La palabra ‘pero’ es una palabra increíble cuando la primera parte del enunciado es negativa, sin embargo, cuando la primera parte de la oración es positiva, este ‘pero’ se transforma en lo más desagradable de la vida. A raíz de este dilema me surgen varias dudas sobre la utilización de esta palabra dentro de la sociedad.
Según la Real Academia de la Lengua Española (RAE), la palabra ‘pero’ es una conjunción adversativa y se utiliza para contraponer un concepto anterior. Entonces, la aclaración es simple, el poder de esta palabra es capaz de echar abajo una oración completa, y no solo eso, sino a personas, en diferentes circunstancias. Esta palabra no tiene ningún tipo de modificación léxica, es invariable en su sentido morfológico y contundente a la hora de utilizarlo; tan solo posee cuatro fonemas, los cuales son capaces de destruir trabajos, amores, familias y demás.
Los ejemplos son variados: “eres lindo, pero no me dejan salir”, “gracias, pero me debo ir”, “eres un gran tipo, pero no podemos contratarte en estos momentos”. De qué sirve aquella aclaratoria al comienzo de la oración, si se destruye toda la ilusión que se comienza a crear luego de la utilización de una palabra. El dilema del ‘pero’ es variado, puede radicar en que no podemos ser directos con las personas o en la necesidad de resaltar una cualidad para que lo siguiente no se tome a mal lo que se dice después. No tengo una respuesta concreta para esto ni mucho menos, ya que puede ser una causa multifactorial, por ejemplo, si nos referimos a los contextos socioculturales de cada región. Lo que sí puedo defender es que este término es parte del lenguaje, parte de nuestra literatura y de nuestras costumbres.
Detrás de todos los ejemplos que he dado puedo revisar mi historial memorístico y trasladarme hacia el pasado, puedo sentir el ‘pero’ calándome los huesos como el frío en el invierno cruceño, con aquellos vientos sureños que me dejan inmóvil. Es así esta conjunción, es traicionera desde la sepa. No se puede confiar en un discurso tan bello cuando se utiliza palabras como esas.
El fin, la vida es así, funciona con oposiciones, vida y muerte, luz y lado oscuro. El hombre corre tras la perfección, sin embargo, es una ilusión, no existe, es un espejismo en todos los sentidos. Corremos tras aquella perfección porque nos mantiene en constante aprendizaje y, a mi parecer, el utilizar de forma positiva aquella palabra es aprender a recitar poesía: “no puedo hoy, pero de alguna forma de ayudaré”, “no te puedo recibir en mi casa, pero vamos a tomar un café”. Es utilizar lo contrario para dar una sorpresa. El ‘pero’ da tantas alegrías cuando este se utiliza en el momento oportuno.
Es por esto, y aquello, que el dilema del ‘pero’ es tan grave, porque, más que para alegrías, en nuestra sociedad la utilizamos para evadir responsabilidades, para no ser directos. Incluso esta conjunción la utilicé por mucho tiempo en mis primeros cuentos. La ponía en práctica por el mismo miedo a no ser directo, al qué van a pensar, acostumbrado a suavizar toda responsabilidad descrita en papel. A la vez, a decir verdad, cuando se utiliza para momentos agradables, esta dicotomía comienza a gustarnos, a hacernos sentir cómodos en cualquier lugar y circunstancia. El lenguaje no discrimina, por lo que este problema no es de carácter léxico, sino cultural, relacionado con la costumbre.
Concluyo este artículo con una reflexión: El dilema del ‘pero’ es solo una dicotomía entre lo que es bueno y malo, está en el poder de cada uno el cómo lo utilizará y dónde; dependiendo cuáles sean los motivos, ya sea para frenar una oración bella, para dar una sorpresa o, incluso, una mano a quien lo necesite.
Humberto Pinto / Escritor y editor literario