Hoy día, 22 de marzo de 2022, en el DÍA MUNDIAL DEL AGUA, recordamos, después de casi 22 años, la Guerra del Agua, uno de los levantamientos populares mas importantes del planeta realizado por la población cochabambina en abril del 2000. La Guerra del Agua está reconocida a nivel mundial como una de la movilizaciones que posibilitó cambiar sustancialmente la concepción del agua, reconociéndola como un bien común, frente a la concepción mercantilista de las corporaciones internacionales, empresas de servicios y políticos. En esa oportunidad se pudo reconocer el agua como un derecho humano fundamental, no sólo para el ser humano, si no para la naturaleza misma, todos los seres vivos que la habitan y los territorios. En la Guerra del Agua se afirmó con claridad de que sólo una gestión público-comunitaria, participativa, democrática y transparente como el agua hará posible un acceso ilimitado, efciente, eficaz y con justicia social del agua a la población.

Hoy se vive aún una situación de carencia, de apropiación y de mercantilizacón del agua en Bolivia y el mundo entero. En Cochabamba los conflictos por el agua en las comunidades se han agudizado a causa de la escasez y de la pérdida de la cosmovisión ancestral del agua que tenían nuestros abuelos y abuelas, que consideraban el agua propiedad de nadie, si no patrimonio de la Pachamama.

La gestón pública/cooperativa (salvo algunas excepciones o ejercitada por políticos y técnicos está sumergida en una casi absoluta ineficiencia, corrupción y no cuenta con una legítima y efectiva participación de la gente. Esta gestión provoca la falta del acceso justo y equitativo del agua. Lo más grave es que de manera más cínica y despreciable, el Estado, en todos sus niveles, Misicuni/Semapa/Ministerio de Medio Ambiente y Agua, sigue reproduciendo formas de administración del agua de tipo mercantlista de manera político-partidaria.

De estos organismos e instituciones se debería esperar un relacionamiento de reciprocidad y sensibilidad social con la población cochabambina, que en el 2000 posibilitó un cambio de visión de cómo se debe encarar de manera democrática, organizada y partcipatva la solución a los problemas del agua, no sólo desde la perspectiva de “vivir del agua” sino de “convivir con el agua”, así que nos preguntamos ¿cómo podemos convivir con el agua, sin tener agua? A las cochabambinas y cochabambinos, nos corresponde la responsabilidad de organizarnos, otra vez, no sólo para demandar, sino para reproducir, desde abajo, desde la cotidianidad de nuestras vidas, una nueva forma de convivir con el agua imponiendo a nuestros gobernantes y funcionarios una renovada atención y ejecución de nuestras necesidades, organizados y movilizados, de manera autónoma, horizontal, SIN caudillos, SIN patrones y SIN partidos.

Cochabamba, marzo 22 del 2022, Oscar Olivera Foronda FUNDACIÓN ABRIL Vocero de la Coordinadora del Agua y de la Vida en el año 2000