El año de los brujos

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2019 será recordado en los libros de historia de Bolivia como el año que cambiamos el “proceso de cambio”, el año que una revolución pacífica marcada por protestas artísticas y creativas derivaron en la renuncia de Evo Morales, el año en el que el canto de una niña se convirtió en la arenga cotidiana, paradójicamente también será el año que estuvimos al borde de una violencia que parecía inevitable y que sin embargo, pese a la decena de muertos, nos libramos de una guerra civil que pudo ensangrentar masivamente a nuestra sociedad, un año para los brujos porque solamente un clarividente pudo ver lo que nos deparaba el 2019, aunque el fraude en las elecciones del 20 de octubre ya era un secreto a voces.

Los grandes protagonistas de este tiempo heroico e histórico fueron los jóvenes, mujeres y hombres millennials y centennials; si en la década de los ochenta nuestra generación contribuyó a la recuperación de la democracia enfrentando a las dictaduras militares, ahora lo hicieron valientemente estas generaciones y por tanto los políticos tienen un compromiso con ellos y con el país. Así como un compromiso con la reconciliación nacional.

Para mi familia también fue un año especial: Brisa Estefanía consolidó su residencia legal en México, Luis Antonio encontró en la política la pasión que lleva en los genes, Carmen Lucía ganó el Premio de poesía Pablo Neruda e inició su maestría en escritura creativa, Carmen Sandoval, la Amada, está concluyendo su doctorado en Derecho constitucional y yo fui invitado a la Feria internacional del libro de Buenos Aires y al Festival internacional de Poesía de Santiago de Chile; la prestigiosa editorial New York Poetry, de Estados Unidos, publicó mi antología personal de poesía y la Editorial Micrópolis del Perú mi antología personal de microficción. El filósofo y poeta Iván Jesús Castro Aruzamen publicó con Editorial Kipus un libro sobre mi obra literaria, un extenso ensayo académico que incluye textos de más de 70 poetas, escritores, periodistas y críticos hablando de mi escritura. Iván representa el lector ideal que todo escritor quisiera tener. Este año me salvé de tomar el último vuelo, aunque ya sé que estoy en la sala de preembarque y tengo que cuidar mi salud tanto física como espiritual.

En diciembre falleció la madre de Carmen y eso nos hizo replantearnos muchas cosas como familia; la vida le dio la oportunidad a Carmen de reiniciar un nuevo ciclo laboral que le permitirá ejercer su primera carrera profesional. ¡Bienvenido 2020! Esperamos muchos desafíos.