Encuentro de microficción: Latinoamérica en pocas palabras. XXII FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO DE LA PAZ

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De: Homero Carvalho / Para Inmediaciones

En el marco de la XXIII Feria Internacional del Libro de La Paz y con el auspicio de la Cámara del Libro de La Paz, los días 4 y 5 de agosto se realizará el Encuentro de microficción: Latinoamérica en pocas palabras, que contará con la presencia de destacados narradores de Argentina, Perú, Chile y Bolivia, que cultivan este género de contar universos en pocas palabras. El encuentro está siendo coordinado por el escritor y poeta boliviano Homero Carvalho Oliva.

Les traemos una pequeña muestra de estos escritores que economizan hasta la última palabra condensando la historia para jugar con la inteligencia de los lectores. Un género que, cada día, gana más adeptos en el mundo entero. Entre los grandes escritores que escribieron pequeños textos se cuentan: Jorge Luis Borges, Ernest Hemingway, Antón Chejov, Augusto Monterroso y otros.

Los esperamos en la FIL La Paz.

La brevedad es el alma del ingenio

William Shakespeare

 Celina Aste (Argentina)

Diecinueve

Tocó un día de sol y viento fresco. Respiro primavera en el aire. ¿Estarás así, liviana? ¿Serás polen, azalea o mariposa? Como sea, hay que celebrarte. Me doy un baño, me arreglo más como si me vieras hacerlo. Busco mi fragancia de limón; tal vez así me huelas más pronto. Voy al jardín. Busco el sol. Te busco en el sol. Me siento en el pasto y te pienso, te pienso, te pienso. Mi ropa se vuelve tibia y tu carita bien nítida. Te deseo feliz no cumpleaños. Me río de mi ocurrencia. Sopla un viento de más y una pelusa me obliga a cerrar los ojos. Me lloran. Los dejo llorar. Dicen que así se lavan las basuritas. No puedo dejar de llorar. Ahí sale, la siento con las yemas de mis dedos. Abro los ojos. Miro y veo un plumín verde diminuto. Lo dejo sobre una hoja del cerco y entro a lavarme la cara. Abro la canilla y, como de costumbre, veo a través de la ventana. Un colibrí se mantiene en el aire cerca del ligustro. Me dan ganas de atraparlo. Sin embargo, te dejo ir.

Sisinia Anze (Bolivia)

Ironía

– ¡Comerse a otro ser vivo es una monstruosidad!  -Gritó desesperado el vegetariano, asediado por una hambrienta tropa de caníbales, después de salir ileso del avión que cayó en medio de la selva.

David Slodky (Argentina)

Suya

Cuando la vio, supo que era ella. Sigilosamente, amorosamente, día tras día, fue creando la trama.  Una a una esquivó sus descortesías, venció sus resistencias. Cuando ya se hizo imprescindible, cuando por fin le dijo que sí, que ella también lo amaba, nunca más volvió a verla.  La guardaría suya, pura, perfecta, para siempre en su memoria, inmune al deterioro del tiempo y a la banalidad de lo cotidiano.

María Cristina Botelho Mauri (Bolivia)

Jóvenes del siglo pasado

Todos se aprestaban a desocupar sus habitaciones, cundía el pánico, el miedo exacerbado de los ancianos se reflejaba en el rostro, el cansancio y la tristeza.  Era la media noche, una sirena anunció un gran incendio en aquel refugio.  Unos lloraban, otros gritaban, un líquido tibio les chorreaba por las piernas.  La ambulancia llegó tarde, en los pasillos yacían los jóvenes del siglo pasado.

Mario Guevara Paredes (Perú)

Brichero

Después de agotadoras jornadas de placer, el amor que le profesaba se había diluido. Pero la gringa (una lágrima se deslizaba por la sonrojada mejilla) estaba firmemente convencida que él volvería. Aunque la posdata de la carta decía: «Amor mío, sólo me llevo quinientos dólares porque te quiero».

Antonio Cruz (Argentina)

Caperucita

Cuando el lobo salió de su escondite, Caperucita Roja lo inmovilizó con el aerosol que guardaba en su cartera, lo arrastró hasta el fondo del callejón, vació sus bolsillos y terminó su faena.  Luego se marchó en busca de otros lobos.

Gonzalo Llanos (Bolivia)

Menuda ambición

A la casa de un hombre los ladrones ingresaron muchas veces. Llegaba de su viaje y lloraba por la desgracia. La policía nunca hizo algo. Cansado, el hombre vendió todos sus bienes excepto su cama. Un domingo vino otro ladrón, sorprendido, no encontró qué robar, salvo los sueños del hombre que dormía.

Gigia Talarico (Bolivia)

La verdad

Hoy, desperté como manzana, crujiente y tentadora, repté la verja y entré a gozar del paraíso.

Ernesto Calizaya (Bolivia)

El aprendiz de mago

Su mayor acto de magia fue hacer ver a su vecino como un burro. Al día siguiente desapareció.

Eliana Soza Martínez (Bolivia)

Mío

Mi inexplicable pretensión de que seas mío. Se cumplirá, ya sea a través del amor o bocado a bocado.

Ramiro Jordán (Bolivia)

Nosotros

 Cabalgabas noche y día, tus hombros desnudos sollozaban estremecidos al compás del frío invierno. Marchabas sin mirar el triste paisaje. Tus alas, presas del frio se acurrucaron un día en mi cuerpo, tu vientre tomó por asalto el mío.

Unidos, nos abandonamos a mensajes urgentes, cómplices, antiguos a todo, en gesto íntimo de amantes apasionados y desquiciados. Encontré el vello de tu vientre, voluptuosa descubriste el iris de mis ojos, descubrimos la esencia de la vida, estallamos en mil soles, cien mil lunas y brillamos como novas en un firmamento desconocido.

Nuestro loco desvarío, el insaciable apetito reconstruyó nuestros cuerpos en uno solo, el tiempo sin tiempo fue  nuestro, la pasión loca sin normas ni leyes nos unió, nuestro calor, tu brillo,  nuestras urgencias, tus alas, nuestro cuerpo, todo en un vórtice estrepitoso.

Trajimos la primavera, llenamos de flores multicolores el jardín, abrazados. Volaste hacia el infinito cantando a nuestro amor, extendiste tus alas a nuestra primavera, raudo volé buscando tu rastro de polen y miel y unidos nos perdimos en el todo y en la nada.

Homero Carvalho (Bolivia)

La última víctima

Antes de ser ajusticiado el asesino en serie reveló que aún le quedaba una víctima. Las autoridades presentes en la ejecución pensaron que estaba presumiendo y no le prestaron atención. Muchos años después, el juez descubre que el brutal asesino, el monstruo de la ciudad como le decían, era su padre y se suicida.