El chorpatélico post y sus trasnochados postear, posteó y postearé

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Ahora, mientras elaboro un manual de estilo para el periódico en el que trabajo, me he detenido en una palabra tan interesante como sorprendente: post.

Interesante, no porque los hablantes hispanoamericanos tengamos la habilidad de importar cuanto término llamativo nos parezca, sino porque vivimos la época del avasallamiento de los idiomas. Uno en especial, el inglés; su eficaz herramienta, la tecnología, por cuyas vías viajan, con la velocidad de la luz, muchos anglicismos.

Y lo que resulta más triste es que las autoridades en normar el idioma, abren las puertas del español a varios anglicismos sin ningún reparo. El daño viene después.

Que la lengua es un ser vivo y está en constante movimiento y cambio es un hecho innegable. Pero de ahí a dar por válidos ciertos términos (más por el uso que por la norma) parece ser un asunto descabellado. Está claro que no lo es para la Real Academia Española.

El uso, por lo general, no reflexiona. La norma –en cambio– necesita argumentos.

A la fecha, el término post no ha sido admitido en la lengua castellana como un nuevo anglicismo. No dudo en que se convierta en otra alternativa frente al verbo publicar, que es el correcto, cuando de internet y redes sociales hablamos.

Y es sorprendente que post, y sus trasnochados postearposteopostearé, sean invocados con tanto esmero por personas con cierto nivel de inteligencia más alto que del común de los mortales. No, no es burla; es sorpresa.

Y esta crece más, cuando son los propios medios de difusión los que se cuelan de esta «moda» y la convierten en una tendencia peligrosa que nada tiene que ver con las raíces del idioma español.

Eso es algo que los medios y los periodistas, por lo general, no quieren comprender ni tampoco aceptar. Creen que las palabras deben nombrar los hechos con la rapidez que demanda su oficio. Post tiene cuatro palabras; publicar, ocho.

A muchos de ellos les incomoda reflexionar (por flojera) el verdadero origen de las palabras. Y creen que la gente entenderá lo que escriben o lo que dicen. ¡Qué equivocados están! Cuando se es periodista hay que escribir para los lectores no para las fuentes de información.

El verbo inglés post (del francés poste) se remonta a comienzos de 1500, cuando jinetes y caballos aceleraban la carrera de relevos, cada vez que se topaban con los postes, muy parecido al sistema para transportar el correo.

Los llamados postes eran los «lugares de servicio, donde se estaba estacionado». Así se llamaba a la «estación para los caballos de correos». Hoy se dice oficina postal.

Post significa, pues, dejar algo en cierto sitio con la intención de que el resto lo vea. Eso ocurre también en las redes sociales y en internet.

Y esa es la única relación semántica con el verbo español publicar. Pero no por ello hemos de matar a esta palabra en favor del anglicismo. Hacer eso es irreflexión, retroceso. No es nada revolucionario ni creativo.

Publicar, del latín publicare, significaba en un comienzo «confiscar un bien para hacerlo de propiedad estatal y público». Ahora se trata de «poner algo al servicio del público», «mostrar o manifestar algo al pueblo» y «editar un libro», entre otros significados.

La palabra pueblo dio a luz a la voz publicar. Todo lo publicado le pertenece a la gente. Pero en este país, esa consigna no se cumple porque, en su mayoría, las personas desconocen el término postear o post.

No logramos entender del todo cuando leemos cosas así: he posteado una foto con mi artista favorito voy a postear un artículo / para mayor referencia, lean mi post.

Ese complejo de inferioridad genuflexa ante el idioma inglés poco dice de nuestra inteligencia a la hora de expresarnos en verdadero español.

Por eso es que en el manual de estilo que redacto, rechazo el uso de la palabra post porque no llena un vacío de expresión. No es como fútbol o líder.

Tengamos en cuenta que la sabiduría en labios del pueblo, vestida siempre de copla, ya vive en el refranero. Pero es muy distinto cuando la inteligencia pretende ser sabia. Antes, ella debe observar y comprender su entorno con mucho cuidado y tiempo; lo mismo que hace el genio del idioma cuando crea palabras.


* Poeta, escritor, periodista y editor de textos.