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En K’ara k’ara hay supervivencia, no terrorismo

K’ara k’ara, el botadero de basura de la ciudad de Cochabamba y donde muchas personas, especialmente mujeres, sobreviven buscando entre la basura, es un problema social más que político. Un problema que lleva años pidiendo soluciones con sensibilidad social, de la que ha demostrado carecer el actual gobierno boliviano, y también anteriores.

Este fin de semana se han registrado nuevas protestas, enfrentamientos y represión de las fuerzas del orden contra la población de K’ara kara, a quienes se la acusa, además, de estar compuesta por gente afín al partido de Evo Morales. Este hecho es, para el gobierno, excusa y justificación del uso de aviones militares volando bajo para amedrentar y de detenciones de dirigentes acusándoles de terrorismo.

El botadero de K’ara k’ara (lugar salado, árido, picante, en quechua) fue instalado en 1987 y ya en 1999 las comunidades del lugar protestaron debido a la contaminación ambiental. En 2003 ya se habían instalado en la zona barrios empobrecidos que aun hoy viven de rebuscar en la basura, ese año realizaron un primer y prolongado bloqueo del único camino de ingreso de camiones cargados con la basura de la ciudad.

En mayo de 2016, esa población nuevamente bloqueó para pedir que se declarase zona de desastre ambiental, debido a un incendio y por los problemas de salud existentes. Otra vez lo hizo en octubre de ese año para exigir una planta industrializadora. En mayo de 2017 la oposición al gobierno de Evo Morales denunciaba que ya eran 5 años que no se presentaba una prometida auditoría ambiental en K’ara kara.

En octubre de 2018, un rayo cayó sobre tres mujeres que rebuscaban entre la basura y una de ellas, Silvia Illanes, murió. Ocurrió poco después de que en la zona se llegara a un acuerdo con la Alcaldía cochabambina y tras la renuncia del Director de Medio Ambiente municipal. Para ello, la gente había impedido el paso de camiones basureros. Era la enésima vez en que esta población lograba, así, que se les prestase algo de atención y arrancaba una, también enésima, promesa de solución.

Nuevamente, en agosto de 2019 hubo un bloqueo para exigir que se hicieran obras en la zona. Y así, desde hace décadas y de unos tras otros gobiernos municipales, departamentales y nacionales, la historia es prácticamente la misma: demandas, bloqueos, a veces enfrentamiento físico entre población y fuerzas del orden y, finalmente, alguna conquista.  

Un informe de 2010, elaborado por Cristian Mamani, señala que existen altas concentraciones de cloruros y sulfatos en el botadero de K’ara k’ara que generan gases y lixiviados contaminantes en los alrededores y agua subterránea. Allí, principalmente mujeres, como Silvia Illanes, y sus hijos buscan la manera de sobrevivir, en medio de la basura, sus olores y la contaminación.

En la Gaceta Médica de Bolivia, de julio de 2013, se explica que en la zona existe malnutrición, una alta natalidad, así como un alto porcentaje de abortos; además de muy bajos niveles de educación formal, especialmente de las mujeres, lo que repercute en sus hijos e hijas. Resalta, también, un alto nivel de enfermedades derivadas de la situación de pobreza, como depresión, cefalea, trastorno del sueño, irritabilidad, ansiedad… o sea que es gente a la que su situación precaria y de condiciones terribles les afecta. No son personas insensibles y animalizadas, como a veces se las presenta por motivaciones políticas.

Tienen poca educación formal; sin embargo, eso no implica que sean personas estúpidas. Al contrario, tienen una inteligencia vital que les hace sobrevivir a su realidad y a buscar maneras de sacar provecho a su desventaja: saben que pueden tener en vilo y ahogar en desechos y mugre toda una ciudad. Medida extrema que no usan en función del signo del gobierno, sino de la urgencia de sus demandas, que son básicas.

Cuando la población vive y trabaja en K’ara k’ara levanta su voz el tema se politiza y a esta gente se la criminaliza. Pocas realidades son peores que dedicarse a hurgar entre la basura de la ciudad como única forma de sobrevivencia. Este aspecto humano y social es lo que debe primar a la hora de valorar y resolver situaciones, como la actual.

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