El rostro de Richard Choque Flores

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La figura de Richard Choque es en Bolivia el rostro visible, seguramente uno de los más feos, de la violencia hacia las mujeres. Ha convulsionado a la sociedad por la magnitud de su crueldad, pero sólo es la punta del iceberg de una violencia que se pasea campante por calles, casas, transporte público e instituciones gracias a un sistema que le sostiene y le respalda.

Es el rostro más feo por su nivel de desprecio hacia sus víctimas, por el “uso” que hacía de ellas tras engaños, por su insensibilidad hacia el dolor y el miedo de ellas (sorprendidas, raptadas, violadas, asesinadas, desaparecidas) y de sus familiares y de la gente que las quiere, por su frialdad a la hora de matarlas con violencia, por su desdén al deshacerse de sus cuerpos enterrándolos en su propia casa. Despreciable, por su método repetido decenas de veces. La policía señala 77 casos, con tres asesinatos en total (que se sepan).

Terriblemente feo por la impunidad en que se desenvolvía, riéndose de una sentencia de 30 años por una violación y feminicidio en 2013 y de una justicia que lo dejó en libertad en 2019 para seguir cometiendo agresiones y asesinatos.

Que Choque se disfrazara de policía para cometer sus crímenes lleva cierta ironía y algo de lógica. No es extraño, en Bolivia, que un policía extorsione, que algún policía viole a quien debe defender, para saberlo basta leer las noticias. A quienes se salvaron de morir en sus manos y no denunciaron, seguramente no les resultaba extraño que fuera policía su extorsionador corrupto y agresor.

La población de la ciudad de El Alto, donde vivía Choque, se movilizó y furiosa fue a quemar la casa del sujeto. Inclusive la alcaldía alteña llevó maquinaria para demoler el inmueble y hacer excavaciones para ver si hay más cuerpos. Discusiones y desencuentros y familiares de víctimas buscando posibles rastros en la ropa, en anillos, en objetos de todo tipo, algo que se relacione con su hija desaparecida. Todo sin criterio profesional de preservar pruebas, de evitar contaminación. Siempre presente la improvisación, el desespero, la ausencia de autoridad profesional.

Han detenido a Choque por el grado sumo de barbaridad en su accionar y con ello se ha destapado una cloaca tan maloliente que ha movilizado a la población y ha obligado a hacer más acciones, se ha detenido al juez que le liberó y también al cómplice del primer asesinato por el que ambos fueron sentenciados sin cumplimiento de pena.

Pero es que esta cloaca huele en muchas esquinas del sistema judicial, hay ene casos de violadores y feminicidas libres. Algunos con sentencia de 30 años y a quienes, sin embargo, les abrieron las celdas y les otorgaron detención domiciliaria sin custodio. Por ahora sólo se están revisando las actuaciones del juez que ha sido detenido.

La organización Mujeres Creando ha hecho un llamado a denunciar estos casos (enviando un watsap al 72049538) y tener así un registro de ellos para buscar justicia. También por sus redes sociales poco a poco se van conociendo casos de violaciones, feminicidios e infanticidios en que los culpables, sentenciados, están en libertad. Esta acción de búsqueda y registro debería hacerla el Estado que ha puesto una dirección a donde denunciar a jueces corruptos: https://denuncias.justicia.gob.bo/.

Este lunes se han realizado marchas de protesta en diferentes ciudades del país. Marchas sentidas demandando justicia.

A Choque le han llamado violador asesino en serie y psicópata, dicen que se hizo una evaluación psicológica para ello. ¿Qué categoría se le pondría a un sistema que permite, sin inmutarse, que haya al menos un feminicidio cada tres días; que haya cientos de violaciones de mujeres, niñas y niños cada año; miles de casos de violencia machista? ¿Qué psicopatía tendrá este sistema y sus representantes insensibles?

El rostro de Richard Choque es el de todo el sistema de justicia boliviano que hay que barrer y tirar a la basura: además de ineficiente y corrupto, marcadamente misógino.