El género y la interacción tecnológica

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El género, una temática que reviste desigualdades e inequidades de responsabilidad, oportunidad y distribución de funciones que deben desempeñar tanto varones como mujeres desde su nacimiento hasta su madurez, a partir de las interacciones sociales, experiencias y creencias. Por otro lado, con el avance continuo de la tecnología (la educación virtual y el teletrabajo) se hace imprescindible la interacción (incluso la formación) en todos los sectores profesionales (hombres y mujeres) con artefactos tecnológicos.

Ciertamente, las mujeres representan más de la mitad de la población mundial y, en las instituciones de educación superior son la mayoría. No obstante, el género femenino se encuentra relegada en la interacción con la tecnología, ya sea desde el entretenimiento, en el que los niños se incorporan a edades muy tempranas a los video juegos o, la elección de una profesión en la adolescencia, en la que las mujeres tienen menor preferencia por carreras como tecnología, ingeniería y matemáticas (Van Dijk). Se tiene conocimiento que solo el 3% de las mujeres elige una carrera en tecnología como primera opción (PWC), privilegiando la presencia masculina en estas áreas.

En el campo laboral, a manera de ejemplo, en España el 26,4% de los científicos e ingenieros en las empresas de alta tecnología son mujeres (ElMundo), la proporción de mujeres que trabajan en el sector digital en Francia es del 15% (DGCS) y, solo el 5% de los puestos de liderazgo en la industria tecnológica son ocupados por mujeres (Universia). Por consiguiente, el género femenino no tiene una representación significativa en la ciencia y la tecnología y, eso aleja a la innovación de algunas de las cualidades asociadas a este género.

A estos datos se suman las visiones estigmatizadas en nuestra cultura sobre las mujeres en relación a las tecnologías: las mujeres tienen poca relación con la tecnología, ya que ésta se entiende como conjunto de máquinas que requieren de habilidades no desarrolladas por las mujeres; o las mujeres tienen miedo a la tecnología.

En la realidad, este desequilibrio de género en la tecnología no solo representa una oportunidad perdida para las mujeres y la sociedad, sino también para las organizaciones, instituciones o empresas. Está demostrado que tener una fuerza laboral más diversa, incluido un equilibrio de género equitativo, contribuye a mejores resultados corporativos.

Un estudio de 2010, publicado en la revista Science, hizo descubrimientos sobre la inteligencia colectiva del grupo. Entre ellas, “cuantas más mujeres hay en el grupo, mayor es el coeficiente intelectual del grupo” (Universia). Esta es una razón esencial para fomentar y potenciar la interacción entre tecnología y mujeres. En pocas palabras, la diversidad es una ventaja competitiva y un motivo para hacer «posible que mujeres y tecnología vayan de la mano” (Martin Rees).