El fuego del fin del mundo

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Bolsonaro allá, Evo Morales aquí, misma escoria del mismo muladar. “Estamos preparados”, dice. Lo único preparado con esta gente es el bolsillo. Ese reclama la destrucción del medioambiente, regalar tierras a los depredadores, a los incendiarios, a los “hermanos” enemigos de la tierra, del árbol. Hermanos míos no son…

Preparados… seguro, mientras tanto el fuego devora un millón de hectáreas con insalvable futuro hecho humo. Quizá hasta adrede, para mandar a las huestes cocaleras a cultivar la hoja maldita en el país de Coquivia sobre las ruinas de la destrucción, para satisfacer a las mafias internacionales para quienes el falso indígena significa Jauja.

Este señor, que de señor poco tiene, ha hecho todo para acabar con todo y todos. Su ambición y vanidad son tales que el rey Midas queda manco y cojo ante su soberbia. Tal vez como Tomiris, reina de los masagetas, hizo al persa Ciro el Grande, habrá que hacerle tragar oro derretido tanto que lo quiere. Así lo hicieron indígenas americanos al conquistador. ¿Tanto lo deseas? Cómelo. Morales es conquistador, no indígena, él es el poderoso brazo del patrón y patrón a su vez. Es el enemigo del monte y del indio. Cambió la cultura ancestral, si quedaba alguna, por el desastre del capitalismo furioso, por la malicia del comunismo recalcitrante. Lo dicho, escoria de un mismo muladar. Mentiras desde cualquier vértice que se mire.

Bastaría esta tragedia ecológica para descalificar a cualquier presidente, pero es Bolivia y el curaca se protege por un rodillo de “deregentes” escalonados, a quienes permite y dosifica con plata, quienes se adueñaron de instituciones, provincias, territorios. Casta de malandrines aferrados a la estulticia, el poder y el robo con garras y rabos de su animal conformación. “Deregentes” de toda clase e índole, desde el barbilampiño indio hasta el blanquito, cortados por la misma tijera y pagados. Putas del mejor postor, así sean machos, varones, lo que se quiera llamar a los indignos humanoides que nos gobiernan. No es que sean inexpugnables pero el país cuenta con una recua en apariencia indomable que con migajas que reciba, idolatra. A veces no es ni siquiera dinero contante en cuanto a la masa, sino un hábil proceder que les hizo creer que la tortilla se había volcado y era el turno suyo, el de ellos, los humillados de siempre, con quienes Evo Morales no tiene nada que ver, que la piel no es garantía ni fraterna ni amigable.
El fuego de Roboré no bastará para destronar al mandarín. Se diría que Evo Amin Ayma tiene para rato pero la historia goza con tiempos impredecibles. Casi, casi como que estamos en manos del destino incierto. El verraco barbón de Cuba duró lo que quiso y se enriqueció hasta por las orejas. Los Chávez, descendientes de la momia comandante, también. Recursos que jamás volverán al pueblo, que trabajó para recolectarlos. A no ser que haya expropiación y fusilamientos masivos, momentos en que la sangre endereza algo, no soluciona.

Este pequeño tirano de miras estrechas, como diría Churchill del Generalísimo Franco, menea sus rubicundas nalgas a más no poder, para deleite de su segundo y el propio, para jugar el juego trujilliano de ser el macho cabrío, el chingón, el culeador. El fascismo indigenoide y fálico. El imperio del estupro. Por ahora inmune hasta al fuego. El falo y la mala poesía, la eternización de la idiotez. Pero algo cambió desde aquel silencio absoluto de los primeros años. Hoy hablan, protestan, amenazan, insultan. Los siervos de la gleba afilan hoces y martillos. El Juicio Final, Apocalipsis. Nadie se libra de él. ¿O sí? Algunos. Que no sea este; dudo que lo sea. El tiempo del ekeko es breve en un país que no existe. Neverland…