El triste adios de un anciano

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Hombre de 69 años fue encontrado sin vida después de 20 días de su muerte

Las manillas del reloj sonaban tic tac, tic tac, una y otra vez, ese era el único ruido que había en la habitación de la zona Mercedario, la cama de plaza y media estaba deshecha, tres cobertores tejidos con lana de oveja por su esposa eran los únicos  mantos que cobijaban su cuerpo ya inerte, en la mesa cerca a la cama un plátano negro estaba como único alimento, la habitación servía de cocina, comedor y dormitorio, todo lucia muy descuidado, las pocas pertenencias estaban en una ambiente de cuatro metros por cuatro.

Cuando la policía llego al lugar no tuvieron que hacer esfuerzo para abrir la habitación, el cerrojo dañado hacia que a un simple empujón se abriera, una vez dentro los tres policías observaron ese triste panorama, allá estaba él, tirado sobre su cama, sin signos aparentes de violencia, su cuerpo ya presentaban descomposición, pues habían pasado muchos días desde su último suspiro.

Según relato una vecina a la policía, don Humberto no fue visto desde hace 20 días, la última vez que camino por la calle que moro cinco años, fue a sentarse cerca a la cancha a observar como jugaban los niños del lugar, dice doña Maria, caminó, se sentó y retorno a su habitación, desde entonces no lo volvieron a ver, hoy impresionados por el hallazgo dijeron que pensaron se había ido con algún familiar y por eso no se preguntaron dónde estaba.

Cuando la policía realizo las primeras pericias evidenciaron que no había signos de violencia en su humanidad, su diminuto cuerpo estaba desnutrido, sucio y en general descuidado, pocas ropas cubrían sus carnes y solo tenía su documento de identidad y  20 Bs como única riqueza.

Según el Sub Oficial Manuel  Morales de la  Fuerza Especial de Lucha contra el Crimen (FELCC) de El Alto,  su cuerpo ya presentaba un estado de descomposición y en su experiencia dijo que la muerte se había registrado ya hace más de dos semanas.

El fuerte olor a muerte y descomposición  salió disparado hacia la calle y rápidamente los investigadores policiales tuvieron que cubrirse más aún, utilizaron  papeles higiénicos en las fosas nasales, además  de barbijos. El levantamiento legal del cadáver de don Humerberto duro 30 minutos, poco se logro reunir como pruebas de la muerte, en el lugar no había mucho que analizar.

En las investigaciones y recolecciones de pruebas  que se hizo en el lugar, lograron averiguar que don Humberto tiene dos hijos, Celia la mayor de 35 años  y Marcelo de 28 años, mismos que desaparecieron hace mucho tiempo del lugar, poco sabían de sus vidas dijeron lo vecinos, lo único que escucharon de ambos fue cuando el ahora fallecido estaba con vida.

Don  Humberto orgulloso hablaba de sus hijos y decía que pronto se iría a vivir con ellos y esbozaba una sonrisa imaginando el momento, además estaría con el único nieto que tenía, Briam de dos años, hijo de su hija mayor. Mucho tiempo espero dijeron los vecinos la llegada de alguno de sus hijos, pero pasaron meses y meses y nadie fue por él.

Algo que le provocada mucha alegría era hablar de su esposa, aquella mujer que lo acompaño hasta sus 60 años, ella era linda decía, sorateña de nacimiento, de trenzas largas y gruesas, de ojos grandes y de amplia sonrisa.

Cocina rico expresaba orgulloso a sus amigos, cuanto la extrañaba, un cáncer en la sangre la arranco de sus brazos. Martina era su tesoro más grande.

Don Humberto y Martina se casaron cuando él tenia 28 y ella 25,  la conoció en Sorata cuando fue a la gruta de San Pedro y al verla quedo prendado de su sonrisa, hizo todo lo que pudo hasta conseguir que ella aceptara irse con él, después se casaron porque no había más remedio, su Martina estaba  con cuatro meses de gestación. Fue feliz pese a que sus familias se oponían, al anuncio de la llegada de un nuevo ser, no les quedo otra que preparar el matrimonio y así unió su existencia a la mujer de su vida.

No fue fácil dijo muchas veces, el tema económico fue de los problemas más recurrentes en sus vidas. Trabajaron mucho hasta lograr adquirir un terreno en una zona periférica de El Alto.

El problema de salud de su esposa hizo que la casa se pierda, tuvieron que venderla para curar su tratamiento, pero todo resulto vano, nada se pudo hacer, la casa se perdió y la vida de su gran amor también.

La desesperación que sintió meses antes de la muerte de su amada, hizo que él venda la casa a precio de gallina muerta, hoy recién se da cuenta que lo estafaron, pero ya es demasiado tarde.

El tema económico para el anciano de 69 años fue  uno de sus mayores preocupaciones en sus últimos días de vida, no tenía más que la renta dignidad que recibía del gobierno nacional, dinero que era administrado con mucha precaución, centavo a centavo era cuidado, solo el día que recibía los 250 Bs era su momento de derroche, ese día comía un plato de 10 Bs en el mercado de la zona como gran manjar, después el resto de los días su alimentación constaba de pasankalla (maíz), agua con azúcar, pito,  y alguna vez arroz con huevo.

Alguna vez comento a sus amigos esperaba que el gobierno de su presidente Evo Morales, como lo llamaba, incrementara esa renta, que para él era lo único que lo mantenía con vida _ojala suba pues_ solía decir, tanto ha subido las cosas, no alcanza para nada manifestaba reiteradamente.

En su habitación no se observo muchas pertenencias, además de lo detallado, había una caja de madera que le servía de ropero, ahí escarbando los policías  encontraron  algunos documentos donde había recortes de periódico, fotocopias de planos, facturas de luz y agua que no correspondían a ese domicilio y fotografías amarillentas de su amada y sus dos hijos.

Una de las fotografías llamo la atención  a los investigadores, esa en que don Humberto lucia sonriente, vestía traje y en su mano derecha estaba una matraca de moreno, a su lado una cholita también sonriente agarraba una botella de cerveza, los dos tenían sobre sus cuellos mucha serpentina, pensaron los policía al ver ese pedazo de papel que la fotografía debió ser tomada en algún carnaval hace muchos años.

En otra fotografía estaban sus hijos, ahí seguramente la mayor tenía 18 años y  el otro 11, estaban en el Stadium Hernando Siles seguramente en algún partido de futbol.

Esos pedazos de papel parecerían ser los últimos tesoros de don Humberto.

Después de realizar la toma de fotografías, levantar evidencias y revisar lo poco que había ahí, los policías de la división homicidios de la (FELCC) alteña, se dispusieron a salir de la habitación, cargaron el cuerpo ya inerte  reducido y con presencia de fauna cadavérica del anciano en la camioneta policial, lo cubrieron y el vehículo se puso en marcha rumbo a la morgue paceña.