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El nihilismo en la poesía de Sergio Gareca

Márcia Batista Ramos

Sergio Ramiro Gareca Rodríguez nació en el Carnaval de 1983, en la tierra del Pagador, Oruro. Es un joven poeta que camina con pasos firmes y, «humildad con respecto al oficio» -como manifiesta- por los senderos tortuosos del arte de escribir.

Persona sensible, herida por una sociedad en decadencia que heredó por el simple hecho de nacer. El autor manifiesta la bronca a través de sus versos; a través de un nihilismo que se manifiesta como crítica social, política y cultural, a los valores, costumbres y creencias de nuestra sociedad, ya que niega lo que pretende un sentido superior o determinista de la existencia. Y eso comprobamos en su poesía:

«Si me ves llorar

mis lágrimas no son de cocodrilo

Son de alcohol caimán

Tu boca tiene el fuego

con el que incendiaré mis ojos».

Sergio Gareca es poeta y cuentista, miembro del Colectivo Cultural «Perro Petardos» de Oruro, ha participado en varios festivales y en varias agrupaciones musicales. Es parte de la Asociación de Escritores Orureños.

En su escritura presenta un lenguaje bastante peculiar, cercano, cotidiano, sugerente y con un toque de impudencia, sin alejarse nunca de lo estético.

Su escritura es profunda, aunque nunca es apasionada y siempre es desnuda, sin compasión alguna. Las burlas sobre su desdicha y la jovialidad entran en el estremecimiento de lo bello. Con todo, puede en ellas transparentarse bastante talento, y en este sentido resultan más o menos afines con lo sublime.

Ha publicado: «Historias a la Luna», (2004); «Bostezo de Serpiente Infinita», poesía visual, (2009); y la obra ganadora del Premio Nacional de Poesía «Poetas Jóvenes de Bolivia», otorgado por la Fundación «Pablo Neruda» de Chile y la Cámara Boliviana del Libro, el poemario: «Transparencia de la Sangre», (2010); y «Área VIP», (2016).

Publicó en la antología «Cambio climático». También publicó sus textos en páginas web y revistas del exterior. Además, publicó en los anuarios de la UNPE-Oruro, (2006), (2007). Fue finalista en el Concurso Nacional «Franz Tamayo» 2013.

El poeta orureño, expresa en su arte un nihilismo profundo, al negar lo que pretende un sentido elevado, ecuánime o determinista de la existencia, puesto que dichos elementos no tienen una explicación verificable. Entonces se sumerge en las profundas aguas de su propia imaginación, sin perder su esencia. Logrando recrear, minuciosamente, un mundo, con la fuerza de un estilo único, con personajes y retratos, que denotan la intensidad psicológica:

«Los duendes del minibús son enanos imaginarios que viven bajo los asientos y subsisten devorando pepas de mandarina A veces, cuando el mini da a luz, caen por el asfalto y se dedican a fabricar banderitas de papel crepé Huelen a goma de mascar y se divierten oyendo música chicha todo el día Si se aburren gritan – ¡Esquina maestro!-Cuando nadie baja Les gusta que los pasajeros se aprieten y ponen piedritas en sus zapatos Cuando llegan a las paradas ya no existen Así es su vida, corta Ideal para un viaje de retornos que no acaba jamás».

Estudió Derecho en la Universidad Técnica de Oruro, después, hizo un diplomado en Enseñanza de Lenguas y Literaturas Andinas en la Universidad Mayor de San Andrés. En 2004, ganó el Festival de la Canción Social organizado por la Federación Universitaria, de la UTO, junto al grupo Allinkay con la canción de su autoría: «Aún tenemos el sol».

En su obra el nihilismo no significa creer «en nada» o permitir que la «nada» pase a ocupar el centro de toda existencia; por el contrario, es una condición de posibilidad para delimitar el punto de partida de su poesía. Se manifiesta, muchas veces, como un pesimismo profundo; en otras, como negación de todo dogma para dar apertura a opciones infinitas no determinadas; como la negación de todo principio ético que conlleve la negligencia o la autodestrucción. Aun así, el autor no se considera nihilista, y expresa:

-«No creo que sea nihilista. Hay mucho de desencanto sí, pero es la lenta venganza contra el mudo».

A veces, en su poesía, queda una mera crítica destructiva del yo individual, ya que Sergio Gareca, también es cruel en el tratamiento de sí mismo; y se auto describe lejos del espíritu más comprensivo o benevolente, que otros autores profesan; sin piedad de sí mismo, el poeta deja antever su recurrente pesimismo:

«SERGIO GARECA: Es la historia del autodesprecio. Procaz, suspicaz y pusilánime. Su única medida es el exceso. Tiene una saludable doble personalidad, en desmedro de la otra. Escribe, porque ya se ha asumido como un músico fracasado. Sin duda, ya pertenece a la fauna del infierno. Por eso la única mujer que lo ha amado también ha optado por abominarlo. Su alma está tan agujereada que hay que comprar api para tragarse ese buñuelo. Ha hablado tanto y tan mal de todos los gobiernos que ni él mismo puede gobernarse. Practica el vampirismo literario, succionando la sabiduría de los más viejos y el ímpetu de los más jóvenes. Posee un corazón oceánico pero vacío. O sea, ama como un planeta abandonado, sin atmósfera, con absoluta soledad, cuyo único atractivo es la distancia y la falta de civilización. Si no contesta el celular es que odia a la humanidad entera y a veces no hay caso de hacer excepciones. En él habita la eterna lucha del bien contra el mal, una diablada interior, en la cual, es vergonzoso decir, al ángel le sacan la m�? a cada instante. Goza del mal cuidado de sus benevolentes amigos. Su alma también es un bello jardín de mala yerba y andréshuayllas, de lagartos, arenas y paja brava. Aún es un perro-cometa, pero en cenizas. De su hija ha heredado el nombre de su destino».

Sobre la relación entre oralidad y escritura en la poesía, Sergio Gareca cree que hay poemas que son bien solitarios y otros que deben estar en el tumulto. Su silencio, su ruido o su vibración están en sintonía con su ambiente. Además, cree que la oralidad, es factor que la escritura ha dejado de lado, aunque no del todo, pues, cree en las coincidencias sonoras. Así como en la necesidad del silencio.

El permisible exceso de capacidad crítica, de inteligencia despiadada, conduce a grandes artistas a un escepticismo arrasador, como en el caso del poeta orureño, que se expresa contrariado, crítico con todo lo que le rodea.

Atraído por el dilema existencial-cultural y aprovechando la realidad que es tan polimorfa, el poeta experimenta con lenguajes y con imágenes que otros autores no trataron, haciendo así su poesía única. Su sintaxis tiene brillantez y originalidad; así como, sus metáforas y comparaciones; asociadas a su profundidad analítica con aleteadas de displicencia; es así, lleno de contrastes que se funden en el gran cuadro de su naturaleza humana, como en un conjunto impresionante, como Sergio Gareca abre caminos, con pasos firmes, a la poesía del siglo XXI y contra el mundo entero.

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