldo, la pose de rey Midas, la charla intergaláctica son sólo otra treta. Qué absurdo pensar que en el emporio del MAS no exista trinchera, casa, hotel para ese hombre “a una nariz pegado”.

El exceso de las argucias de su “muchísima nariz” daría precioso material al ingenio de Quevedo. En cambio, acá, los ciudadanos se quedan apenas asombrados. Tan, tan, tan falsificador que una vez más culpó a la derecha de inventarle enfermedades (obviamente ante un periodista argentino). Él y su entorno palaciego afirmaron hasta último momento que sólo tenía un resfrío. Ni siquiera patraña tan de “pez espada” ha merecido la condena general como pasaría con otros protagonistas.

¿Por qué ocultar que estaba contagiado del virus importado de China Covid 19? Porque también en ese asunto, Morales y el MAS han insistido durante meses en negar la pandemia, en culpar al gobierno de Jeanine Añez de inventarla- incluyendo el saludo codo a codo- y porque el estado de salud del expresidente boliviano se conoce en Cuba, pero no en su patria. Tanto insisten con los embustes que hasta lo cierto se vuelve dudoso.