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El final del túnel

Cuántas veces hemos acudido a la metáfora de la luz y el túnel. Cuando era estudiante, la variación era el “callejón oscuro”. Propio de un colegio de varones urgidos por demostrar la masculinidad, se formaba un corredor de personas que se enfilaban antes de la puerta; llegar y eventualmente atravesarla, implicaba recibir golpes de mayor o menor intensidad. A pesar de la brutalidad de la práctica adolescente que se presentaba como un juego, las reglas estaban claras. Había un horizonte y una factura qué pagar; incluso una estrategia: cuanto más rápido se pasara por ahí, menos serían los moretones.

Traigo ese recuerdo porque me da la impresión que en Bolivia estamos en un callejón oscuro permanente, pero sin normas y sin una puerta que nos garantice un final. Recibimos madrazos de distintos orígenes: del gobierno, del MAS, del Covid, de vendedores de soluciones milagrosas, y de otras tantas fuentes que no sabemos identificar. Todo está borroso, y lo peor es que no aparece ni una tímida vela que destaque al fondo.

Es el tiempo de la incertidumbre, de las preguntas. ¿Cuánto va a durar la pandemia? ¿cuánto va a resistir el aparato de salud pública ya saturado? ¿cuánta tierra pueden tirarse los políticos entre ellos y a qué costo, antes de ponerse mínimamente de acuerdo? Nadie sabe. Frente a la durísima situación sanitaria mundial, nuestro país parece avanzar sin nadie que agarre el timón, sin un mínimo plan, sin una agenda básica que dé un poco de sosiego.

En el camino, todos se aplazaron. La presidenta Añez ha demostrado incapacidad de gobernar, de formar un equipo estable, honesto y creativo, y ha dejado claro que sólo le interesa quedarse en el poder. Si no entendí la torpeza de postularse como candidata hace unos meses, menos comprendo cómo hoy no es capaz de bajarse de la campaña y finalmente pensar que éste es un tiempo para atender únicamente la salud de los bolivianos. ¿Le cuesta tanto darse cuenta de que ahora no hay nada que sea más importante?

Por su parte, Evo y sus muchachos hacen honor a su trayectoria, como era de esperar. Ya sabíamos que eran capaces de todo con tal de ganar terreno y no soltar el poder, no es nuevo. Ahora la salud de la gente es un detalle, una raya al tigre, un daño colateral. El MAS ha demostrado en varias ocasiones que no le importa sacrificar ciudadanos -incluso sus propios militantes- si de ello va a sacar algún rédito político. Por eso ataca, impulsa rumores, crea intrigas, pone zancadillas. La variante es que ahora las cifras son cuantitativamente distintas.

En fin, son tiempos difíciles. Parece que ahora lo único que queda es cultivar la paciencia.

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