El sexo de los ángeles

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La división, la violencia y la confrontación no nos hacen bien, nos dañan, perjudican a la economía y a nuestro futuro, como país. La pobreza no se resuelve con marchas, paros, bloqueos y enfrentamientos, sino con trabajo.

Aprovecharse de la ignorancia para arengar el odio en masas humanas empobrecidas por las deficientes políticas públicas y la mala administración del Estado, no le hace bien a nadie. Tenemos graves problemas por resolver -como el narcotráfico, el contrabando y la inseguridad ciudadana, así como millones de bolivianos que viven en una penosa pobreza- como para darnos el lujo de seguir peleando y peleando, en lugar de estar trabajando.

No es que los ricos tengan la culpa de esta situación, sino quienes históricamente no supieron administrar bien el Estado con políticas públicas para sacar de la postración a los indigentes que continúan sumidos en la postergación, por la falta de educación, salud y, ni qué decir, de empleos dignos.

Tenemos demasiadas urgencias que atender, como para continuar confrontándonos entre bolivianos, alentados por gente irresponsable que anda amenazando, carajeando cada tres palabras que habla, diciendo sandeces, como que los trabajadores van a tomar o “nacionalizar” empresas en Santa Cruz -pese a que son nacionales- o que entraremos al libro de los Guinness World Records por una reciente marcha de 2 millones de personas (¿?). Menos mal que la dirigencia de la Central Obrera Departamental cruceña y la dirigencia del partido gobernante se desmarcaron de quien dijo tales extravagancias, aunque -por extraño que parezca- cosas como estas pasan casi cada día en el país.

No puede ser que unas cuantas personas bien acomodadas hagan daño a millones que sufren pobreza, especialmente cuando el tratamiento de temas fundamentales para el desarrollo no admite una serena discusión por su ideologización. ¿De qué sirve haber estudiado, si no se acepta la ciencia y la evidencia sobre lo que históricamente ha funcionado o no ha dado resultado en el mundo?

De que los bolivianos somos diferentes, es verdad, es imposible negar que hay visiones, usos y costumbres ancestrales en unos, así como también está la modernidad en muchos otros, ocasionando diferentes niveles de desarrollo en una y otra región, con resultados diferentes que saltan a la vista.

A los ojos de la Ley y de Dios, todos somos iguales: el indígena vale tanto como el mestizo, y el campesino como el citadino; el gobernante no debería ser más que el gobernado -todo lo contrario- quien gobierna un país, un departamento, una ciudad, etc., debería servir desde ese lugar de privilegio y jamás servirse de una entidad pública, como si nunca vaya a ser juzgado.

Perdemos el tiempo en pequeñeces hablando sobre el sexo de los ángeles, y descuidamos la agenda correcta, de qué debemos hacer para transitar por la senda del desarrollo y abatir la pobreza, como hacen otros: invertir para crecer, crear empleos dignos, tener cada vez más gente educada y sana -no solo del cuerpo sino del alma-, esa debería ser la gran tarea, pero lamentablemente no parece ser lo prioritario, pese a que nos jugamos la vida en ello.

El odio, la falta de perdón -cuestiones personales, incluso- dominan la agenda pública, cuando de lo que se trata es de sumar y no restar; multiplicar, en vez de dividir; de que el Estado ayude a hacer, para llegar a ser, pero no se lo hace.

La libertad, la individualidad, la competitividad, el cooperativismo y la integración al mundo, son el camino que permite conjugar de manera eficiente los recursos naturales, humanos, financieros, tecnológicos e institucionales para progresar.

Tenemos todas las posibilidades de forjar una mejor Bolivia, y el gran ejemplo de que ello es posible, es Santa Cruz: lo dicen la historia y las cifras socioeconómicas. Para comprobarlo, entre al sitio www.ibce.org.bo y baje el libro Modelo de Desarrollo Cruceño: Factores y valores que explican su éxito, que tiene más de 150.000 descargas en menos de tres meses (por algo será).

Gary Antonio Rodríguez Álvarez es Economista y Magíster en Comercio Internacional.

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